Más allá de la poesía: la amistad como acto creativo entre Garcilaso y Boscán
Beyond poetry: friendship as a creative act between Garcilaso and Boscán
Más allá de la poesía: la amistad como acto creativo entre Garcilaso y Boscán
Amoxtli, núm. 15, ., 2025
Universidad Finis Terrae

Recepción: 11 Octubre 2025
Aprobación: 12 Diciembre 2025
Resumen: Observamos la amistad entre los poetas Garcilaso de la Vega y Juan Boscán desde el concepto aristotélico de philía virtuosa, término propuesto en la Ética Nicomáquea, con el fin de dar cuenta cómo su relación trasciende lo biográfico y configura un paradigma ético-estético en el Renacimiento hispánico. Siguiendo la clasificación tripartita de Aristóteles —utilidad, placer y virtud (322)—, se argumenta que su vínculo corresponde al tercer tipo por su carácter recíproco, estable y fundado en la areté/virtud (excelencia moral), evidenciado en tres dimensiones: 1) la colaboración literaria, en el que la introducción conjunta de formas italianas (soneto, canción petrarquista) refleja una sinergia basada en la confianza mutua; 2) la epistolografía, particularmente la “Epístola a Boscán” de Garcilaso, en la que la amistad perfecta se asocia a la libertad creativa; y 3) la memoria póstuma, en que se analiza el soneto elegíaco de Boscán y su edición de las Obras de Garcilaso (1543) como actos de pietas (devoción-respeto). La investigación combina metodologías filológicas (análisis textual de fuentes primarias) y filosóficas (hermenéutica de conceptos éticos), apoyándose en críticos como Claudio Guillén, Charles B. Moore y Pedro Ruiz Pérez.
Palabras clave: Renacimiento, Juan Boscán, Garcilaso de la Vega, amistad virtuosa.
Abstract: The friendship between the poets Garcilaso de la Vega and Juan Boscán is examined from the Aristotelian concept of virtuous philía, a term proposed in Nicomachean Ethics, to observe how their relationship transcends the biographical and shapes an ethical-aesthetic paradigm in the Hispanic Renaissance. Following Aristotle’s tripartite classification—utility, pleasure, and virtue (322)—it is argued that their bond corresponds to the third type due to its reciprocal, stable nature, founded on arete/virtue (moral excellence), evidenced in three dimensions: 1) literary collaboration, in which the joint introduction of Italian forms (sonnet, Petrarchan song) reflects a sinergia based on mutual trust; 2) epistolary writing, particularly Garcilaso’s Epistle to Boscán, in which perfect friendship is associated with creative freedom; and 3) posthumous memory, in which Boscán’s elegiac sonnet and his edition of Garcilaso’s Works (1543) are analyzed as acts of pietas (devotion-respect). This article combines philological methodologies (textual analysis of primary sources) and philosophical methodologies (hermeneutics of ethical concepts), drawing on critics such as Claudio Guillén, Charles B. Moore, and Pedro Ruiz Pérez.
Keywords: Renaissance, Juan Boscán, Garcilaso de la Vega, virtuous friendship.
1. Introducción. Amistad cortesana y philía virtuosa
El artículo examina la amistad entre Juan Boscán y Garcilaso de la Vega sostenida desde la philía virtuosa definida por Aristóteles en su Ética Nicomáquea, la que se utiliza con el fin de analizar la articulación entre vínculo personal, práctica escritural y transformación estética en el Renacimiento hispánico. Asimismo, la categoría aristotélica utilizada se define como la forma más elevada de la amistad, fundada en la excelencia moral compartida, la reciprocidad y el deseo del bien del amigo “por sí mismo”1. Sostenemos que el vínculo Boscán-Garcilaso no se apaga en la biografía ni en la simple cooperación literaria, sino que logra configurar un modelo ético-estético que explica la renovación petrarquista de la lírica castellana2.
El artículo delimita su alcance en tres ejes de análisis. El primero describe la sinergia poética en la introducción conjunta de las formas y métricas italianas. El segundo se centrará en los estudios de la amistad, la cual ocupa un lugar central en la “Epístola a Boscán”, al configurar al amigo como “otro yo”, a la luz del filósofo estagirita3. El tercer eje examina la memoria y el trabajo póstumos en el soneto elegíaco de Boscán a la muerte de Garcilaso y en la edición Las obras de Boscán y algunas de Garcilaso de la Vega (1543), gestionada por la viuda de Boscán, Ana Girón de Rebolledo; interpretamos estos gestos como actos de pietas y de custodia del legado.4
La metodología del artículo se centra en un análisis close reading de fuentes primarias —textos poéticos y paratextos editoriales— con una hermenéutica de conceptos éticos y combinación de herramientas de la crítica literaria y de la filosofía práctica. De esta manera, se intentará aportar una perspectiva sobre la relación de una amistad intelectual, desprovista de rivalidad y marcada por la corrección mutua, que puede funcionar como motor de transformación cultural.
La relación intelectual y personal entre Juan Boscán y Garcilaso de la Vega, dos figuras cimeras del Renacimiento español, se gestó en el seno de los círculos de la nobleza española del siglo XVI. Boscán, noble, militar y humanista de amplia trayectoria, ejerció como ayo del duque de Alba y participó en campañas como el asedio de Rodas (1522), episodio histórico donde forjó su entrañable amistad con Garcilaso. Este último, reconocido tanto por su destreza lírica como por su carrera castrense, consolidó su posición en la corte de Carlos V, contexto que favoreció el intercambio intelectual entre ambos. Su lazo de amistad se afianzó en 1526, durante los festejos nupciales del rey con Isabel de Portugal, evento que los condujo a Granada como integrantes del séquito real. En este espacio, alternaron misiones diplomáticas y labores militares, tejiendo una camaradería que trascendió el ámbito bélico. Su diálogo epistolar y literario, concretamente en sonetos, cartas y dedicatorias recíprocas, no solo reflejan una profunda admiración mutua, sino también una colaboración artística que revolucionó la lírica hispánica al incorporar métricas y temas “italianizantes”.
La amistad de ambos puede observarse desde la concepción aristotélica de la amistad fundada en la virtud: philía virtuosa, desarrollada por Aristóteles en la Ética Nicomáquea. Esta amistad surge entre individuos que comparten una “excelencia moral”5. Según el estagirita, la amistad perfecta es exclusiva de quienes son buenos e iguales en virtud, puesto que quieren el bien el uno del otro en la medida en que son buenos6. Esta relación, basada en la reciprocidad de valores éticos y acciones nobles, trasciende lo utilitario o placentero, ya que “la virtud es algo estable”7. Otra característica importante para alcanzar esta philía virtuosa es la semejanza en la virtud en la que ambos amigos se corrigen mutuamente para evitar el error y fomentar acciones dignas: “Los buenos (…) ni piden cosas malas ni las hacen a los otros”8. En este marco, la relación de Boscán y Garcilaso podría interpretarse como una simbiosis moral y creativa en la que la admiración mutua por la excelencia literaria y ética —“el amigo, que es otro yo”9— se convierte en un catalizador para su producción poética.
Tanto en la Ética Nicomáquea como en la Ética Eudemia, Aristóteles distingue tres modalidades básicas de vínculo amistoso, según los objetos amables: lo útil, lo agradable y lo bueno en sí10. En el primero, los sujetos se inclinan uno hacia otro en tanto tercian ventajas concretas. En el segundo, la relación se sostiene en el disfrute común de ambas partes. Por último, en el tercero, el afecto se dirige al carácter del otro, considerado digno por su modo de ser11. En resumen, las tres formas de amistad requieren reciprocidad y conciencia del vínculo, pero solo la más elevada se apoya en un modo de ser estable, asociado a la virtud, y por ello se mantiene con mayor solidez a lo largo del tiempo12.
De este marco, se describe en primer término la relación orientada al provecho, en la que la otra persona se considera colaborador eficaz, aliado político o mediador para la obtención de bienes materiales y simbólicos13. Este tipo de vínculo se mantiene mientras existan las condiciones que lo vuelven provechoso. Es más, su ruptura, si es que se produce, suele coincidir con el fin de la utilidad que los sostiene14.
Aristóteles, entonces, subraya el carácter accidental y la fragilidad de los lazos creados, ya que en cuanto cesa la convivencia —casi siempre— se disuelven15. En el contexto cortesano del siglo XVI muchas relaciones entre nobles y hombres de letras adoptan este “estilo”, ligado al patronazgo y al intercambio de servicios. Por ejemplo, en el caso de Boscán y Garcilaso, la cooperación en campañas militares y encargos diplomáticos nos permite un primer acercamiento a una lectura parcial en este registro propuesto por el filósofo, pero no alcanza a explicar toda la dimensión ética y estética de su relación.
El siguiente eslabón se configura en torno al goce compartido en el que la atracción se funda en experiencias intensas y cambiantes, que son características particulares de la juventud16. Aristóteles vincula esta modalidad con la búsqueda de lo agradable y lo presente, de manera que los sujetos se mantengan unidos mientras coinciden en gustos, diversiones o afectos17. Menéndez Pelayo en su Antología de poetas líricos castellanos. Boscán (1944) reflexiona que la convivencia de dos poetas que comparten lecturas italianas, tertulias humanistas y recreos musicales se inscribe en el horizonte del disfrute18. Sin embargo, como se podrá observar más adelante en el estudio, existe un tono meditativo en la “Epístola a Boscán”, y la continuidad del quehacer poético en conjunto permite observar que el vínculo entre ambos supera la mera coincidencia circunstancial, anecdótica y regocijante, y la orienta hacia el disfrute de un perfeccionamiento literario.
El tercer tipo que Aristóteles sitúa como forma más elevada de amistad se funda en la estima recíproca por el carácter del otro y en el deseo efectivo de su bien “por sí mismo”19. Este modelo exige que ambas partes se encuentren en igualdad de condiciones, además de conllevar un largo tiempo de prueba y una confianza que excluya el agravio deliberado. El filósofo le atribuye estabilidad, unanimidad de juicio y tendencia a impedir fraternalmente el error20. La relación entre Boscán y Garcilaso se deja leer a la luz de esta configuración cuando se observa la cooperación sostenida en la introducción del soneto endecasilábico y de la lira. La innovación métrica y la exploración de una nueva sensibilidad amorosa surgen como resultado de una convergencia de caracteres que se reconocen mutuamente en su aspiración a una poesía más alta.
Entonces, desde esta perspectiva tripartita, la relación Boscán-Garcilaso ilustra un vínculo que integra elementos de provecho y de goce, pero que encuentra su centro en la forma perfecta descrita por Aristóteles21. Por ejemplo, en el cuidado de los manuscritos, en la edición póstuma de Las obras de Boscán y algunas de Garcilaso de la Vega, en el soneto elegíaco que convierte el duelo en reconocimiento y en el gesto mediador de Ana Girón que configura una fidelidad que va más allá de la muerte.
Otro rasgo de esta amistad también se nutre de la necesidad aristotélica de compartir tanto la prosperidad como la adversidad. El filósofo sostiene en su Ética que en “ambas situaciones [los amigos] son buscados”22, puesto que una amistad virtuosa se nutre, por un lado, de que ambos se apoyen en los momentos de desgracia, y, por otro, que puedan compartir los momentos favorecedores23. La presencia del amigo actúa como “una especie de remedio contra el dolor”24, especialmente en momentos difíciles25, mientras que, en la dicha, su compañía “hace nuestro pasatiempo agradable”26. Por ejemplo, nuestros poetas, al colaborar en la renovación lírica del Renacimiento español, no solo se apoyaron en desafíos creativos —lo equivalente a “asistencia intelectual”— sino que también desarrollaron/hallaron en su camaradería un espacio para la “convivencia” y el impulso recíproco hacia acciones nobles. De esta manera, la amistad de estos grandes poetas españoles encarnaría el equilibrio entre la virtud como fin y la práctica concreta de reciprocidad en el que “el ideal de la amistad es devolver igual cantidad de afecto y de servicio”27.
2. Sinergia poética y renovación petrarquista de la lírica castellana
Sobre este trasfondo de philía virtuosa, en la época del Renacimiento se manifiesta un nuevo canon poético surgido de la fusión de las innovaciones petrarquistas y de las contribuciones clásicas que promueven no solo la renovación de los temas sino también la forma de expresión. Las letras poéticas medievales se encuentran en medidas de octosílabo y dodecasílabo, característicos de los cancioneros28. El Renacimiento generalizó el endecasílabo que se vuelve el metro representativo de la poesía culta29. Autores como Garcilaso de la Vega, fray Luis de León y san Juan de la Cruz son reconocidos exponentes de esta forma métrica. Cabe destacar que Garcilaso de la Vega, influido por Juan Boscán, introduce la estrofa conocida como lira —con esquema 7A, 11B, 7A, 7B, 11B— en la lírica castellana a través de su “Canción V”, también conocida como “Oda a la flor de Gnido”:
Si de mi baja lira
tanto pudiese el son, que en un momento
aplacase la ira
del animoso viento,
y la furia del mar y el movimiento (35)
Es importante señalar que la adaptación de los modelos métricos italianizantes convive en España con la lírica de origen medieval, representada por los cancioneros. No obstante, la incorporación del endecasílabo italiano y de formas como el soneto y la canción petrarquista se debe a la colaboración sinérgica de Juan Boscán y Garcilaso de la Vega. Alfonso de Ulloa, como documenta Mercedes López, atribuía ya en 1553 a Boscán el mérito primordial de esta innovación, señalando que fue él quien
conosciendo la falta que Hespaña tenia de quien sublimasse su idioma enel verso, como escrivio el príncipe dela poesía Italiana Francisco Petrarca, compuso quatro libros de sonettos y canciones y otras rhymas en el estilo Thoscano (...) habiendo sido el primero que en el metro Castellano ha escripto.30
Sin embargo, el mismo editor reconocía el papel conjunto de ambos poetas como líderes indiscutibles del cambio: “las trobas excellentes (…) que han descubierto y hallado los modernos y presentes Garcilasso, y Boscan”31. Esta transformación poética no fue el resultado de esfuerzos aislados, sino el fruto de una sinergia profunda, una colaboración basada en una intensa confianza mutua y un propósito compartido, que descansa en lo planteado por Aristóteles, quien destaca que los que son buenos se desean mutuamente el bien en cuanto son buenos, y son buenos en sí mismos32.
Esta sinergia colaborativa, que transformó el mundo de las letras hispánicas, tuvo un inicio con la incorporación del modelo del petrarquismo. La corriente literaria mencionada concluye el proceso de espiritualización que había iniciado el amor cortés de los trovadores provenzales33. Su punto de arranque se localiza en el Dolce stil novo, movimiento italiano que dotó a la poesía de recursos introspectivos, de una relación íntima con la naturaleza y de una lírica emotiva34. Francesco Petrarca asumió estos elementos innovadores y los elevó: introdujo un examen profundo del alma, fundió la lírica con el entorno natural y expresó las pasiones personales con transparencia35. De esta forma, al estructurar sus versos y elegir sus tópicos, Petrarca ejerció una fuerte influencia en Italia, como siglos más tarde lo haría en la literatura occidental.
En España esta influencia se presentó en la amistad entre Juan Boscán y Garcilaso de la Vega, quienes adoptaron, con audacia, las formas italianas (el soneto y la lira) y los motivos amorosos petrarquistas36. Boscán, particularmente, rompió con el formato tradicional del romancero hispano y utilizó las formas italianas. Rafael Lapesa en Trayectoria poética de Garcilaso explica que “en Boscán y Garcilaso no se trata ya de una influencia difusa y parcial, sino de una imitación consciente y directa que pretende apropiarse el arte de su modelo, tanto en el fondo como en la forma”37. Un ejemplo de esta innovación es el soneto XXXII de Boscán:
Quien dice que la ausencia causa olvido,
merece ser de todos olvidado;
el verdadero y firme enamorado
está, cuando está ausente, más perdido.
Aviva la memoria su sentido;
la soledad levanta su cuidado;
hallarse de su bien tan apartado,
hace su desear más encendido.
No sanan las heridas en él dadas,
aunque cese el mirar que las causó,
si quedan en el alma confirmadas.
Que si uno está con muchas cuchilladas,
porque huya de quien le acuchilló,
no por eso serán mejor curadas (s/p)
Hemos citado el soneto en su totalidad para apreciar la ruptura con la tradición del cancionero. Apreciamos el tópico presencia-ausencia: “Quien dice que la ausencia causa olvido,/ merece ser de todos olvidado;/ el verdadero y firme enamorado” (s/p), que es una inversión del tradicional, proveniente del amor cortesano, puesto que afirma que la ausencia intensifica el deseo y la memoria. En el soneto se logra apreciar que las heridas del amor no sanan con la distancia, sino que se mantienen en el alma, incluso cuando la herida se ha ido: “No sanan las heridas en él dadas,/ aunque cese el mirar que las causó,/ si quedan en el alma confirmadas (…) porque huya de quien le acuchilló,/ no por eso serán mejor curadas” (s/p).
La poesía cancioneril surge, por supuesto, en un ámbito político y cultural determinado. Si bien el amor es el motivo dominante en gran parte de las composiciones de los cancioneros, también existen temáticas de carácter político, satírico y festivo. Álvaro Alonso en la introducción de la recopilación de Poesía de Cancionero38 explica que existe una tendencia a la expresión condensada e ingeniosa en este género en las formas del equívoco, el poliptoton y la antítesis39: “El poeta enfrenta el placer y el dolor, la razón y la pasión, la vida y la muerte”40. Entonces, la muerte es preferible a la vida del enamorado. Sin embargo, Boscán subvierte estas ideas, por ejemplo, en el soneto citado: la ausencia de la amada aviva el sentimiento y la memoria en el hablante-amante. Boscán, en particular, no imitó simplemente a Petrarca, sino que lo reconfiguró en consonancia con las sensibilidades del castellano y del clima humanista en España.
La philía virtuosa entre Boscán y Garcilaso encarna la forma superior de amistad descrita por Aristóteles, fundamentada en una igualdad de virtud. Esta igualdad forjó un lazo sólido y fecundo. En el prólogo a los “Sonetos de Boscán”, Ramón García González destaca que Boscán transmitió a Garcilaso el dominio del “nuevo arte” adquirido en Venecia, y luego evidenció su compromiso editando y difundiendo póstumamente la obra de Garcilaso. Estas acciones concretas emanaron de una profunda confianza y dedicación mutua a un ideal artístico común.
La sinergia resultante de esta philía virtuosa entre Boscán y Garcilaso de la Vega produjo un efecto transformador radicalmente superior a la suma de sus contribuciones individuales. Como afirma Francisco Sánchez en su artículo “«Presta los versos tú, yo el artificio»: Nuevos contrafacta espirituales de la poesía de Garcilaso”41: “la poesía de Petrarca no solo penetró en España mediante traducciones directas, sino también por un influjo mediatizado por sus adaptadores españoles, con Boscán y Garcilaso a la cabeza”42. La colaboración entre ambos poetas, basada en la confianza y el respeto mutuo, permitió no solo introducir la métrica petrarquista, sino adaptar creativa y eficazmente sus estructuras y espíritu al castellano. Como destaca Rafael Lapesa en La trayectoria poética de Garcilaso (1985), esta amistad literaria fue el “crisol donde se fundió la nueva poesía española”43, superando las limitaciones de los modelos disponibles gracias a su esfuerzo conjunto.
La convivencia en un mismo espacio intelectual y afectivo, sustentado por la virtud compartida que postula el filósofo griego, fue el catalizador esencial en esta relación. Sin la transmisión del saber de Boscán a Garcilaso y sin la fidelidad de Boscán al legado de su amigo, el desarrollo de la poesía castellana hacia las cumbres del Siglo de Oro habría carecido de sus fundamentos más innovadores. La philía aristotélica no operó solamente a partir de un contexto vital o histórico, sino que fue la base ética e intelectual que posibilitó esta revolución literaria.
3. Tradición frente a italianismo: debates, poética y configuración de la nueva lírica
Ahora bien, esta revolución lírica, que se articula en torno a la adopción de formas y motivos italianos, no se produjo sin fricciones internas. No obstante, la incorporación de estas innovaciones literarias enfrentó diversos inconvenientes y resistencias. Un ejemplo significativo es observable en la postura del poeta Cristóbal de Castillejo, quien en su composición “Reprehensión contra los poetas castellanos que escriben en verso italiano” plantea una dicotomía entre la poesía italianizante y la tradición cancioneril medieval44. De hecho, Reyes Cano, en su artículo “Algunos aspectos de la relación de Cristóbal de Castillejo con la literatura italiana”45, expone que Castillejo, a pesar de sus “declaradas reticencias de su famosa Reprensión para con los líricos italianizantes de la primera hora”46 y su evidente apego formal a la métrica octosilábica, se expone como un escritor que actúa en sintonía con los elementos de la modernidad renacentista. Asimismo, Reyes Cano agrega sobre el polémico poema “Reprehensión…” de Castillejo que se trata de un:
texto en el que, a mi juicio, lo que domina sobre cualquier otra intención es la burla de los excesos cometidos por los neófitos de la italianización y de los desprecios que éstos hacían a las trovas nacionales, muy especialmente a los metros cortos, en los que Castillejo fue un auténtico maestro.47
El poema de castillejo comienza:
De las trovas castellanas,
Y tras las italianas
Se pierden, diciendo que
Son más ricas y loçanas.
(…)
Dios dé su gloria a Boscán
Y a Garcilaso poeta,
Que con no pequeño afán
Y por estilo galán
Sostuvieron esta seta,
Y la dexaron acá
Ya sembrada entre la gente;
Por lo cual debidamente
Les vino lo que dirá
Garcilaso y Boscán, siendo llegados
Al lugar donde están los trovadores
Que en esta nuestra lengua y sus primores
Fueron en este siglo señalados,
Los unos a los otros alterados
Se miran, con mudança de colores,
Temiéndose que fuesen corredores
Espías o enemigos desmandados;
Y juzgando primero por el traje,
Paresciéronles ser, como debía,
Gentiles españoles caballeros;
Y oyéndoles hablar nuevo lenguaje
Mezclado de estranjera poesía,
Con ojos los miraban de estranjeros.
Mas ellos, caso que estaban
Sin favor y tan a solas,
Contra todos se mostraban,
Y claramente burlaban
De las coplas españolas,
Canciones y villancicos,
Romances y cosa tal,
Arte mayor y real,
Y pies quebrados y chicos,
Y todo nuestro caudal.
Y en lugar destas maneras
De vocablos ya sabidos
En nuestras trovas caseras,
Cantan otras forasteras,
Nuevas a nuestros oídos:
Sonetos de grande estima,
Madrigales y canciones
De diferentes renglones,
De octava y tercera rima
Y otras nuevas invenciones.
Desprecian cualquiera cosa (s/p)
En efecto, como se aprecia en el poema citado, mientras Castillejo representó la resistencia a la incorporación de modelos italianizantes, Boscán figuró la apertura a estas innovaciones y dio forma a una poesía en sintonía con la sensibilidad de su tiempo. Es más, esta herencia petrarquista alcanza una expresión paradigmática en su conocida composición de la “Octava Rima”. Ángel García Galiano, en su artículo “Poética implícita en Juan Boscán”48, reflexiona que “Boscán no elabora unos principios teóricos profundos, pero muestra una notable clarividencia en lo que sabe novedad, como de hecho deja traslucir en la Octava Rima”49. Es más, el poeta deja visualizar su poética y su orgullo por ser un innovador, es decir, por exponer su visión “renacentista”, por ser el primero en intentar instalar en castellano un modelo tradicional toscano50:
En el lumbroso y fértil Orïente,
adonde más el cielo'stá templado,
vive una sosegada y dulce gente,
la cual en solo amar pone'l cuidado.
Esta jamás padece otro acidente,
sino es aquel que amores an causado.
Aquí governa, y siempre governó,
aquella reina que'n la mar nació.
Aquí su cetro y su corona tiene,
y desd'aquí sus dádivas reparte;
aquí su ley y su poder mantiene
mucho mejor que'n otra cualquier parte;
aquí si querelloso alguno viene,
sin quexa y sin pesar luego se parte;
aquí se gozan todos en sus llamas,
presentes las figuras de sus damas (s/p)51
Desde la elección del título podemos advertir una resonancia con la forma métrica escogida: la estrofa italiana de ocho versos endecasílabos. Además, entre los vv. 585 al 648 el poeta se dedica a la exaltación de diversos autores latinos y españoles contemporáneos. Asimismo, dentro de esta suerte de catálogo no resulta menor la alusión a su maestro Petrarca: “Ésta guió la pluma al gran Thoscano/ para pintar su Laura en su figura” (s/p). Por cierto, esta enumeración de poetas adquiere un carácter de “síntesis histórica”52 en la que se presentan diferentes trovas amorosas insertas en la tradición de la literatura occidental. A la luz de la investigación de García Galiano, esta exposición de figuras literarias se vincula con el horizonte neoplatónico y con la teoría de la imitativa, donde el propósito de transformar una idea en belleza literaria se sitúa en la misma línea de la imitación ecléctica expuesta por el humanista Giovanni Pico della Mirandola en Oratio de hominis dignitate (1486).
La influencia italianizante de Juan Boscán permite afirmar que la lírica renacentista española se divide en una vertiente tradicional y en una vertiente italianizante53. Chinchilla, en su artículo “Garcilaso de la Vega, Catullus, and the Academy in Naples”54 sostiene en diálogo con Keniston (1922) que Garcilaso de la Vega adopta de Petrarca no solo la métrica, sino también el conjunto de su técnica artística55. Keniston explica, rescata Chinchilla, que incluso la elección de los temas responde a un modelo petrarquista, pues se concentra en estados anímicos o en momentos de experiencias amorosas, en particular en el análisis detallado de las emociones y de los contrastes56. Asimismo, la actitud espiritual que desarrolla Garcilaso en su obra puede considerarse en sí misma petrarquista puesto que sus versos expresan una melancolía amarga y tierna frente a un amor imposible57. Por ejemplo, en el “Soneto I” la sucesión de los términos “contemplar” y “ver” refuerzan el carácter descriptivo de la obra:
Cuando me paro a contemplar mi estado,
y a ver los pasos por do me ha traído,
hallo, según por do anduve perdido,
que a mayor mal pudiera haber llegado; (p. 3)
En el “Soneto VIII”:
De aquella vista pura y excelente
salen espíritus vivos y encendidos,
(…)
Ausente, en la memoria la imagino;
mis espíritus, pensando que la vian,
se mueven y se encienden sin medida (p. 6-7)
Augusta Foley en “Variaciones sinonímicas en algunos sonetos de Garcilaso de la Vega y de Petrarca”58, explica que al utilizar los términos “imagino” y “espíritus” el poema adquiere una mayor intensidad por la reiteración de estos en los siguientes versos (453). Al introducir un repertorio de imágenes poéticas observamos que existe un concepto central que determina el razonamiento del soneto que se articula en el último terceto (“se mueven y se encienden sin medida”)59. En este sentido, la creación de Garcilaso es un ejemplo paradigmático de la manera en que la lírica renacentista española adapta los modelos italianos para elaborar un discurso en que la emoción y la reflexión se entrelazan en una síntesis singular.
4. Escrituras de la amistad y legado póstumo de la philía virtuosa
A la luz de lo anterior, un dato significativo que podemos observar es la asimetría en las referencias poéticas mutuas entre Boscán y Garcilaso de la Vega durante sus vidas. Claudio Guillén en su texto “La amistad y el amor: Garcilaso y Cervantes”60 expone que mientras Garcilaso mencionó en varias ocasiones a Boscán en sus versos, este último no le dedicó ningún poema hasta después de la muerte de Garcilaso61. La alusión más destacada de Garcilaso a su amigo se encuentra en la “Epístola a Boscán”. En esta composición, dirigida explícitamente al amigo, Garcilaso ensalza su figura, pero, además, construye un espacio de confianza y afectos.
El contexto epistolar sitúa a Garcilaso realizando un viaje de doce días a caballo desde Barcelona hasta Aviñón, lugar donde se había descubierto recientemente la tumba de Laura de Noves, la donna angelicata de Petrarca. Es en este marco donde Garcilaso expresa:
Señor Boscán, quién tanto gusto tiene
de daros cuenta de los pensamientos
hasta en las cosas que no tienen nombre,
no le podrá con vos faltar materia
ni será menester buscar estilo
presto, distinto, de ornamento puro,
tal cual a culta epístola conviene (p. 53)
Cabe destacar que esta epístola se inscribe formalmente entre los primeros ejemplos de verso suelto en la literatura hispánica, innovación atribuible a ambos poetas. Fernando de Herrera, escritor y crítico español del Siglo de Oro, subraya precisamente que tales versos “son invención de los poetas modernos, porque no se halla memoria de ellos en los antiguos italianos”62. La profunda valoración de la amistad por parte de Garcilaso queda también patente en su epístola, donde afirma: “entre muy grandes bienes que consigo/ el amistad perfeta nos concede”.
Charles B. Moore en “La estructura retórica de la Epístola a Boscán”63 describe la relación con Boscán como una fuente de libertad y confianza, lo que le permite expresarse sin restricciones:
Iba pensando y discurriendo un día
a cuántos bienes alargó la mano
el que del amistad mostró el camino,
y luego vos, del amistad enjemplo,
os me ofrecéis en estos pensamientos,
y con vos a lo menos me acontece
una gran cosa, al parecer estraña,
y porque lo sepáis en pocos versos,
es que, considerando los provechos,
las honras y los gustos que me vienen
desta vuestra amistad, que en tanto tengo,
ninguna cosa en mayor precio estimo
ni me hace gustar del dulce estado
tanto como el amor de parte mía (p. 53)
Apreciamos en el tono íntimo y personal de la epístola, incluso en el mismo uso del “verso suelto” como un factor de distensión, que Garcilaso convierte la amistad en un tema fundamental, enfatizando su papel en el desarrollo personal e intelectual, desplazado además a la escritura. Moore destaca que el “poema evita una estilización excesiva, en sintonía con los principios horacianos, para generar un estilo epistolar que mezcla lo doctrinal con lo familiar”64. Nosotros reconocemos en este tono epistolar de gesto horaciano un principio filosófico basado en el amor genuino y el beneficio mutuo que redunda en la producción poética desde los motivos hasta la forma lírica. Garcilaso se explaya al dar cuenta cómo el placer derivado de la amistad no radica en ventajas externas, sino en la satisfacción interna que aporta la relación, y lo hace mediante un tono conversacional que sublima las formas de esa relación en lo lírico.
En este contexto, la amistad se concibe como una virtud que favorece el crecimiento moral e intelectual y que encarna en esta escritura conversada, en un verso de tono coloquial y amable. Además, queda en evidencia la complicidad entre ambos autores, que trasciende la esfera literaria, cuando en la despedida de Garcilaso incorpora, con ternura, un tono humorístico en referencia a Mosén Dural, amigo íntimo de Boscán que tenía problemas de sobrepeso: “A mi señor Dural estrechamente/ abrazad de mi parte, si pudieres”65. Al retomar las ideas de Aristóteles en su Ética66, logramos observar que la intimidad en la obra literaria se concibe como un goce, producto de una experiencia compartida y unos vínculos amistosos que superan la condición de simple hecho cuando adquieren el carácter capaz de sostener una cualidad poética, como en este caso se refleja en el humor. Es decir, que dicha cualidad convierte la experiencia vivida en un juego de letras y comparte un espacio de creación no solo íntimo y secreto, sino que trasciende para formar parte del canon literario, como sucede en la “Epístola a Boscán”.
El poeta Juan Boscán fue tutor del que sería el futuro Duque de Alba. Durante este período de formación académica-militar, Boscán solo menciona en una ocasión la figura de su pupilo, sugiriéndolo como autor de un villancico. La única fuente contemporánea que documenta esta relación educativa es Garcilaso de la Vega, quien destaca en su “Égloga II” la labor de Boscán en la formación intelectual y militar del noble:
El tiempo el paso mueve; el niño crece
y en tierna edad florece y se levanta
como felice planta en buen terreno.
(...)l’entregaba a un gran maestro
que con ingenio diestro y vida honesta
hiciese manifiesta al mundo y clara
aquel ánima rara que allí vía.
Al niño recebía con respeto
un viejo en cuyo aspeto se via junto
severidad a un punto con dulzura.
(…)
Después de conocido, leyó el nombre
Severo de aqueste hombre, que se llama
Boscán, de cuya llama clara y pura
sale’l fuego que apura sus escritos,
que en siglos infinitos ternán vida.
De algo más crecida edad miraba
al niño, que ’scuchaba sus consejos (p. 109)
Garcilaso lleva a cabo en estos versos una alabanza didáctica del maestro, honrando así su influencia formativa sobre el futuro Duque de Alba. Guillén explica que esta exaltación “garcilasiana” de la labor pedagógica de Boscán resuena con la concepción aristotélica de la amistad virtuosa, donde el amigo se constituye como “otro yo”67. Es decir, que al enaltecer la figura del mentor como formador de una figura clave de la nobleza hispánica, Garcilaso también se enaltece en su condición refleja, al enorgullecerse por el gran trabajo realizado por su amigo y alter ego.
Pedro Ruiz Pérez, en su artículo “Las obras de Boscán y Garcilaso: modelo editorial y modelo poético”68, nos explica que lamentablemente Garcilaso de la Vega falleció conservando su obra exclusivamente en estado de manuscritos, cuya circulación se dio solo en la élite cultural y la aristocracia. Si bien se desconoce el número exacto de códices que contenían sus composiciones antes de su primera edición póstuma —publicada como apéndice a Las obras de Boscán y algunas de Garcilaso de la Vega —, la evidencia histórica confirma la difusión manuscrita de sus poemas, particularmente de sus sonetos. Juan Boscán dedica el Soneto 129 a la memoria de su amigo:
Garcilaso que al bien siempre aspiraste
y siempre con tal fuerça le seguiste,
que a pocos pasos que tras él corriste,
en todo enteramente l'alcançaste,
dime: ¿por qué tras ti no me llevaste
cuando desta mortal tierra partiste?,
¿por qué, al subir a lo alto que subiste,
acá en esta baxeza me dexaste?
Bien pienso yo que si poder tuvieras
de mudar algo lo que'stá ordenado,
en tal caso de mí no t'olvidaras:
que, o quisieras onrarme con tu lado,
o a lo menos de mí te despidieras;
o, si esto no, después por mí tornaras (s/p)
Podemos observar cómo existe una elevación de Boscán por Garcilaso, la que trasciende la función de la mera elegía para crear un lamento fúnebre íntimo. En esta composición surge una compleja “red afectiva” en la que se encuentran la devoción absoluta hacia el amigo desaparecido, el orgullo intrínseco nacido de dicha relación y la alegría subyacente por la existencia ocurrida/caducada del amado; afecto, este último que, no obstante, se halla subsumido por el dolor de la pérdida.
El núcleo del soneto radica en el cuestionamiento angustiado de Boscán hacia su amigo difunto. El texto inicia con interrogantes sobre las razones de su abandono en la tierra. Este reclamo, lejos de ser un simple reproche, se fundamenta en la imagen construida del amigo. Boscán presenta a Garcilaso como un hombre cuya esencia residió en la búsqueda constante de la virtud y cuya fuerza moral le permitió alcanzar la perfección. La profunda devoción de Boscán se entrelaza en un doble orgullo: el orgullo de haber sido testigo y partícipe de la excelencia de Garcilaso, y la reivindicación implícita de considerarse merecedor de estar junto a él en la muerte o de recibir una despedida significativa.
La separación de las obras de Garcilaso de la Vega de las de su amigo Juan Boscán no se materializó hasta 1569, gracias a la edición de Mathias Gast, impresor salmantino, como precisa Pedro Ruiz Pérez69. Sin embargo, como explica el académico: “este logro editorial tiene un origen previo y personal: la edición conjunta gestionada por Ana Girón de Rebolledo, viuda de Boscán”70. Ella asumió la tarea de buscar un impresor que diera a la luz tanto la obra de su difunto esposo como la de su íntimo amigo Garcilaso. Ruiz Pérez enfatiza que Girón de Rebolledo “no hizo ninguna labor de edición en los escritos debido a que su marido había trabajado en ellos; ella solo era un medio para que estos escritos vieran la luz y no se perdieran en la oscuridad”71. No obstante, este acto trasciende con creces la mera función instrumental o “logística”.
Por un lado, la acción realizada por Ana Girón encarna un ejemplo perfecto de pietas conyugal renacentista. David Konstan en La amistad en el mundo clásico72 explica que esta virtud “implicaba un profundo sentido del deber, devoción y lealtad, particularmente dentro de la familia”. Ana Girón extendió este deber a Garcilaso mediante su labor modesta, preservando su legado como parte esencial de la vida de su esposo Boscán, en un acto de fidelidad póstuma hacia él y su círculo. Por otro lado, su gestión actuó como catalizadora para la philía virtuosa entre Boscán y Garcilaso. Miguel Martí Sánchez en “Amistad y reconocimiento. Sobre la philía aristotélica. Lo que Aristóteles vio y Hegel pasó por alto”73 argumenta que la philía clásica, reinterpretada en el humanismo, celebraba “el vínculo desinteresado y enriquecedor entre iguales virtuosos”74. Esta philía fue crucial para el desarrollo de la lírica española (introducción del petrarquismo y metros italianos), y la intervención de Ana Girón fue clave para que su trabajo no se desvaneciera, sino que se perpetuara y recibiera reconocimiento público.
El proceso de publicación emprendido por Boscán tras la muerte de Garcilaso materializa la concepción aristotélica de la amistad virtuosa en su forma más elevada. Su acción —asumir la custodia de los manuscritos inéditos de su amigo y prepararlos para la imprenta— constituye una aplicación concreta y conmovedora del precepto del estagirita. Este gesto carecía de interés personal o beneficio propio; su motivación esencial radicaba exclusivamente en honrar la memoria y el legado poético de Garcilaso, deseando su bien póstumo: la difusión de su obra por su intrínseco mérito. En palabras de Claudio Guillén: “Este acto es un puro «ejercicio» de altruismo epistémico y afectivo, motivado por la virtud y el aprecio recíproco que caracterizaba su vínculo”75.
A modo de conclusión, la amistad entre Boscán y Garcilaso encarnó el ideal aristotélico de la amistad virtuosa, basada en la excelencia moral mutua, la admiración desinteresada y la sinergia creativa. Este vínculo se caracterizó por la ausencia de envidia, un sentimiento que Platón asoció a lo inferior en el Fedro. Como señala el texto platónico: “con su ejemplo, persuasión y orientación conducen al amado a los gustos e idea de ese dios (...) Y no experimentan, frente a sus amados, envidia alguna, ni malquerencia impropia de hombres libres, sino que intentan, todo lo más que pueden, llevarlos a una total semejanza con ellos mismos con el dios al que veneran”76.
Esta ausencia de envidia, signo de superioridad y pureza, contrasta con las relaciones fracturadas de otras figuras hispánicas como Luis de Góngora y Francisco Gómez de Quevedo, Lope de Vega y Miguel de Cervantes. La amistad se nutrió de la corrección mutua, el apoyo y la celebración compartida. Esta simbiosis ético-estética no solo posibilitó la revolución lírica del Renacimiento español (asimilando el petrarquismo), sino que fue el catalizador esencial de su obra. La edición póstuma simboliza la perpetuación de esta philía más allá de la muerte, ofreciendo un modelo perdurable donde la virtud y la creación (poiesis) se retroalimentan. De esta manera, su legado —como demuestra la trascendencia de su obra conjunta— sigue siendo paradigmático para comprender cómo la amistad intelectual, basada en la admiración y no en la rivalidad, puede engendrar una transformación cultural tan profunda como perdurable.
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Notas
No las damas, amor, no gentilezas
de caballeros canto enamorados
ni las muestras, regalos y ternezas
de amorosos afectos y cuidados;
mas el valor, los hechos, las proezas
de aquellos españoles esforzados,
que a la cerviz de Arauco no domada
pusieron yugo por la espada.
Cosas diré también harto notables
de gente que a ningún rey obedecen,
temerarias empresas memorables
que celebrarse con razón merecen,
raras industrias, términos loables
que más los españoles engrandecen
pues no es el vencedor más estimado
de aquello en que el vencido es reputado. (127)
Con respecto a lo presentado por Boscán en su “Octava rima”, estas dos primeras estrofas de La Araucana se caracterizan como su antítesis. No se halla en ella amor ni gentileza, sino un gobierno carente de reyes, un territorio de sangre, caos y “raras industrias”. Resulta relevante el paralelismo geopolítico entre la posición de España con Italia, hacia el sureste, y con Chile, hacia el suroeste. Por lo tanto, la presencia de Boscán y Garcilaso en la escritura de La Araucana puede cuantificarse mediante los ejercicios de imitación directa que se presentan.
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