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Revista Realidad Educativa, julio 2026, v. VI, n° 2, ISSN: 2452-6134
doi 10.38123/rre.v6i2.971

Percepción del beneficio externo en proyectos de vinculación con el medio: Un estudio de casos múltiples en universidades chilenas

Perceived External Benefits of University Engagement Projects: A Multiple Case Study in Chilean Universities

René Araya AlarcónORCID logo

Universidad de Playa Ancha, Chile

Resumen

En el contexto chileno, la vinculación con el medio (VcM) se ha consolidado como una función sustantiva de las universidades, especialmente después de su incorporación como dimensión obligatoria en los procesos de acreditación institucional. Este estudio analiza las tensiones existentes entre el enfoque bidireccional promovido institucionalmente y la experiencia de los actores comunitarios, investigando la percepción de socios y receptores respecto de los beneficios externos generados por proyectos sociocomunitarios implementados por universidades chilenas. Para ello, se desarrolló un estudio cualitativo de casos múltiples con enfoque fenomenológico, que incluyó la realización de seis grupos de discusión telemáticos con 72 participantes vinculados a proyectos ejecutados entre 2022 y 2024 por seis universidades. El análisis se efectuó mediante el enfoque de análisis estructural del discurso. Los resultados evidencian que los diagnósticos territoriales son percibidos como insuficientes, que persisten relaciones asimétricas en la interacción entre universidad y comunidad, y que existen expectativas frustradas respecto de los beneficios obtenidos. Asimismo, emergen percepciones de instrumentalización de la participación comunitaria y debilitamiento de la confianza en estas iniciativas. En conjunto, los hallazgos sugieren que la bidireccionalidad tiende a implementarse de manera parcial, privilegiando la medición cuantitativa del impacto por sobre la construcción de relaciones colaborativas sostenibles, lo que plantea desafíos conceptuales y metodológicos relevantes para el fortalecimiento de la VcM en el sistema de educación superior chileno.

Palabras clave: vinculación con el medio, bidireccionalidad, educación superior, comunidades territoriales

Abstract

In the Chilean context, University Engagement (Vinculación con el Medio, VcM) has become a core institutional function, particularly following its incorporation as a mandatory dimension of institutional accreditation. This study examines the tensions between the bidirectional engagement approach promoted at the institutional level and the experiences perceived by community actors, focusing on how partners and beneficiaries assess the external benefits generated by socio-community projects implemented by Chilean universities. A qualitative multiple case study with a phenomenological orientation was conducted, involving six online focus groups with 72 participants connected to projects carried out between 2022 and 2024 by six universities. Data was analyzed using structural discourse analysis. The findings reveal that territorial diagnostics are perceived as insufficient, that asymmetrical relationships continue to shape university–community interactions, and that participants report unmet expectations regarding the benefits received. These perceptions are accompanied by concerns about the instrumentalization of community participation and a weakening of trust. Overall, the results suggest that bidirectionality tends to be implemented in a limited manner, prioritizing the quantitative measurement of impact over the development of deeper collaborative relationships, thereby raising significant conceptual and methodological challenges for higher education systems.

Keywords: university engagement, bidirectionality, higher education, territorial communities

1. Introducción

En las últimas décadas, los sistemas de educación superior han experimentado, a escala global, un proceso de expansión acompañado por una profunda resignificación y diversificación de las relaciones que las universidades establecen con sus entornos sociales (Tilak, 2006; Rahmer, 2023). En este marco, y con independencia de que dichos vínculos se articulen desde tradiciones como la Extensión, la Responsabilidad Social Universitaria o el Public Engagement, se ha ido consolidando un consenso en torno a la idea de que la relación de las universidades con el medio constituye una de sus tres misiones fundamentales (Casas y Torralbo, 2023; Rahmer, 2023). En el ámbito internacional, esta función ha sido abordada bajo conceptos como university-community engagement y third mission, los cuales destacan la necesidad de establecer relaciones mutuamente beneficiosas entre las universidades y los actores sociales, promoviendo la colaboración para la resolución de problemas públicos y la contribución al desarrollo de los territorios (Petersen et al., 2022; Kolesar et al., 2024).

En el caso chileno, esta transformación ha cobrado especial fuerza a partir de la incorporación de esta área —denominada vinculación con el medio (VcM)— como dimensión obligatoria de acreditación institucional, según lo establece la Ley 21.091 sobre Educación Superior, promulgada en 2018. Dicho marco normativo exige a las instituciones de educación superior (IES) definir políticas y mecanismos de VcM de carácter bidireccional, exigencia que posteriormente ha sido recogida y desarrollada en los criterios y estándares de acreditación vigentes.

A partir de este mandato, las IES chilenas han debido ajustar sus políticas, modelos y dispositivos de gestión con el propósito de alinear la VcM con el enfoque bidireccional, enfatizando la necesidad de generar beneficios mutuos que se traduzcan en contribuciones y/o impactos significativos tanto para las propias instituciones como para los territorios, comunidades y grupos de interés con los que se relacionan. Sin embargo, la evidencia disponible sugiere que la comprensión de esta noción de beneficio mutuo se encuentra formulada con mayor claridad y consistencia en lo relativo al impacto o contribución interna que en lo concerniente a los beneficios externos (Araya, 2024). En este sentido, las políticas y modelos de gestión de VcM elaborados por las universidades chilenas suelen ser más precisos al describir los beneficios que las instituciones esperan obtener de sus vínculos con el entorno, mientras que resultan más ambiguos e inespecíficos al definir los beneficios externos, esto es, aquellos impactos que se espera generar en territorios, comunidades o grupos de interés (Araya, 2024).

Esta situación adquiere especial relevancia si se considera que tanto la legislación vigente como los estándares de acreditación para la educación superior (CNA, 2022b) establecen que las universidades deben promover relaciones recíprocas y colaborativas con su entorno. Sin embargo, diversos autores han señalado que la creciente institucionalización de la VcM y su incorporación a los sistemas de aseguramiento de la calidad han tendido a fortalecer lógicas de gestión, monitoreo y rendición de cuentas asociadas a esta función (Casas y Torralbo, 2023; Fleet et al., 2023). En este contexto, la bidireccionalidad ha adquirido un lugar central tanto en los discursos institucionales como en los mecanismos de evaluación de la calidad.

Al mismo tiempo, diversos autores han advertido que la consolidación de la vinculación con el medio como función estratégica de las universidades ha estado acompañada de importantes ambigüedades conceptuales y operativas respecto de la naturaleza de los vínculos que se espera construir con los actores externos (Flores y Póo, 2021). En estas condiciones, determinadas actividades pueden ser consideradas bidireccionales por el solo hecho de incorporar la participación de actores externos, aun cuando dicha interacción no implique necesariamente procesos sostenidos de colaboración, reconocimiento mutuo o construcción conjunta.

En coherencia con lo anterior, las instituciones de educación superior han desarrollado diversas estrategias para evaluar la contribución externa de sus iniciativas de VcM. Estos esfuerzos se han traducido en la construcción de indicadores, metodologías e instrumentos orientados a la evaluación de resultados e impactos de las acciones desarrolladas (Dinamarca Noack, 2017; Rivera et al., 2024; Sandoval-Cuevas et al., 2025). No obstante, persisten desafíos asociados a la comprensión de las cualidades de los vínculos establecidos, así como a la incorporación sistemática de las percepciones y experiencias de los actores territoriales involucrados.

Como consecuencia, persiste una brecha entre la centralidad normativa que ha adquirido la bidireccionalidad en el sistema chileno y la comprensión efectiva de cómo esta se expresa, o no, en la experiencia concreta de quienes participan como beneficiarios de proyectos e iniciativas universitarias. Esta brecha adquiere especial relevancia si se considera que el compromiso territorial de las universidades no puede reducirse a la ejecución de actividades o proyectos aislados, sino que supone la construcción de relaciones recíprocas mediante las cuales las instituciones reconocen e incorporan las necesidades, saberes y capacidades de los territorios en sus funciones de docencia, investigación y vinculación (Labraña et al., 2023). De manera similar, la literatura internacional sobre la tercera misión universitaria ha destacado que las relaciones entre universidades y comunidades adquieren un mayor potencial transformador cuando se orientan a procesos de aprendizaje mutuo, fortalecimiento de capacidades y construcción conjunta de soluciones para problemáticas socialmente relevantes (Petersen et al., 2022). Desde esta perspectiva, la bidireccionalidad constituye una condición necesaria para avanzar desde una lógica de intervención sobre los territorios hacia formas de colaboración basadas en el reconocimiento mutuo, la generación compartida de conocimiento y el desarrollo de soluciones pertinentes para las comunidades.

En este contexto, el objetivo de esta investigación es explorar la percepción de los beneficiarios respecto del impacto que los proyectos sociocomunitarios implementados por seis universidades chilenas han tenido sobre las problemáticas y necesidades de sus territorios. En particular, se busca examinar si los beneficiarios consideran que dichos proyectos han generado una contribución significativa a sus realidades y, con ello, analizar en qué medida la idea de beneficio mutuo, propia del enfoque bidireccional de la vinculación con el medio, encuentra correlato en las experiencias y valoraciones de quienes participan en estas iniciativas.

2. Antecedentes

La Comisión Nacional de Acreditación (CNA) ha incorporado la vinculación con el medio como un área obligatoria de acreditación para las universidades chilenas, estableciendo que las instituciones de educación superior deben contar “con políticas y mecanismos sistemáticos de vinculación con su entorno significativo local, nacional o internacional” (CNA, 2022a, p. 8). Este marco normativo considera, entre los criterios fundamentales para la acreditación, el logro de la bidireccionalidad y la demostración de resultados e impacto (véase Tabla 1). En este contexto, la bidireccionalidad ha sido definida como la “interacción de mutuo beneficio entre la universidad y su entorno, dirigida a favorecer la construcción conjunta de conocimiento y propuestas que contribuyan a mejorar los procesos formativos y el contexto externo” (CNA, 2022a, p. 39).

Tabla 1.
Bidireccionalidad en criterios para la acreditación institucional subsistema universitario
Dimensión 4: Vinculación con el medio.
Criterio 11. Política y gestión de la vinculación con el medio.
La función de vinculación con el medio es bidireccional, es decir, corresponde a una construcción conjunta de la universidad con sus grupos relevantes de interés. Se explicita en políticas y mecanismos que señalan propósitos y acciones para los ámbitos de interacción definidos institucionalmente.
Estándar/Nivel 1 Estándar/Nivel 2 Estándar/Nivel 3

Existe una política y modelo de vinculación con el medio coherente con la misión, valores y propósito institucionales, que declara los impactos externos e internos que se esperan de su implementación.

La política define los objetivos y propósitos de la vinculación con el medio.

Cuenta con recursos y medios de gestión para la planificación y ejecución de las acciones comprometidas.

El modelo se sustenta en una política de naturaleza bidireccional, que ha sido diseñada colaborativamente por la universidad y los grupos relevantes de interés que esta ha definido.

La política y modelo de vinculación bidireccional con el medio se aplican en toda la universidad.

Los ámbitos de vinculación con el medio se encuentran identificados, formalizados y se aplican sistemáticamente en las acciones realizadas por la universidad.

Los instrumentos de vinculación con el medio están orientados al logro de los impactos externos e internos esperados, y cuentan con indicadores que permiten el seguimiento periódico de estos.

El seguimiento de los indicadores de impacto de las acciones comprometidas permite realizar ajustes a su planificación y ejecución cuando es necesario.

Existen instrumentos para fomentar la contribución de las acciones de vinculación con el medio a la formación de las y los estudiantes en todos los niveles, así como su articulación con las actividades de investigación, creación y/o innovación que se realizan en la universidad.

Fuente: Criterios y estándares para la acreditación de Universidades Chilenas (CNA, 2022a)

No obstante, en el marco de un sistema de educación superior caracterizado por niveles relativamente acotados de autonomía institucional, importantes consecuencias asociadas a los procesos de evaluación externa y una elevada presión por la rendición de cuentas (Cano Menoni y Flores, 2023), la noción de bidireccionalidad ha adquirido un carácter progresivamente omnipresente y hegemónico (Araya, 2024). Sin embargo, diversos estudios han advertido que este concepto dista de poseer una definición unívoca dentro del sistema de educación superior chileno (Torres et al., 2025). Ya en 2018, un estudio del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) realizado en universidades estatales chilenas evidenciaba la ausencia de una comprensión compartida de la bidireccionalidad. Los actores entrevistados la asociaban indistintamente coin ideas de beneficio mutuo, intercambio de saberes, coconstrucción de conocimiento y fortalecimiento de vínculos colaborativos con los territorios. Asimismo, el estudio señalaba que la bidireccionalidad no constituye una condición inherente a toda acción de vinculación, sino una construcción relacional que requiere tiempo, interacción y confianza entre los actores involucrados (PNUD, 2018). Más recientemente, Salazar Alvarado et al. (2025) han señalado que la complejidad de las relaciones universidad-comunidad difícilmente puede comprenderse mediante una distinción dicotómica entre acciones unidireccionales y bidireccionales, dado que los actores externos pueden participar en distintos niveles de decisión y en diversas etapas de los proyectos.

En consecuencia, aunque la bidireccionalidad se ha consolidado como un principio orientador de la vinculación con el medio, persisten importantes debates respecto de su significado, alcances y formas de operacionalización. Esta falta de consenso conceptual adquiere especial relevancia en un contexto en el que la bidireccionalidad se ha transformado en un criterio central para la evaluación de la calidad de las instituciones. En efecto, al haberse convertido en un componente relevante de los procesos de acreditación institucional y, simultáneamente, en una fuente de prestigio, financiamiento y posicionamiento competitivo dentro del sistema de educación superior (Pastene, 2021; Fleet et al., 2023), el concepto ha tendido a utilizarse de manera amplia y, en ocasiones, superficial, favoreciendo interpretaciones que reducen su complejidad relacional a un requisito susceptible de ser evidenciado y reportado. Así, las instituciones de educación superior chilenas parecen ceder a la presión por:

[…] mostrar algún tipo de efecto o valoración inmediata, que demuestre el beneficio mutuo y retribución ipso facto de la participación en una interacción entre institución de educación superior y actores del medio, lo cual comporta el riesgo de instrumentalizar la misma participación y valoración del medio para fines de rendición de cuentas. A la vez que se pierde de vista el horizonte de largo plazo en el cual el desarrollo recíproco entre universidad y entorno se produce. (Fleet et al., 2023, p. 31)

En este sentido, se advierte una tendencia a comprender la bidireccionalidad como un atributo verificable sobre el cual debe rendirse cuenta, más que como un proceso relacional o un marco de interacción en el que se desarrollan experiencias de aprendizaje compartido entre universidades y comunidades. Así, se ha ido desdibujando la idea de que no existirían “propiamente hablando, actividades de vinculación bidireccional entendidas como productos o resultados que puedan contabilizarse” (Muñoz, 2022, p. 15), sino que la bidireccionalidad constituiría, más bien, una forma de relación dialógica y colaborativa orientada a la generación de conocimiento compartido entre la academia y distintos sectores de la sociedad.

En este escenario, no resulta sorprendente que las instituciones de educación superior tiendan a forzar el diseño o la ejecución de actividades que se ajusten formalmente a la lógica bidireccional (Araya, 2024), atribuyendo dicho carácter a iniciativas que incorporan la participación de actores externos, aun cuando tales interacciones mantengan rasgos predominantemente unidireccionales. Como consecuencia, los vínculos con el medio corren el riesgo de reducirse a una “cuestión numérica para cumplir con la acreditación, subsumiendo e invisibilizando el trabajo involucrado en estos vínculos y sus aportes a la propia producción de conocimiento” (Muñoz, 2022, p. 24).

A pesar de que la mayoría de las políticas institucionales de VcM declara explícitamente el enfoque bidireccional, persisten dificultades relevantes al momento de ofrecer marcos conceptuales consistentes. En numerosos casos, la bidireccionalidad se define de manera genérica como una relación horizontal orientada al beneficio mutuo o como la capacidad de generar impactos internos y externos, sin desarrollar aproximaciones más específicas que articulen este principio con aspectos como la pertinencia territorial de las intervenciones universitarias (Araya, 2024). Asimismo, cuando se describen los impactos esperados, las universidades tienden a ofrecer formulaciones más detalladas respecto de los beneficios internos que aquellas relativas a los efectos externos proyectados (Araya, 2024).

Estas dificultades conceptuales tienen implicancias directas en las propuestas metodológicas que las instituciones diseñan para relacionarse con sus entornos. La evidencia disponible sugiere que las universidades chilenas no han logrado traducir de manera sistemática el enfoque bidireccional en prácticas que permitan establecer vínculos profundos y sostenidos con territorios y comunidades. Si bien la mayoría de las instituciones dispone de mecanismos de evaluación del impacto o contribución externa, no resulta evidente que tales instrumentos logren capturar con suficiente profundidad el modo en que los actores territoriales perciben el aporte efectivo de las iniciativas de vinculación con el medio a la resolución de sus problemáticas y necesidades. Así, aunque se declara la necesidad de establecer relaciones horizontales y dialógicas orientadas a la construcción conjunta de conocimiento, persiste una brecha entre este ideal normativo y las herramientas metodológicas para implementarlo y evaluarlo.

En este contexto, la medición de la contribución y/o del impacto de la VcM se ha configurado como un desafío particularmente complejo para las universidades chilenas (Rivera et al., 2024; Sandoval-Cuevas et al., 2025). La presión por demostrar resultados bidireccionales ha tendido a debilitar la operacionalización de los beneficios mutuos, favoreciendo el uso de indicadores de consistencia limitada y de instrumentos de medición predominantemente cuantitativos. Como consecuencia, las dimensiones cualitativas de los vínculos y los procesos de construcción relacional de mayor profundidad tienden a quedar relegados a un segundo plano.

Estas tensiones adquieren especial relevancia en el caso de los entornos vinculados con la ejecución de iniciativas sociales, territoriales y comunitarias, ámbitos en los que las asimetrías estructurales de poder se vuelven particularmente visibles. En este sentido, Flores y Póo (2021) han advertido diversas ambigüedades asociadas al uso del enfoque bidireccional en Chile, destacando que la supuesta simetría de poder que subyace a esta noción dista de constituir un supuesto fácilmente verificable. Las relaciones que las instituciones establecen con distintos grupos de interés pueden adoptar configuraciones diversas según las capacidades organizativas, técnicas o políticas de los actores involucrados. Así, ciertos grupos —como organismos públicos o actores productivos— pueden encontrarse en mejores condiciones para incidir en la definición de los términos del vínculo, mientras que organizaciones sociales y comunitarias pueden carecer de recursos equivalentes para negociar sus intereses. Esta situación tiende a incidir de manera decisiva en los procesos de retroalimentación y en la jerarquización de las demandas territoriales, debilitando la noción de beneficio mutuo en contextos de intervención social o comunitaria.

En consecuencia, los vínculos que actualmente se establecen entre comunidades y universidades no siempre permiten avanzar hacia una comprensión sustantiva de la bidireccionalidad ni hacia una evaluación profunda de los beneficios que los actores territoriales obtienen de programas, proyectos o iniciativas universitarias. Al respecto, Dougnac-Quintana et al. (2024) han señalado que las propias expectativas de los actores del entorno pueden incidir en la dificultad de construir relaciones bidireccionales, en la medida en que persiste la tendencia a concebir a la universidad como un agente transmisor de conocimiento, más que como un actor inserto en procesos de coproducción. Este aspecto resulta particularmente relevante si se considera que el enfoque bidireccional apunta, en última instancia, a la generación de conocimiento “a partir de espacios compartidos, en forma horizontal e interactiva, basado en las oportunidades de desarrollo, las demandas y diálogo fecundo entre la academia, los actores sociales, culturales y productivos externos” (Von Baer, 2009, p. 458). En una línea similar, Dinamarca Noack (2017) ha subrayado la existencia de tensiones vinculadas a la legitimación de los saberes extraacadémicos, lo que hace necesario fortalecer las relaciones de confianza y promover una valoración epistémica más robusta de los conocimientos producidos en territorios y comunidades. Desde esta perspectiva, antes que centrarse exclusivamente en la medición de contribuciones o impactos, resultaría fundamental avanzar en la consolidación de procesos relacionales efectivamente bidireccionales.

3. Metodología

Para efectos de esta investigación se emplea un diseño cualitativo de estudio de casos múltiples, orientado a analizar el beneficio percibido por socios comunitarios y beneficiarios vinculados a seis proyectos implementados por universidades chilenas durante el periodo 2022-2024. Esta estrategia metodológica permite abordar comparativamente experiencias situadas en distintos contextos institucionales y territoriales, favoreciendo la identificación de patrones interpretativos comunes y la elaboración de inferencias analíticas que trascienden las características particulares de cada caso (Berg y Lune, 2017).

El estudio se sustenta en un enfoque fenomenológico, cuyo propósito es explorar, describir y comprender los significados que los actores atribuyen a sus experiencias de vinculación con las instituciones de educación superior, identificando los elementos compartidos presentes en sus discursos (Hernández Sampieri et al., 2014). En coherencia con este enfoque, la técnica de producción de información seleccionada corresponde a grupos de discusión, estructurados a partir de un cuestionario abierto organizado en torno a un temario previamente definido. Este instrumento fue desagregado en diversas dimensiones analíticas mediante preguntas orientadas a propiciar la reconstrucción testimonial del sentido que los actores comunitarios atribuyen a los vínculos establecidos con las instituciones ejecutoras de los proyectos. El guion de discusión fue elaborado sobre la base de tópicos recurrentes identificados en la revisión de literatura especializada. Para favorecer la transparencia metodológica y la replicabilidad del estudio, la Tabla 2 presenta las dimensiones orientadoras del guion, sus propósitos analíticos y ejemplos de las preguntas utilizadas durante los grupos de discusión.

Tabla 2.
Dimensiones orientadoras de los grupos de discusión
Dimensión Propósito analítico Preguntas orientadoras (ejemplos)
Diagnóstico y comprensión de necesidades territoriales Explorar cómo los participantes perciben los mecanismos utilizados por las universidades para identificar problemáticas y necesidades comunitarias. ¿Cómo conoció la universidad las necesidades de su comunidad? ¿Considera que dichas necesidades fueron comprendidas adecuadamente?
Participación en el diseño y desarrollo de los proyectos Examinar el grado de involucramiento de los actores comunitarios en las distintas etapas de las iniciativas. ¿Tuvo oportunidades de participar en la definición de actividades o prioridades del proyecto? ¿De qué manera?
Relación universidad-comunidad Comprender las características de la interacción establecida entre la universidad y los actores territoriales. ¿Cómo describiría la relación que se generó con la universidad durante el proyecto?
Reconocimiento y valoración de saberes comunitarios Indagar la percepción de los participantes respecto del lugar otorgado a sus conocimientos, experiencias y aportes. ¿Sintió que sus opiniones y conocimientos fueron considerados durante el desarrollo de la iniciativa?
Contribuciones y beneficios percibidos Identificar los principales cambios, aprendizajes o beneficios derivados de la participación en el proyecto. ¿Qué beneficios obtuvo su organización o comunidad a partir de esta experiencia?
Reciprocidad y distribución de beneficios Explorar la percepción de equilibrio o desequilibrio entre los beneficios obtenidos por la universidad y los obtenidos por la comunidad. ¿Considera que ambas partes se beneficiaron de manera similar? ¿Por qué?
Limitaciones y aspectos críticos Reconocer dificultades, tensiones o problemáticas observadas durante la ejecución de las iniciativas. ¿Qué aspectos del proyecto considera insuficientes o susceptibles de mejora?
Continuidad, confianza y proyección del vínculo Examinar expectativas respecto de la sostenibilidad de la relación con la universidad y futuras colaboraciones. ¿Le interesaría continuar trabajando con la universidad? ¿Qué condiciones serían necesarias para ello?

Fuente: Elaboración propia.

En relación con la selección de los casos, el muestreo consideró proyectos desarrollados por seis universidades chilenas con características institucionales diversas. La muestra incluyó tres universidades públicas y tres privadas, entre estas últimas instituciones pertenecientes y no pertenecientes al Consejo de Rectores de las Universidades Chilenas (CRUCH). Asimismo, se incorporaron universidades de distinto tamaño organizacional —medianas y grandes— y con diferentes niveles de acreditación institucional, incluyendo instituciones acreditadas en nivel Avanzado y de Excelencia, algunas de las cuales contaban con acreditación en la dimensión de vinculación con el medio. Los proyectos analizados fueron ejecutados entre 2022 y 2024 en distintas regiones del país (Tarapacá, Antofagasta, Metropolitana y Biobío) y se vincularon con diversos tipos de socios comunitarios, considerando juntas de vecinos urbanas y rurales, fundaciones educacionales y organizaciones comunitarias territoriales. Esta diversidad institucional y territorial permitió incorporar una variedad de experiencias de VcM, favoreciendo una aproximación comparativa al fenómeno estudiado (véase Tabla 3).

Tabla 3.
Características de los casos seleccionados
Universidad Tipo de universidad Tamaño1 Acreditación2 Año de ejecución proyecto Región Tipo de socio comunitario
Universidad 1 Privada no CRUCH Grande Avanzada (no incluye VcM) 2022-2024 Tarapacá Junta de vecinos rural
Universidad 2 Pública Mediana Excelencia (incluye VcM) 2023-2024 Antofagasta Junta de vecinos urbana
Universidad 3 Pública Grande Excelencia (incluye VcM) 2023-2024 Metropolitana Fundación educacional
Universidad 4 Privada no CRUCH Mediana Avanzada (no incluye VcM) 2023-2024 Metropolitana Junta de vecinos rural
Universidad 5 Privada CRUCH Grande Avanzada (incluye VcM) 2022-2024 Biobío Junta de vecinos urbana
Universidad 6 Pública Mediana Avanzada (incluye VcM) 2023-2024 Los Lagos Organización gremial de emprendedores

1Tamaño medido según matrícula total: 0-9.000 (pequeña); 9.000-17.848 (mediana); 17.848 o más (grande); (promedio 13.424).

2Acreditación: Si los años de acreditación institucional son tres o menos, entonces la acreditación es Básica; si son cuatro o cinco, Avanzada; si son seis o siete, de Excelencia. En el caso de las universidades que no tienen acreditada VcM, se debe a que esta sería obligatoria a partir de mayo de 2025. Por tanto, en los casos en que la incluyen, considerando la fecha de realización de este estudio, se trata de una acreditación de carácter voluntaria.

Fuente: Elaboración propia.

El muestreo de participantes fue de carácter intencionado, seleccionándose los casos de estudio en función de su potencial para contribuir al desarrollo de intelecciones teóricas en una diversidad de contextos institucionales. Los criterios de selección consideraron variables sociodemográficas y de participación en los proyectos, tales como género —con el propósito de resguardar la paridad—, edad —procurando una distribución etaria equilibrada entre los 18 y los 78 años— y nivel de involucramiento en las actividades desarrolladas. El total de participantes ascendió a 72 personas, distribuidas en 12 beneficiarios por cada proyecto analizado.

El proceso de producción de información se llevó a cabo mediante la realización de seis grupos de discusión, cuya duración osciló entre 75 y 90 minutos. Estas sesiones se desarrollaron en modalidad telemática entre los meses de agosto y septiembre de 2024.

Posteriormente, el proceso de transcripción, sistematización y análisis de los datos se efectuó entre los meses de octubre y noviembre del mismo año. Para el análisis se empleó el enfoque de análisis estructural del discurso propuesto por Martinic (2006), orientado a identificar los principios organizadores presentes en los discursos de socios comunitarios y beneficiarios respecto de la interacción establecida con las instituciones de educación superior y del eventual beneficio mutuo derivado de dicha relación. Este procedimiento implicó la identificación de unidades básicas de sentido y su posterior recomposición en categorías analíticas estructuradas en torno a relaciones de oposición, equivalencia y jerarquía, permitiendo reconstruir los esquemas interpretativos que subyacen a las experiencias relatadas por los participantes.

En coherencia con las recomendaciones para fortalecer la credibilidad y consistencia del análisis cualitativo (Miles et al., 2019), las categorías emergentes fueron contrastadas transversalmente entre los seis grupos de discusión, lo que permitió verificar su recurrencia y consistencia en los distintos casos analizados. Asimismo, la categorización inicial fue revisada por un segundo investigador, proceso que facilitó discutir los criterios de clasificación y alcanzar consenso respecto de la definición y delimitación de las categorías finales.

4. Resultados

Las categorías presentadas a continuación corresponden a patrones discursivos identificados de manera recurrente en los grupos de discusión analizados. Su construcción se realizó considerando tanto la recurrencia de determinados tópicos como su presencia transversal en distintos casos y contextos institucionales. En este sentido, las categorías no derivan de opiniones aisladas ni de experiencias particulares, sino de temas que emergieron reiteradamente en los relatos de los participantes y que fueron reconocibles en múltiples espacios de discusión.

Las citas textuales incluidas en cada apartado tienen un carácter ilustrativo y fueron seleccionadas por su capacidad para representar argumentos, percepciones y experiencias que aparecieron de forma recurrente en los discursos analizados. En consecuencia, las cuñas presentadas no deben interpretarse como evidencia única de los hallazgos, sino como ejemplos representativos de tendencias más amplias identificadas a lo largo del proceso analítico.

Asimismo, las categorías reportadas alcanzaron saturación analítica, en la medida en que continuaron emergiendo en distintos grupos de discusión sin aportar elementos sustantivamente nuevos a su comprensión. Si bien la intensidad y profundidad con que cada temática fue abordada varió entre los casos, todas las categorías incluidas en los resultados estuvieron presentes en más de una instancia de discusión y mostraron suficiente recurrencia para ser consideradas parte de los patrones interpretativos compartidos por los participantes.

Tabla 4.
Recurrencia y transversalidad de las categorías identificadas en los grupos de discusión3
Categoría analítica Presencia en los grupos de discusión Relevancia analítica
Insuficiencia de los beneficios percibidos Presente en los seis grupos de discusión analizados (6 de 6 grupos). Hallazgo central que estructura la valoración general de los proyectos.
Asimetrías entre saberes académicos y territoriales Presente en los seis grupos de discusión analizados (6 de 6 grupos). Hallazgo transversal asociado a la participación y toma de decisiones.
Insuficiencia de los mecanismos de diagnóstico territorial Presente en cinco de los seis grupos de discusión analizados (5 de 6 grupos). Hallazgo ampliamente compartido que explica dificultades en la construcción de beneficios mutuos.
Tensiones entre bidireccionalidad declarada y experiencia efectiva Presente en los seis grupos de discusión analizados (6 de 6 grupos). Categoría integradora que articula los principales hallazgos del estudio.
Desgaste relacional e instrumentalización de la participación Presente en cuatro de los seis grupos de discusión analizados (4 de 6 grupos). Hallazgo relevante, aunque menos transversal que las categorías anteriores.

3Nota: Las categorías reportadas alcanzaron saturación analítica durante el proceso de análisis. La frecuencia corresponde al número de grupos de discusión en los que emergió cada temática como parte de los patrones discursivos identificados.

Fuente: Elaboración propia.

Como se observa en la Tabla 4, no todas las categorías presentaron el mismo nivel de recurrencia. Mientras la insuficiencia de los beneficios percibidos, las asimetrías entre saberes académicos y territoriales y las tensiones entre la bidireccionalidad declarada y la experiencia efectiva emergieron de manera transversal en los seis grupos de discusión analizados, otras categorías —como el desgaste relacional y la instrumentalización de la participación— aparecieron con menor intensidad y se asociaron a contextos institucionales específicos. Esta diferenciación permite distinguir entre hallazgos estructurales, presentes de manera consistente en la mayoría de los casos examinados, y problemáticas cuya manifestación parece depender de determinadas trayectorias institucionales o modalidades particulares de implementación de los proyectos.

4.1. Insuficiencia de los mecanismos de diagnóstico territorial

Un elemento central para la generación de beneficios externos en el marco de proyectos de vinculación con el medio es la producción de conocimiento situado, colaborativo y suficientemente profundo respecto de las necesidades y demandas de los territorios. A partir del análisis de los grupos de discusión realizados, se advierte que, en la totalidad de los casos examinados, las universidades tienden a privilegiar instrumentos estandarizados —principalmente encuestas y cuestionarios— orientados a la elaboración de diagnósticos iniciales sobre las realidades territoriales en las que intervienen. No obstante, los participantes señalan que tales mecanismos resultan insuficientes para captar la complejidad de sus problemáticas:

Para conocer nuestras problemáticas y demandas aplican cuestionarios. A veces, personalmente, pero otras veces se comparte por WhatsApp o por códigos QR. Está bien que tomen en cuenta nuestras opiniones, pero también nos gustaría tener conversaciones más profundas. Las preguntas de las encuestas que nos aplican solo nos permiten decir si estamos de acuerdo con algo o no, pero no nos permiten explayarnos sobre las cosas que nos preocupan o afectan. (Beneficiario, grupo de discusión universidad 3)

Desde esta perspectiva, los instrumentos de recogida de información parecen orientarse, con frecuencia, a verificar la presencia o ausencia de problemáticas previamente definidas por las instituciones ejecutoras de los proyectos, operando en la práctica como listas de chequeo destinadas a validar necesidades territoriales alineadas a determinadas estructuras curriculares. Si bien los beneficiarios reconocen que algunas de sus demandas son abordadas y que ciertas intervenciones resultan pertinentes, también señalan que un número significativo de problemáticas permanece invisibilizado:

En general, apreciamos mucho lo que la universidad hace por nosotros. Ofrece oportunidades que, de otra forma, no podríamos tener. Además, los profesores y los estudiantes se preocupan de darnos un buen servicio. Sin embargo, muchas de nuestras inquietudes no son abordadas y eso genera frustración y desencanto. A veces, intentamos que problemáticas distintas sean abordadas por las propuestas y hay dificultades para que sean tomadas en cuenta. (Beneficiario, grupo de discusión universidad 5)
Creemos que, si nuestras opiniones fueron consideradas, los proyectos quedarían mejor diseñados. A veces, nosotros tenemos ideas que aportar, pero no existen las oportunidades para hablar sobre eso. Creo que ese es un aspecto en que debiera mejorarse. (Beneficiario, grupo de discusión universidad 2)

En consecuencia, emerge una expectativa transversal entre socios comunitarios y beneficiarios respecto de la necesidad de contar con instancias de diálogo más profundas que permitan problematizar colectivamente las realidades territoriales. Desde su perspectiva, el conocimiento que las universidades construyen sobre los territorios resulta parcial e insuficiente, cuestión particularmente relevante si se considera que la comprensión situada de las necesidades comunitarias constituye una condición básica para la generación de beneficios mutuos.

4.2. Persistencia de relaciones asimétricas

El enfoque bidireccional supone, en términos normativos, el avance hacia relaciones progresivamente simétricas entre instituciones de educación superior y actores territoriales. Sin embargo, los discursos analizados evidencian la persistencia de configuraciones relacionales marcadas por asimetrías de poder, en las cuales los saberes académicos tienden a ser jerarquizados por sobre los conocimientos construidos desde la experiencia comunitaria.

Nosotros creemos que nosotros también tenemos conocimientos que podrían aportar a los estudiantes. Es cierto, ellos están estudiando para ser profesionales y están adquiriendo herramientas de mucho valor. Pero nosotros también llevamos muchos años ejerciendo nuestros oficios y profesiones, en muchos casos, y podemos entregar consejos más allá del rol de usuarios o beneficiario pasivo. Esos espacios no se ofrecen y sería importante que se generaran. Creo que ambos perdemos mucho al no entregarnos esa posibilidad de compartir experiencias. (Beneficiario, grupo de discusión universidad 1)

Asimismo, se observa una limitada retroalimentación respecto de los procesos diagnósticos desarrollados por las universidades, lo que refuerza la percepción de unilateralidad en la gestión de los proyectos:

Contestamos las encuestas, pero luego no comparten los resultados con nosotros. Conocer los resultados nos ayudaría a saber con claridad si las actividades que se están realizando responden de verdad a nuestras necesitamos. A veces tenemos la sensación de que no es así. (Beneficiario, grupo de discusión universidad 6)

Estas dinámicas sugieren la persistencia de esquemas relacionales en los que la comunidad es situada fundamentalmente como receptora de intervenciones, más que como actor epistémico relevante en la construcción de soluciones.

4.3. Frustración de expectativas y percepción de instrumentalización

Las limitaciones en los procesos diagnósticos y la persistencia de relaciones asimétricas se expresan, en numerosos casos, en expectativas frustradas respecto de los efectos de la vinculación universitaria en los territorios. Los beneficiarios señalan que la reiteración de actividades similares a lo largo del tiempo, sin ajustes sustantivos frente a las problemáticas emergentes, debilita progresivamente el interés por participar:

Este proyecto se ha llevado a cabo por tres años. El primer año, las actividades resultaron especialmente útiles porque se abordaron problemas muy urgentes e importantes. Pero después, al segundo y tercer año… las actividades se repetían y, en muchos casos, los problemas se habían resuelto, así es que el interés por participar bajó. O sea, nos visitan las mismas carreras para realizar las mismas actividades que el primer año, pero el interés ha disminuido. (Beneficiario, grupo de discusión universidad 4)

En algunos casos, esta experiencia deriva en la percepción de que la participación comunitaria puede ser instrumentalizada en función de necesidades institucionales asociadas a procesos de acreditación o posicionamiento:

A veces, nos hemos sentido utilizados. O sea, los estudiantes y los profesores vienen y hacen sus actividades. Nosotros les abrimos la puerta de nuestras comunidades, pero hay periodos en que sentimos que en realidad nuestros problemas y necesidades no importan. A veces, queremos avanzar, dar pasos para enfrentar problemas que de verdad nos aquejan y sentimos que las respuestas no están a la altura. Por ejemplo, nosotros acá tenemos un problema de seguridad muy grande. Las autoridades no han logrado dar respuesta. Nosotros siempre hemos creído que la universidad podría colaborar con nosotros. Sabemos que tienen una carrera de Ingeniería en Electricidad que podría colaborarnos con la instalación de alarmas comunitarias, por ejemplo, pero esas iniciativas no salen adelante. En lugar de eso, han insistido una y otra vez con la regularización de las instalaciones eléctricas de nuestras cosas. Eso está bien, por cierto, pero nos gustaría avanzar hacia necesidades más concretas. (Beneficiario, grupo de discusión universidad 5)
La universidad tenía que participar de… acreditación. Nos pidieron participar de reuniones por videoconferencia para eso. Entonces, nos llamaban por teléfono y nos indicaron cómo sería la entrevista, pero cuando el proceso terminó también se desentendieron de lo que nos estaba pasando. A menudo tenemos la sensación de que nos utilizan para sus propios intereses. (Beneficiario, grupo de discusión universidad 3)

En este contexto, los participantes expresan expectativas respecto de la obtención de beneficios más tangibles y sostenidos derivados de la relación con las universidades:

Siempre nos piden ayuda para realizar las actividades. Nosotros difundimos por WhatsApp o compartimos afiches, movilizamos a los vecinos y a nuestros socios del Centro Social, Cultural y Deportivo, pero también sentimos que toda esa ayuda no es suficientemente recompensada. Podrían ayudarnos de otras formas. Por ejemplo, algo que a nosotros nos haría mucha falta es que nos entreguen capacitación y certificados de esa capacitación, pero eso nunca sucede. Nos explican que no es posible dar certificación porque eso es más difícil, porque hay toda una burocracia y papeleos que completar, pero para mejorar nuestras posibilidades laborales y las oportunidades para nuestras familias eso resultaría esencial. (Beneficiario, grupo de discusión universidad 2)

4.4. Percepción de beneficios desiguales

En coherencia con lo anterior, los discursos analizados permiten advertir que numerosos socios comunitarios y beneficiarios perciben que las relaciones establecidas con las universidades aún no alcanzan niveles de reciprocidad sustantiva. Desde su perspectiva, las instituciones obtendrían beneficios simbólicos y reputacionales que no siempre se traducen en mejoras equivalentes en las condiciones de vida de las comunidades:

Pienso que la universidad se ve, al final, más beneficiada que nosotros. El otro día leí un reportaje en que se menciona la labor que hace la universidad con las comunidades y los barrios. De hecho, el reportaje mencionaba nuestro proyecto en particular. Entonces, yo me doy cuenta de que la universidad recibe reconocimiento a partir del trabajo, pero pienso que el beneficio que nosotros obtenemos está por debajo de lo que podríamos conseguir si nuestras demandas fueran mejor abordadas. (Beneficiario, grupo de discusión universidad 6)

Esta percepción se vincula, además, con un progresivo deterioro de la confianza en los procesos de vinculación y con una disminución de la disposición a participar en futuras iniciativas:

Al final, nos quedamos con la sensación de que la universidad piensa que sabe lo que es mejor para nosotros que nosotros mismos y, sin duda, eso produce un deterioro. La confianza disminuye. También los deseos de participar en otras actividades. (Beneficiario, grupo de discusión universidad 3)

Del mismo modo, los participantes identifican necesidades específicas que consideran prioritarias y que, a su juicio, no han sido suficientemente consideradas:

A nosotros nos gustaría recibir más beneficios de parte de la universidad. Por ejemplo, nosotros sabemos que la universidad podría ofrecernos operativos dentales. Esa es una gran necesidad para nosotros porque eso, sabemos todos, es muy costoso en Chile. Sin embargo, eso no se atiende y tendríamos una lista enorme de vecinos que estarían muy interesados […] no tenemos, tal vez, las herramientas para negociar y exigirle a la universidad que se concentre también en necesidades concretas. Nosotros deberíamos golpear la mesa también y, puesto que ellos nos necesitan, deberíamos hacer exigencias para que el trabajo continúe realizándose; pero a veces sentimos que no tenemos ese poder de negociación y que la universidad simplemente podría ir y buscar otras comunidades si nuestras aspiraciones o demandas no son de su agrado. Entonces, creo que todavía no podemos hablar de beneficios mutuos. (Beneficiario, grupo de discusión universidad 4)

En contraste, los socios comunitarios advierten que las universidades parecen establecer relaciones más simétricas con otros actores institucionales, como organismos públicos o empresas privadas:

Debido a mi rol de dirigente vecinal, yo participo de distintas actividades. Me invitan a reuniones y en esas reuniones he podido advertir que la universidad se relaciona de otro modo con la municipalidad o con las empresas privadas. Ellos están en condiciones de hacer exigencias y las conversaciones tienen otras características. Nosotros debiéramos aspirar a lo mismo, pero nos conformamos con ser simplemente usuarios que reciben lo que la universidad nos ofrece y no exigimos de acuerdo con nuestras necesidades. (Beneficiario, grupo de discusión universidad 6)

Al mismo tiempo, algunos participantes reconocen que estas asimetrías pueden estar vinculadas a debilidades organizativas propias de las comunidades:

Tal vez nosotros no hemos tenido la capacidad de organizarnos y actuar con más fuerza, como una comunidad sólida que conoce bien sus necesidades. En ese sentido, hemos sido algo pasivos. Por ejemplo, nosotros podríamos organizarnos y organizar nuestros propios diagnósticos, y cuando la universidad venga a conversar con nosotros, mostrarle nuestros datos y expresar que sabemos cuáles son nuestros problemas y esperar las propuestas de su parte. Ahora, en cambio, esperamos que ellos lo resuelvan todo, diagnósticos y planes de intervención, pero eso nos deja en una posición de desventaja. A mí me enseñaron una palabra en una ocasión, en un taller. Esa palabra era empoderar, creo que eso es algo que nos falta. Empoderamiento. (Beneficiario, grupo de discusión universidad 5)

5. Conclusiones

Los resultados obtenidos permiten advertir, en términos generales, que los socios comunitarios y beneficiarios de los proyectos sociales implementados por las universidades analizadas perciben que los beneficios derivados de estas iniciativas se sitúan por debajo de sus expectativas. Si bien reconocen que la intervención universitaria puede generar contribuciones concretas en determinados ámbitos de la vida comunitaria, tales contribuciones son evaluadas como parciales, discontinuas o insuficientes en relación con la magnitud y complejidad de las problemáticas territoriales que enfrentan. En consecuencia, emerge una sensación recurrente de expectativas frustradas respecto del alcance real de la asistencia y de las transformaciones significativas que los actores comunitarios esperan obtener a partir de su vinculación con las instituciones de educación superior.

Este hallazgo resulta particularmente significativo porque tensiona uno de los supuestos centrales sobre los cuales se ha estructurado la vinculación con el medio en el sistema chileno: la idea de que las relaciones entre universidades y territorios generan beneficios mutuos para todos los actores involucrados. Como señala Araya (2024), las universidades chilenas han desarrollado modelos institucionales que suelen definir con mayor claridad los beneficios internos derivados de la vinculación que aquellos esperados para comunidades y territorios. Desde esta perspectiva, la percepción de insuficiencia expresada por los participantes podría reflejar una brecha entre los beneficios externos declarados por las instituciones y las transformaciones efectivamente percibidas por quienes participan en los proyectos.

Asimismo, los resultados dialogan con los hallazgos del estudio desarrollado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD, 2018), el cual evidenció la ausencia de una definición compartida de la bidireccionalidad entre las universidades estatales chilenas. Mientras algunas instituciones la asociaban al beneficio mutuo, otras la vinculaban al intercambio de saberes, la participación comunitaria o la construcción conjunta de conocimiento. Esta diversidad conceptual adquiere relevancia a la luz de los hallazgos aquí presentados, pues sugiere que las expectativas expresadas por los actores territoriales no responden necesariamente a una única comprensión de la relación universidad-comunidad, sino a demandas heterogéneas que incluyen reconocimiento, participación efectiva, continuidad de los vínculos y capacidad de respuesta frente a problemáticas concretas.

En términos similares, Salazar Alvarado et al. (2025) sostienen que la complejidad de las relaciones universidad-comunidad difícilmente puede reducirse a la distinción clásica entre acciones unidireccionales y bidireccionales. Los resultados de este estudio refuerzan dicha observación. Los participantes no evalúan positivamente los proyectos únicamente porque exista interacción con la universidad o porque hayan sido incorporados a determinadas actividades. Por el contrario, la valoración de las iniciativas se encuentra estrechamente vinculada a la percepción de que dichas interacciones generan efectos concretos, sostenibles y pertinentes para sus contextos. En este sentido, la mera existencia de espacios de encuentro o consulta no constituye evidencia suficiente de bidireccionalidad desde la perspectiva de los actores territoriales.

En este contexto, uno de los hallazgos más relevantes del estudio refiere a la insuficiencia de los mecanismos utilizados para conocer las necesidades y demandas de las comunidades. Los beneficiarios coinciden en señalar que los instrumentos diagnósticos empleados por las universidades —principalmente encuestas y cuestionarios estandarizados— no logran capturar la profundidad ni la especificidad de las realidades territoriales. Esta tendencia a privilegiar aproximaciones de carácter cuantitativo puede asociarse a la necesidad institucional de disponer de información susceptible de sistematización y reporte, en consonancia con las exigencias de rendición de cuentas propias del sistema de aseguramiento de la calidad. Sin embargo, esta lógica operativa limita la posibilidad de construir diagnósticos compartidos y socializados, dificultando la generación de consensos en torno a las prioridades de intervención y debilitando las condiciones necesarias para la construcción de beneficios mutuos.

Este resultado coincide con los planteamientos de Dougnac-Quintana et al. (2024), quienes muestran que las comunidades esperan formas de vinculación más sensibles a las particularidades territoriales y con mayor capacidad de incidencia en la definición de prioridades. Del mismo modo, se aproxima a la noción de compromiso territorial desarrollada por Labraña et al. (2023), para quienes la relación entre universidad y territorio no puede reducirse a la ejecución de actividades o proyectos aislados, sino que supone la capacidad institucional de reconocer, integrar y movilizar conocimientos, capacidades y necesidades presentes en los contextos locales.

A ello se suma la persistencia de configuraciones relacionales marcadas por asimetrías epistémicas y organizacionales. Los actores comunitarios participantes de este estudio perciben que los saberes provenientes de la academia tienden a ser jerarquizados por sobre los conocimientos situados que emergen de la experiencia territorial, lo que restringe las posibilidades de participación efectiva en los procesos de diseño, implementación y evaluación de los proyectos. Esta percepción de subordinación simbólica y práctica contribuye a consolidar dinámicas en las cuales las comunidades son concebidas principalmente como receptoras de servicios o intervenciones, más que como agentes activos en la producción de soluciones pertinentes a sus contextos.

La relevancia de este resultado trasciende los casos analizados. Diversas corrientes internacionales vinculadas al university-community engagement, la co-production of knowledge y la community-based participatory research han sostenido que la generación de relaciones sostenibles requiere reconocer la legitimidad de los conocimientos producidos fuera de la academia y promover formas de colaboración que distribuyan de manera más equilibrada la capacidad de decisión entre los actores involucrados (Pugh, 2016; Cano Menoni y Flores, 2023). Desde esta perspectiva, las asimetrías identificadas en los discursos de los participantes representan un obstáculo significativo para la consolidación de relaciones efectivamente colaborativas. Más aún, los hallazgos sugieren que las tensiones observadas en los casos analizados no constituyen una particularidad exclusivamente chilena, sino que reflejan desafíos ampliamente documentados en la literatura internacional sobre la tercera misión universitaria y el compromiso comunitario, donde las exigencias institucionales de gestión y rendición de cuentas suelen coexistir en tensión con los principios de participación, reciprocidad y construcción conjunta de conocimiento. En este sentido, los resultados no solo son consistentes con dichos enfoques, sino que también permiten comprender algunas de las dificultades que enfrentan cuando son implementados en contextos institucionales altamente regulados. Mientras la literatura internacional suele enfatizar la necesidad de distribuir de manera más equilibrada la capacidad de decisión entre universidades y comunidades, los hallazgos muestran que las asimetrías persisten incluso en iniciativas que son presentadas institucionalmente como bidireccionales. De este modo, el estudio sugiere que la incorporación formal de principios participativos no garantiza, por sí misma, la transformación de las relaciones de poder que estructuran la interacción entre academia y territorio.

Los hallazgos sugieren, asimismo, que estas dinámicas pueden derivar en procesos de desgaste relacional que afectan la sostenibilidad de los vínculos entre universidades y territorios. La reiteración de actividades similares en el tiempo, la falta de ajustes sustantivos a las necesidades emergentes y la percepción de instrumentalización de la participación comunitaria en función de objetivos institucionales —como procesos de acreditación o posicionamiento reputacional— contribuyen a erosionar la confianza y a disminuir la disposición de los actores territoriales a involucrarse en futuras iniciativas. En este sentido, la noción de beneficio mutuo tiende a diluirse en la experiencia concreta de los beneficiarios, generando tensiones entre el discurso normativo de la bidireccionalidad y las prácticas efectivamente desplegadas.

No obstante, estos resultados deben interpretarse con cautela. Las percepciones recogidas corresponden a proyectos desarrollados en instituciones con características organizacionales, trayectorias de vinculación con el medio y contextos territoriales diversos. En consecuencia, no es posible atribuir las tensiones identificadas exclusivamente a las universidades participantes ni asumir que constituyen rasgos homogéneos del sistema. Más bien, los hallazgos sugieren la existencia de desafíos que podrían asociarse tanto a determinadas formas de implementación institucional como a condiciones estructurales que atraviesan actualmente el desarrollo de la VcM en la educación superior chilena.

Desde una perspectiva más amplia, estos resultados permiten problematizar las condiciones bajo las cuales se está implementando el enfoque bidireccional en el sistema de educación superior chileno. Si bien la incorporación de la vinculación con el medio como dimensión obligatoria de acreditación ha contribuido a institucionalizar la relación entre universidades y sus entornos, también parece haber favorecido una comprensión operativa y, en ocasiones, instrumental del concepto de bidireccionalidad. Esta interpretación resulta coherente con los cuestionamientos formulados por Casas y Torralbo (2023), quienes advierten que los sistemas de aseguramiento de la calidad pueden terminar configurando una “camisa de fuerza” para la tercera misión universitaria, privilegiando aquello que resulta medible y reportable por sobre dimensiones relacionales más complejas. En términos similares, Fleet et al. (2023) sostienen que la VcM se encuentra crecientemente tensionada entre las exigencias de rendición de cuentas y las aspiraciones de reconocimiento público y legitimidad social.

Esta tensión no constituye una particularidad exclusivamente chilena. Diversos estudios sobre third mission y university-community engagement han advertido que la creciente institucionalización de las relaciones universidad-comunidad suele ir acompañada de procesos de formalización, medición y rendición de cuentas que pueden entrar en conflicto con los principios de participación, reciprocidad y construcción conjunta de conocimiento que originalmente buscaban promover (McDowell, 2003; Molas-Gallart, 2005). Desde esta perspectiva, los hallazgos del presente estudio contribuyen a visibilizar cómo estas tensiones globales adquieren expresiones específicas en el contexto de la educación superior chilena, particularmente en un escenario en el que la bidireccionalidad ha adquirido una elevada centralidad normativa y evaluativa. En este sentido, los resultados sugieren que la incorporación formal de principios participativos no garantiza, por sí misma, la construcción de relaciones efectivamente colaborativas ni la generación de beneficios percibidos como mutuos, especialmente cuando las exigencias institucionales de gestión y rendición de cuentas terminan predominando sobre los procesos de diálogo, reconocimiento y coproducción con los actores territoriales.

En consecuencia, el principal aporte de esta investigación consiste en mostrar que las dificultades para alcanzar relaciones percibidas como mutuamente beneficiosas no parecen derivar únicamente de problemas asociados a proyectos específicos, sino también de tensiones estructurales presentes en la forma en que la vinculación con el medio ha sido conceptualizada, gestionada y evaluada en el contexto chileno. Más que cuestionar la pertinencia de la bidireccionalidad como principio orientador, los hallazgos sugieren la necesidad de profundizar su discusión conceptual, revisar críticamente sus formas de operacionalización y fortalecer metodologías capaces de incorporar de manera efectiva las voces, expectativas y conocimientos de los actores territoriales. En este sentido, los resultados no solo aportan evidencia empírica para comprender los desafíos actuales de la VcM en Chile, sino que también contribuyen a los debates internacionales sobre la relación entre universidades y comunidades. Particularmente, sugieren que la consolidación de vínculos percibidos como mutuamente beneficiosos depende menos de la existencia formal de mecanismos de interacción que de la capacidad institucional para construir procesos sostenidos de participación, reconocimiento y coproducción. De este modo, los hallazgos complejizan aquellas aproximaciones que asumen que la bidireccionalidad puede garantizarse mediante dispositivos normativos o procedimientos de gestión, destacando la relevancia de las dimensiones relacionales que subyacen a toda forma de colaboración entre universidad y territorio.

Desde una perspectiva metodológica, los hallazgos sugieren que el fortalecimiento de la bidireccionalidad requiere revisar las formas mediante las cuales las universidades diseñan, implementan y evalúan sus iniciativas de vinculación con el medio. En particular, los resultados evidencian la necesidad de complementar los mecanismos tradicionales de diagnóstico —frecuentemente sustentados en encuestas y cuestionarios estandarizados— con estrategias participativas orientadas a la construcción conjunta de problemas y prioridades de intervención. Ello podría incluir la realización de talleres deliberativos, mesas de trabajo territoriales, procesos de validación comunitaria de diagnósticos e instancias de diálogo que permitan incorporar de manera más sistemática los conocimientos y experiencias de los actores locales. Esta orientación resulta consistente con los enfoques de community-based participatory research y co-production of knowledge, los cuales sostienen que la pertinencia y sostenibilidad de las intervenciones dependen de la capacidad de los proyectos para involucrar activamente a los actores territoriales en la definición de los problemas, objetivos y estrategias de acción.

Asimismo, la evidencia recogida sugiere que la participación comunitaria no debiese limitarse a las etapas iniciales de identificación de necesidades, sino extenderse al diseño, seguimiento y evaluación de los proyectos. Desde esta perspectiva, avanzar hacia formas más sustantivas de bidireccionalidad implica incorporar mecanismos de retroalimentación permanente, instancias de devolución de resultados y procedimientos de evaluación participativa que permitan a las comunidades influir efectivamente en las decisiones asociadas al desarrollo de las iniciativas. De este modo, la coproducción de conocimiento deja de constituir únicamente un principio normativo para transformarse en un criterio metodológico capaz de orientar la construcción de relaciones más simétricas, pertinentes y sostenibles entre universidades y territorios. Más aún, los resultados indican que la evaluación de la VcM podría beneficiarse de enfoques que no solo midan productos e impactos finales, sino que también consideren la calidad de los procesos participativos, los niveles de involucramiento de los actores comunitarios y la capacidad de las iniciativas para generar aprendizajes compartidos y relaciones de confianza a largo plazo.

Finalmente, este estudio presenta algunas limitaciones que abren oportunidades para futuras investigaciones. Entre ellas, se encuentra el número acotado de casos analizados y la focalización en proyectos específicos de intervención sociocomunitaria. Asimismo, la investigación se concentra en la perspectiva de socios comunitarios y beneficiarios, sin incorporar las visiones de académicos, estudiantes o directivos responsables de las iniciativas. Futuras investigaciones podrían profundizar en análisis comparativos entre distintos tipos de instituciones, territorios y modelos de vinculación con el medio, permitiendo determinar en qué medida las tensiones identificadas responden a características particulares de las universidades participantes o, por el contrario, reflejan tendencias más amplias presentes en el sistema de educación superior chileno. Ello contribuiría al desarrollo de marcos analíticos más robustos para comprender la bidireccionalidad no solo como un principio normativo o un criterio de acreditación, sino como un proceso relacional complejo, atravesado por dinámicas de poder, expectativas institucionales, capacidades organizacionales y transformaciones territoriales.

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