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Revista Realidad Educativa, julio 2026, v. VI, n° 2, ISSN: 2452-6134
doi 10.38123/rre.v6i2.1011

Masculinidades en tránsito: Motivaciones y trayectorias de varones en la carrera de Trabajo Social

Masculinities in Transition: Motivations and Trajectories of Men in the Social Work Career

Franco Molina SalazarORCID logo

Universidad Alberto Hurtado, Chile

Resumen

El presente trabajo tiene como propósito analizar las motivaciones que llevaron a egresados varones de la carrera de Trabajo Social de la Universidad Alberto Hurtado a optar por esta profesión por sobre otras alternativas al momento de ingresar a la educación superior. En este contexto, resulta pertinente examinar los procesos de transformación personal desde la perspectiva de las trayectorias juveniles, considerando que Trabajo Social ha sido históricamente concebida y socialmente construida como una profesión feminizada. La investigación se desarrolló mediante la metodología del estudio de caso con enfoque cualitativo, basado en la realización de siete entrevistas semiestructuradas a egresados y tres entrevistas a profesionales de la Universidad Alberto Hurtado. Los principales hallazgos se orientan a la identificación de tres grandes motivaciones que explican la elección de la carrera y la permanencia en esta decisión a lo largo de la trayectoria educativa. Las conclusiones del estudio permiten iniciar un cuestionamiento sobre los imaginarios y las representaciones asociados a la asignación de roles y estereotipos de género, los cuales se socializan y reproducen en distintos espacios educativos.

Palabras clave: Trabajo Social, trayectorias juveniles, estudios superiores, masculinidades

Abstract

This study aims to analyze the motivations that led male graduates of the Social Work program at Alberto Hurtado University to choose this profession over other alternatives when entering higher education. In this context, it is relevant to examine the processes of personal transformation from the perspective of youth trajectories, considering that Social Work has historically been conceived and socially constructed as a feminized profession. The research was conducted using a qualitative case study methodology, based on seven semi-structured interviews with graduates and three interviews with professionals from Alberto Hurtado University. The main findings focus on identifying three major motivations that explain the choice of career and the persistence of this decision throughout their educational trajectory. The study's conclusions allow for an inquiry into the imaginaries and representations associated with the assignment of gender roles and stereotypes, which are socialized and reproduced in different educational settings.

Keywords: social work, higher education, higher trajectories, masculinities

Introducción

La presente investigación tuvo como propósito dar cuenta de cómo se configuran las trayectorias educativas de estudiantes jóvenes desde una perspectiva de género. Para ello, se analizaron las motivaciones y las trayectorias de estudiantes varones en una carrera históricamente asociada a la mujer, como Trabajo Social, en la Universidad Alberto Hurtado. En este estudio, las trayectorias educativas universitarias se comprendieron como un espacio de articulación entre las motivaciones de acceso, las representaciones sociales y los estereotipos de género vinculados a la elección de una profesión considerada femenina, por sobre otras tradicionalmente masculinas. Con este objetivo, se analizó el caso de la carrera de Trabajo Social, perteneciente a la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Alberto Hurtado.

Este trabajo presenta las reflexiones biográficas elaboradas por estudiantes varones que se encontraban próximos a egresar de la carrera de Trabajo Social y que actualmente se desempeñan como profesionales de la disciplina en diversos contextos laborales e institucionales. Estas reflexiones se articulan con el conocimiento que los jóvenes poseen sobre las perspectivas de género, las transformaciones experimentadas a nivel personal y sus proyecciones profesionales, con el fin de cuestionar y deconstruir ciertas prenociones presentes en los imaginarios sociales respecto de la elección de una carrera como Trabajo Social.

El foco de análisis de esta investigación se situó en la perspectiva de género, con especial énfasis en dimensiones como la validación y el estatus profesional (Lorente-Molina y Luxardo, 2018). Para abordar la dimensión de la validación se recurrió a la noción de reconocimiento, buscando relevar los aportes y saberes propios del Trabajo Social. Para ello, se adoptó un diseño metodológico de carácter cualitativo que contempló la realización de entrevistas individuales a integrantes de la comunidad educativa de Trabajo Social. Asimismo, se entrevistó a profesionales relevantes por su experiencia y conocimiento temático dentro del contexto institucional.

Respecto de los hallazgos y las conclusiones, se identificó como un elemento central el vínculo entre las trayectorias biográficas, las representaciones sociales y las motivaciones que llevan a estudiantes varones a elegir la carrera de Trabajo Social, aun cuando durante la enseñanza media o en sus grupos de pares reciban mensajes o estímulos que desincentivan dicha elección, debido a que esta profesión es considerada socialmente como una carrera "feminizada".

En cuanto a la relevancia y justificación del estudio, se consideró importante visibilizar cómo la disciplina del Trabajo Social se encuentra atravesada por cuestiones de género que inciden en la configuración interna de la carrera, evidenciando que estas influyen tanto en las motivaciones para elegirla como en las formas en que los estudiantes varones transitan su trayectoria universitaria.

Esto último invita a repensar el carácter formativo del Trabajo Social, pues se hace necesario articular las trayectorias educativas de los jóvenes que decidieron ingresar a la carrera con las perspectivas de género que caracterizan el contexto nacional, estableciendo un vínculo entre dichas trayectorias y un posible abordaje desde los estudios sobre masculinidades.

Respecto de la problemática de la feminización de las profesiones en el contexto universitario, se ha develado la existencia de un acceso desigual a determinadas disciplinas, sustentado en estereotipos de género que condicionan las preferencias y motivaciones de los jóvenes varones para optar por carreras como Trabajo Social. Diversas perspectivas teóricas han señalado que las disciplinas construidas socialmente como feminizadas suelen estar atravesadas por sesgos de género asociados a estereotipos y percepciones reduccionistas sobre su quehacer profesional, invisibilizando los aportes y saberes desarrollados por el Trabajo Social en el ámbito de la producción académica y la investigación.

En esta línea, Cortés-Mancilla (2025) plantea que el proyecto disciplinar del Trabajo Social, desde sus orígenes en 1925, se configura como un campo que produce conocimiento propio sobre lo social, sustentado en un horizonte colectivo, orientado al trabajo con comunidades y al abordaje de problemáticas sociales. En el surgimiento de las primeras escuelas se consolidaron los marcos referenciales, teóricos y éticos que distinguen al Trabajo Social, destacando la noción de posibilidad histórica y la tensión permanente hacia un futuro abierto para la disciplina (Cortés-Mancilla, 2025).

Ahora bien, para responder a la interrogante sobre por qué estudiar este tipo de carreras y cómo transitar por ellas, es necesario reconocer los aportes teórico-conceptuales de las perspectivas que abordan las trayectorias juveniles como eje de análisis en los contextos educativos. En este sentido, resulta relevante examinar la composición de la matrícula de primer año de la carrera de Trabajo Social en la Universidad Alberto Hurtado, observándose un descenso en el ingreso de estudiantes varones durante los últimos procesos de admisión, de acuerdo con los datos del Índice de Educación Superior Pregrado Carreras (Consejo Nacional de Educación, 2025).

Desde una perspectiva de género, se observa que las posibilidades de acceso de las mujeres a carreras vinculadas con el ámbito social y orientadas al cuidado o la ayuda a otros son considerablemente mayores, debido a que estas profesiones continúan siendo socialmente consideradas como feminizadas, en el marco de la división sexual del trabajo (Avendaño y González, 2012).

Diversos estudios han evidenciado que el género influye en la elección de la carrera profesional en múltiples dimensiones. En este sentido, las decisiones vocacionales de los estudiantes tienden a reproducir la distribución de género existente, donde las mujeres postulan con mayor frecuencia a carreras consideradas feminizadas. Asimismo, se observa un fenómeno de reproducción intergeneracional que constituye un factor relevante en las trayectorias educativas, ya que las elecciones de los estudiantes suelen estar influenciadas por el área de estudio o de trabajo de sus progenitores del mismo sexo, lo que limita las posibilidades de desafiar y transformar determinados esquemas de género (Mizala, 2018).

En el caso de la carrera universitaria de Trabajo Social, es posible observar un aumento sostenido de la matrícula estudiantil. Sin embargo, las diferencias entre la matrícula femenina y la masculina se han mantenido a lo largo del tiempo e, incluso, tienden a acentuarse durante la trayectoria formativa y el egreso de la carrera (Consejo Nacional de Educación, 2021).

Fuente: Elaboración propia basada en datos de matrícula en Trabajo Social,
Universidad Alberto Hurtado, CNED, 2025.

Es posible observar que el acceso de estudiantes varones a carreras socialmente construidas como feminizadas presenta una cierta tendencia gradual a la disminución durante los últimos cinco años. Esta situación plantea la interrogante acerca de cuáles son las motivaciones y expectativas de los estudiantes varones al momento de ingresar a la carrera de Trabajo Social en la Universidad Alberto Hurtado. Asimismo, resulta pertinente indagar en los mensajes, estímulos e incluso desincentivos que reciben durante la educación media y que podrían influir en el cuestionamiento de esta decisión vocacional.

Fuente: Elaboración propia basada en datos de matrícula en Trabajo Social,
Universidad Alberto Hurtado, CNED, 2025.

El fenómeno de investigación se orientó a comprender las trayectorias educativas de estudiantes varones en carreras socialmente construidas como feminizadas y que presentan una matrícula predominantemente femenina en esta universidad. Para ello, se relevaron dimensiones vinculadas con las motivaciones de acceso, el tránsito, la permanencia y el egreso de estudiantes varones en la carrera de Trabajo Social.

Considerando el problema de investigación y los antecedentes del contexto universitario, se formuló la siguiente pregunta de investigación: ¿Cómo se articulan las representaciones de género con las trayectorias educativas de estudiantes varones que deciden estudiar en carreras construidas socialmente como feminizadas?

El objetivo general que se abordó en esta investigación fue: Analizar cómo se articulan las representaciones de género con las trayectorias educativas de estudiantes varones que deciden estudiar Trabajo Social en la Universidad Alberto Hurtado.

Al abordar la noción de trayectorias educativas de estudiantes varones en relación con el criterio de género, resulta necesario examinar las brechas existentes en aspectos como los niveles de participación en los procesos de titulación según sexo (Servicio de Información de Educación Superior, 2021).

En cuanto a otros criterios asociados a la noción de trayectoria, resulta pertinente considerar indicadores como las tasas de retención estudiantil durante los dos primeros años de las carreras. Analizado desde una perspectiva de género, este criterio permite observar las diferencias en la permanencia de estudiantes varones en estas carreras. Al contrastar esta información con los datos generales del sistema de educación superior, se aprecia que las estudiantes mujeres presentan mayores niveles de permanencia, alcanzando un 76,3 %, en comparación con el 70,7 % registrado por los estudiantes varones entre los años 2015 y 2019. En este último año, la brecha de permanencia según sexo alcanzó los 5,6 puntos porcentuales (Servicio de Información de Educación Superior, 2021).

Una revisión histórica de la carrera de Trabajo Social

Una mirada histórica del Trabajo Social permite observar que las formas actuales de comprender esta profesión conservan rasgos de su configuración fundacional. En efecto, desde ciertos imaginarios sociales persistentes, el Trabajo Social continúa asociándose a actividades de cuidado o a cualidades como la bondad, la vocación, la sensibilidad y la empatía (Morales, 2015). Sin embargo, definir el quehacer profesional exclusivamente desde estas representaciones resulta insuficiente y reduccionista. Ello exige revisar el proceso histórico de profesionalización del Trabajo Social, entendido como una búsqueda intelectual orientada a la construcción de un cuerpo disciplinar, al desarrollo de métodos y técnicas de intervención contextualizados y a la consolidación de procesos reflexivos dirigidos a transformar la realidad social. Desde esta perspectiva, la disciplina no se limita a atender las consecuencias de los problemas sociales, sino que busca comprender e intervenir sobre sus causas estructurales (Illanes, 2007).

Este proceso de revisión histórica implicó una clara distinción entre una acción de carácter caritativo y filantrópico y otra orientada al análisis de las causas de los problemas sociales. Este último enfoque fue el que distinguió al Servicio Social en sus comienzos, ya que se articuló con métodos científicos para la producción de información relevante mediante encuestas, observaciones de campo y monografías, utilizadas como técnicas para identificar las causas de los problemas que afectaban a la sociedad (Illanes, 2007). Este esfuerzo por comprender en profundidad las problemáticas sociales permitió reconocer una forma de habitar el mundo del otro a través de una aproximación directa, entendida como un ejercicio que rompía con las divisiones sociales de la época entre el pueblo y las demás clases sociales, posibilitando estar con el otro, habitar el pueblo y ser parte de él (Illanes, 2007). Esta manera de comprender la construcción histórica del Trabajo Social conlleva también una disputa por el reconocimiento de la profesión. En este sentido, las distintas interpretaciones sobre su desarrollo han impulsado intentos por resignificar los primeros años de la disciplina, adoptando una postura crítica frente a aquellas perspectivas que sitúan a las primeras profesionales únicamente desde un enfoque conservador y asistencialista. Asimismo, cuestionan la idea de que el Trabajo Social sea una profesión carente de rigor científico, reivindicando su desarrollo disciplinar y su aporte a la producción de conocimiento sobre la realidad social (Morales, 2015).

Referencias teóricas que guiaron el estudio realizado

1. Representaciones de género en el contexto educativo

El concepto de representaciones socioculturales permitió articular distintas subjetividades que se encuentran asociadas a la elección de una carrera profesional por sobre otra. La idea de representaciones forma parte de los modos de producción de conocimiento colectivo vinculado al sentido común de las personas. Por tanto, apelan a los saberes prácticos asociados a la vida cotidiana que permiten que las y los sujetos puedan desenvolverse en la sociedad (Jodelet, 2011).

Al hablar de representaciones de género es importante considerar que estas se relacionan con la existencia de esquemas mentales que son transmitidos y que se cristalizan a través de una reproducción del sentido común. Este tipo de representaciones determinan a las y los sujetos por medio de responsabilidades y expectativas asociadas a un comportamiento social, sexual e identitario de los cuerpos, siguiendo una lógica de lo masculino y lo femenino (Latorre et al., 2019).

Una forma de operacionalizar la noción de representaciones de género consiste en relevar las tensiones entre el carácter anquilosado y la naturaleza dinámica de los estereotipos de género que se construyen y reproducen en el contexto de la educación superior. Asimismo, se advierte que los desafíos presentes en el ámbito universitario y entre sus distintos actores se vinculan con la posibilidad de adoptar una perspectiva de género como categoría analítica, capaz de cuestionar y transformar problemáticas tradicionalmente consideradas privadas en asuntos de carácter político (Genolet, 2020).

Esta dimensión se relaciona con las posibilidades de comprender las valoraciones que referencian las identidades femeninas a labores consideradas propias de su género, como la crianza y el cuidado, mientras que a los varones se les asignan roles vinculados a la provisión y la protección. La reproducción de estos estereotipos encuentra sustento no solo entre el estudiantado, sino también en el mundo adulto de las instituciones educativas, donde persisten prácticas que refuerzan concepciones de género basadas en estereotipos rígidos (Latorre et al., 2019).

Por consiguiente, las representaciones vinculadas a la existencia de estereotipos de género en el ámbito educativo contribuyen a propagar la idea de que existen capacidades innatas diferenciadas según se trate de estudiantes mujeres o varones. Ello implica asumir un orden natural de los géneros en la sociedad y, por tanto, considerar que tanto ese orden como los esquemas que lo sustentan no pueden ser transformados (Martínez y Bivort, 2013). Este tipo de argumentación responde más bien a una lógica funcional que justifica el orden tradicional. Se caracteriza por reflejar una representación sociocultural y una práctica de socialización reproducidas por diversas instituciones, como la familia y el sistema educativo, a través de su currículum oculto (Walkerdine, citado en Martínez y Bivort, 2013).

En consecuencia, resulta necesario transformar tanto la cultura institucional de los contextos universitarios como los esquemas de género que se reproducen mediante las representaciones e imaginarios presentes en quienes acceden a las distintas carreras. Una posible vía de cambio para los estudiantes varones consiste en cuestionar la configuración de sus propias masculinidades durante su trayectoria educativa. Este desafío es permanente, ya que involucra múltiples dimensiones y perspectivas presentes en una carrera socialmente construida como feminizada.

2. Masculinidades como estrategia de tránsito individual y/o colectiva

Desde una perspectiva de género, resulta necesario visualizar alternativas de abordaje desde las cuales los estudiantes puedan posicionarse de modo que superen los modelos tradicionales de masculinidad propios de representaciones hegemónicas del género. Este ejercicio permitiría construir relaciones más igualitarias establecidas al margen de supuestos dominación, en tanto facilitaría cuestionar los privilegios propios de la masculinidad (Sanfélix y Téllez, 2021).

Resulta interesante abordar las representaciones de género desde la perspectiva de los varones, pues los discursos emitidos desde una posición hegemónica tienden a reproducirse de manera acrítica. En este sentido, son escasos los movimientos de estudiantes varones que promuevan un análisis crítico de sus propias prácticas, debido a que ello podría implicar la pérdida de ciertos privilegios asociados a quienes ocupan posiciones hegemónicas en el contexto universitario (Andreu, citado en Morales y Bustos, 2018). Este ejercicio permite reconsiderar, desde una perspectiva generacional, la forma en que históricamente se han comprendido los géneros, llegando a la conclusión de que las masculinidades constituyen una construcción social de carácter relacional, que emerge como una posición desde la cual es posible cuestionar su propia condición hegemónica (García, 2015).

Este cuestionamiento de los estereotipos y de las formas de construir el género en los contextos educativos busca hacer frente a lo que Farías (2019) define teóricamente como espacios de homosocialización, entendidos como procesos de aprendizaje que se configuran a través de las relaciones interpersonales establecidas entre las y los jóvenes.

Las masculinidades pueden ser entendidas como un proceso de carácter histórico y dinámico, que se configura de manera localizada en un tiempo y grupo social determinados. Dichas configuraciones permiten la movilidad de los sujetos para significar sus propias trayectorias vitales, tomando sus recursos simbólicos respecto de lo femenino y lo masculino, pudiendo además innovar sobre los significados culturales recibidos (García, 2015).

Es relevante considerar que existen espacios de homosocialización masculina que autorregulan los comportamientos de los jóvenes, especialmente en contextos educativos donde solo está presente uno de los géneros, como ocurre, por ejemplo, en los liceos monogenéricos. En este sentido, los espacios de homosocialización son generados y habitados mayoritariamente por estudiantes varones en territorios socialmente construidos como masculinizados, actuando como "policías del género" al vigilar los cuerpos, la vestimenta, las prácticas y las emociones de quienes integran dichos espacios (Morales y Bustos, 2018). En estos contextos masculinizados se supervisa y sanciona aquello que es considerado diferente mediante bromas, exclusión de los grupos de pares e, incluso, violencia. En definitiva, ser varón en un contexto educativo constituye una experiencia relacional, pues responde a un proceso de socialización que implica convivir durante un determinado tiempo con otros grupos sociales y con personas de distintos géneros. Esto supone un encuentro permanente con la alteridad, del cual emergen relaciones sociales de carácter colectivo.

El tránsito de estudiantes varones por carreras universitarias con una alta matrícula femenina conlleva importantes desafíos relacionales, ya que produce un quiebre respecto de la homosocialización aprendida en espacios institucionales como el liceo, la familia o los grupos de pares (Farías, 2019).

3. Trayectorias juveniles en clave generacional

Uno de los modos de comprender las trayectorias juveniles se vincula con el reconocimiento de los aportes de la perspectiva generacional a la comprensión del tránsito de las y los jóvenes por distintos ámbitos, como su paso por la educación media, el acceso al mundo universitario y las relaciones que establecen con otros géneros durante dicho proceso. Esta perspectiva busca explicar la articulación entre los modos de construir la sociedad, el tiempo histórico y el tiempo biográfico del sujeto juvenil. En este marco, recupera las experiencias vitales y biográficas en relación con las condiciones sociales que caracterizan a las juventudes en la actualidad (Álvarez, 2018).

Por trayectorias juveniles se comprende una secuencia de etapas cultural e institucionalmente condicionadas que implican la adopción de posturas, el desempeño de diversos roles y la ocupación de una determinada posición dentro de la estructura social en distintos momentos de la trayectoria biográfica (Canales et al., 2020). Esto supone un ejercicio de comprensión del momento histórico y de las motivaciones que orientan al sujeto juvenil para explicar su trayectoria en el contexto universitario.

Este concepto representa un intento por complejizar el análisis de los mecanismos que definen las posiciones de los sujetos en la estructura de las sociedades contemporáneas, articulándose con la influencia de los capitales heredados, en los términos propuestos por Bourdieu y Passeron (2003). De esta manera, la trayectoria juvenil permite trazar las posiciones estructurales asumidas y las disposiciones subjetivas que las atraviesan y posibilitan transformaciones en las condiciones sociales (Bourdieu y Passeron, citados en Canales et al., 2020).

La noción de trayectoria juvenil implica considerar que la posición de origen constituye el punto de partida de cada recorrido, en función del volumen y la composición de los capitales disponibles. Esta noción se estructura en torno a tres grandes ejes: la estructura de oportunidades del contexto social, entendida como las posibilidades de desarrollar actividades o acceder a determinados bienes; el conjunto de saberes y capacidades que adquieren las y los sujetos; y, finalmente, la dimensión temporal, que articula de manera interrelacionada el pasado, el presente y las proyecciones de futuro (Briscioli, 2017).

En esta línea, es posible abordar las trayectorias juveniles a partir de distintos momentos biográficos que involucran hitos críticos, tales como el egreso de la enseñanza media, el ingreso a la educación superior, los primeros años de formación universitaria y la inserción profesional posterior al egreso de las carreras universitarias (Canales et al., 2020). Este enfoque hace necesario mantener una vigilancia permanente sobre la manera en que operan los distintos saberes y capacidades que portan los sujetos en cada uno de estos momentos críticos de sus trayectorias biográficas, entendiendo que dichas experiencias pueden variar entre generaciones.

Al considerar la noción de trayectorias juveniles desde una perspectiva generacional, se retoman los aportes de Mannheim (citado en Álvarez, 2018), quien sostiene que generaciones distintas se enfrentan a mundos exteriores e interiores también diferentes. En consecuencia, aquello que para una generación no representa un problema puede constituir un desafío para la siguiente. Esto explica, en parte, la conflictividad con que las y los jóvenes interpretan el presente, pues no comparten las mismas experiencias ni trayectorias biográficas, como tampoco la misma unidad generacional en su vínculo con los grupos de pares (Mannheim, citado en Álvarez, 2018).

4. Elección y tránsito por una carrera universitaria

Resultó pertinente vincular las trayectorias juveniles, desde una perspectiva generacional, con las motivaciones personales para escoger una carrera universitaria y, de ese modo, comprender el tránsito realizado en este contexto educativo. Esto implica analizar los aspectos críticos y las experiencias vitales que llevan a estudiantes de educación superior a elegir una carrera universitaria por sobre otra. Desde los estudios de juventudes se propone una articulación entre la dimensión generacional y las trayectorias asociadas a momentos históricos significativos en la biografía de los sujetos. Esta perspectiva permite comparar los cambios experimentados por distintas generaciones, incorporando criterios de análisis vinculados con la clase social y el género (Ghiardo, citado en Álvarez, 2018).

La elección y el acceso a la educación superior se proyectan, en términos de trayectorias, bajo diferencias de clase social. Desde esta perspectiva, es posible identificar que este criterio opera como una lógica de diferenciación que segmenta y, en determinados casos, excluye a ciertos grupos sociales del acceso a los espacios universitarios (Bourdieu y Passeron, 2003). En este sentido, en los sectores de mayores recursos predomina la tendencia a una trayectoria directa entre la escuela y la universidad, mientras que en los sectores medios se observa una mayor diversificación de las trayectorias: un grupo de estudiantes continúa estudios superiores, mientras otro se incorpora tempranamente al mundo laboral.

En términos de género, existen diferencias importantes entre hombres y mujeres tanto en el acceso al mercado laboral como en la dedicación a las labores domésticas (Dávila y Ghiardo, 2012). Una vez finalizada la educación media, las trayectorias juveniles siguen cursos diferenciados por motivos de género, particularmente en la elección de una carrera universitaria. En Chile, este panorama evidencia una marcada segregación por áreas disciplinarias en la educación superior, donde existen carreras con una alta presencia femenina, como Enfermería y Trabajo Social, mientras que los varones ingresan predominantemente a carreras vinculadas con las ciencias, reproduciendo una lógica de feminización y masculinización asociada a la división sexual del trabajo (Baeza y Lamadrid, 2018).

En relación con esta elección vocacional, se observa una clara diferenciación de género que responde principalmente a procesos de aprendizaje sociocultural más que al azar (Mizala, citado en Baeza y Lamadrid, 2018). En este contexto, resulta relevante promover la ruptura de esquemas y estereotipos, evitando la reproducción de roles de género en el ámbito educativo. Por su parte, el tránsito universitario se vincula estrechamente con la capacidad de adaptación a la carrera, considerando aspectos como la vocación, el papel de la familia, las expectativas, la participación en actividades extracurriculares, el compromiso académico y los propios intereses profesionales.

Opciones metodológicas de la investigación

El enfoque de la investigación es de carácter cualitativo, pues se buscó comprender los imaginarios sociales e interpretar los significados existentes respecto de cómo se configura el fenómeno de estudio desde el punto de quienes que componen la comunidad educativa universitaria vinculada a la carrera de Trabajo Social en la Universidad Alberto Hurtado.

El estudio de caso es de carácter intrínseco e instrumental, justificado por su singularidad al referirse a la configuración de carreras socialmente construidas como “feminizadas”. El análisis se centra en una disciplina asociada constantemente al valor ético y a la “ayuda” al prójimo, tanto en el contexto universitario como en el imaginario social. Al tratarse de un caso específico, complejo y dinámico, el interés se orientó a su comprensión en profundidad (Stake, 1999).

Se contempló un diseño cualitativo que articula los datos desde una perspectiva interpretativa y flexible, permitiendo responder a los objetivos planteados en el estudio (Serbia, 2007).

La investigación tuvo dos alcances. El primero, exploratorio, orientado a generar hallazgos para futuros estudios (Kazez, 2009), dada la novedad de la producción teórico-empírica sobre las trayectorias de varones en carreras feminizadas. El segundo, descriptivo, enfocado en caracterizar el fenómeno en su contexto (Kazez, 2009), detallando la realidad de la carrera seleccionada, marcada por un predominio de la matrícula femenina.

La técnica que se aplicó en el proceso investigativo es la entrevista individual semiestructurada, la cual contiene una pauta de preguntas redactadas en orden lógico. Esta pauta de entrevista se construye a partir de una matriz de operacionalización conceptual, que permite elaborar un instrumento de manera coherente con los objetivos planteados en el proceso de investigación (Canales, 2006). Se entrevistó a siete egresados de la carrera de Trabajo Social y a tres actores institucionales clave, seleccionados por su relevancia temática, su conocimiento del carácter histórico de la disciplina o su dominio sobre las perspectivas de género.

Las dimensiones de análisis del estudio de caso se vinculan principalmente a los modos de aproximación a las perspectivas de género, las trayectorias juveniles en el contexto universitario, la elección de la carrera articulada con las representaciones de género y los desafíos disciplinares del Trabajo Social.

Un aspecto metodológico relevante se relaciona con la composición de la muestra, orientada a entrevistar a varones en proceso de egreso en Trabajo Social. Este criterio responde a la intención de indagar en las motivaciones que los llevaron a incorporarse a la carrera y, desde una lógica temporal, al hecho de haber sido testigos o partícipes de las movilizaciones feministas ocurridas en la Universidad Alberto Hurtado a partir de 2018. Este último criterio de suficiencia redujo el universo de posibles participantes, dada la baja matrícula masculina que alcanza la etapa de egreso. En cuanto a los profesionales institucionales entrevistados, su selección se fundamentó en su condición de expertos temáticos en el carácter disciplinar del Trabajo Social y en las perspectivas de género.

En cuanto a la estrategia de análisis, se aplicó el análisis de contenido mediante categorías derivadas, con el fin de procesar e interpretar la información construida para dotar de sentido a los discursos. Así, el análisis categorial rescata las ideas manifiestas y latentes en los relatos de los sujetos (Echeverría, 2005). Además, se esperó que surgieran aspectos emergentes no contemplados inicialmente, permitiendo ajustar el diseño flexible de la investigación en función de los hallazgos identificados durante el proceso.

Para el análisis de los datos del trabajo de campo, se definieron dimensiones y categorías según cada objetivo específico. Durante la revisión de las entrevistas transcritas, se examinaron los resultados en función de estas categorías, con el fin de destacar citas significativas que respondieran a los propósitos del estudio. Las dimensiones de análisis fueron: aproximación a la perspectiva de género, trayectorias juveniles en el contexto educativo, y proyecciones y desafíos desde el ámbito disciplinar.

Para el procesamiento de la información, se elaboraron dos matrices de análisis. La primera se centró en las trayectorias educativas en Trabajo Social y las motivaciones de ingreso a la carrera. La segunda se destinó a las últimas tres entrevistas, enfocándose en identificar hallazgos en materia de género, así como los desafíos disciplinares desde una perspectiva institucional.

El proceso de construcción de la información contempló un riguroso resguardo ético para proteger los datos personales de los informantes clave. Esto se materializó mediante la aplicación de un consentimiento informado para participantes adultos, el cual autorizó el uso de los datos obtenidos a través de las distintas técnicas, garantizando así el adecuado desarrollo del estudio.

Principales resultados de la investigación

Formas de aproximación a las temáticas de género en estudiantes varones

Uno de los modos de aproximarse a las temáticas vinculadas a las perspectivas de género se enmarca en las condiciones políticas, sociales y culturales del contexto universitario. Estas condiciones se encuentran relacionadas con la posibilidad de que las nuevas generaciones de estudiantes que ingresan a la carrera de Trabajo Social puedan abordar las temáticas de género en sus primeros niveles de estudio. Es posible identificar que las inquietudes personales en relación con la perspectiva de género son un punto de partida para intentar una transformación en los modos de relacionarse entre pares. Así también, los conocimientos sobre dicha temática provienen desde instancias ligadas a la autoformación individual y colectiva para lograr establecer modos de relacionarse que sean respetuosos con sus compañeras y disidencias dentro del espacio universitario:

[…] yo fui incluyendo como aportes de teoría general feminista, pero mucho más como desde las lecturas más autodidactas y de interés propio, más que algo que haya estado como normado o estructurado por el plan curricular. (Entrevista 1, egresado Trabajo Social)
[…] tampoco he tenido un acercamiento tan cercano a las perspectivas de género desde el ámbito más disciplinar, a diferencia, quizás, del ámbito más personal […] ahí siento que sí he tenido mayor proximidad con eso, por el mismo tema también de que la mayoría de mis amigas, mis compañeras, las conocí en la universidad. (Entrevista 5, egresado Trabajo Social)

Las demandas de distintos movimientos feministas en los últimos años invitan a abordar y problematizar las temáticas de género en diversos espacios institucionales y a formalizar este abordaje a través de la construcción y socialización de ciertos protocolos y reglamentos de género que enmarcan un modo de relacionarse a nivel de comunidad educativa:

He visto que hay harta concientización relacionada a género en la carrera; yo entré el año 2016 a Trabajo Social y lo he visto con las nuevas generaciones […] se ha estado hablando más sobre las marchas y concientización masiva; desde primero mucha gente llega diciendo este es mi tema y qué bueno que me den la posibilidad de hablarlo desde Trabajo Social. (Entrevista 3, egresado Trabajo Social)
Yo creo que, en esta trayectoria, la perspectiva de género, los enfoques de género han estado siempre muy presentes; siento que ha sido algo que incluso cuando llegué en primer año estaba presente, pero mi percepción es que, en la medida en que yo fui avanzando, coincidió con los años, no sé, 2018, 2017, incluso donde ya se estaba poniendo muy contingente el debate respecto a las perspectivas de género. (Entrevista 6, egresado Trabajo Social)

Se ha reconocido que la participación de estudiantes varones en movimientos dentro del contexto universitario ha sido escasa. En este marco, la influencia del movimiento feminista de 2018 en distintas universidades ha permitido revisar críticamente esta dimensión vinculada a las temáticas de género. Esto ha generado la necesidad de formarse en estas áreas y de cuestionar, de manera individual y colectiva, los privilegios asociados al hecho de ser varón en una carrera universitaria como Trabajo Social:

Este mismo contexto feminista de la universidad también sirvió y sentó las bases para hablar de masculinidades; yo creo que si no hubiese habido la influencia de ese movimiento feminista que se ve en la universidad, yo creo que, como hombre, no nos hubiésemos planteado el tema de las masculinidades. (Entrevista 5, egresado Trabajo Social)

Una postura relevante de considerar, aunque no se presentó de forma transversal entre los informantes clave del estudio de caso, es la creencia de que las temáticas de género constituirían un ámbito propio y exclusivo de las mujeres en la universidad. Esta percepción implica, en principio, que no sería pertinente ni correspondería que los estudiantes varones otorgaran relevancia a estas temáticas, en tanto se trataría de asuntos ajenos a su género o incluso de una lucha que no les compete directamente:

Desde mi experiencia, no he tenido mucho acceso, aunque igual siempre me he mantenido al margen, he tratado de estudiar y entender las cosas, pero siento que el rol principal ha sido históricamente desde las mujeres o desde el género femenino, y ahora sobre todo desde las disidencias. (Entrevista 3, egresado Trabajo Social)

Estos hallazgos permitieron identificar un esfuerzo incipiente por parte de estudiantes varones por cuestionar los significados culturales que han internalizado durante sus trayectorias. Lo relevante de esta problemática es que apunta a promover la reflexión sobre lo que los varones han aprehendido e interiorizado a lo largo de sus trayectorias juveniles, ya sea a través de instancias formativas en espacios institucionales como el liceo o la universidad. Sin embargo, este tipo de cuestionamientos también supone una invitación a formarse tanto a nivel individual como en espacios colectivos, tales como grupos de pares, amistades y entornos familiares. Esto implica un desafío individual y colectivo para los estudiantes varones, en la medida en que deben revisar la construcción de sus propias masculinidades y abordar las tensiones asociadas a cómo ser varón en contextos educativos. Esto adquiere mayor relevancia en un escenario social donde las prácticas machistas no son aceptadas y donde incluso los denominados micromachismos están siendo progresivamente cuestionados:

Yo tuve conversaciones en las que empecé a darme cuenta de ciertas situaciones que yo como hombre, como masculinidad, reproducía o no reproducía, o reconocía en mí o no reconocía, respecto a mi propia identidad, mi forma de relacionarme. (Entrevista 6, egresado Trabajo Social)
Me sentí muy muy directamente interpelado con los procesos que estaban llevando a cabo las compañeras en la universidad, y eso creo que me hizo replantearme muchas cosas desde mi postura, tanto política como de ser humano, entendiendo mi condición de hombre; así, yo creo que desde ahí que me replanteo los espacios en los que estoy. (Entrevista 4, egresado Trabajo Social)

Los hallazgos del proceso investigativo permitieron identificar que existen dos grandes aristas que componen las motivaciones para estudiar Trabajo Social. La primera de ellas responde a la intención de prestar servicio a las personas, vinculada con la idea de transformación social:

Lo que me llamó a estudiar Trabajo Social, ahora, como te digo, fue esa invitación a pensar otra sociedad, que es como uno de los grandes enunciados al que apuesta la disciplina del Trabajo Social. Según mi entender, esta idea de transformación [social]. (Entrevista 1, egresado Trabajo Social)

Siempre estaba esa comparación de que en la Sociología se investiga y que el Trabajo Social es la acción, es la intervención. (Entrevista actor institucional 1)

Otro de los aspectos clave para analizar las motivaciones que plantean los jóvenes varones para ingresar a estudiar Trabajo Social se vincula con la idea recurrente que circula en la carrera. Esta se relaciona con el concepto de ayuda al prójimo, entendido como una necesidad. En este sentido, las motivaciones para ingresar a estudiar Trabajo Social estarían asociadas a la noción de ayuda o bien al conocimiento previo de la disciplina:

Mi hermana es trabajadora social, así que siempre tuve como un vínculo con la carrera y sentía que esta disciplina podía conjugar como esas ganas de cambiar las cosas y también de hacer algo al respecto. Por lo mismo, tenía esta noción ya más o menos clara de que era una carrera feminizada. (Entrevista 5, egresado Trabajo Social)
Es como sí, qué bonita la carrera, o qué bonito lo que hacen, y yo si no sé si es tan bonito, pero se hace lo que se puede; no todo lo que se hace es bonito en realidad, hay realidades súper fuertes. (Entrevista 2, egresado Trabajo Social)

Este tipo de relatos hace alusión a motivaciones con un alto componente asociado a la solidaridad y el compromiso con las personas. Esto se vincula a las representaciones históricas del quehacer de Trabajo Social:

Alguien habla sobre que esta idea del Trabajo Social, de la trabajadora social como superhéroe o como policía, a la hora del cuidado también; como buena, una persona linda, como todas las caricaturas que también tienen que ver con los roles impuestos socialmente a hacia lo considerado femenino. (Entrevista 1, egresado Trabajo Social)

Desde los discursos construidos por egresados varones de Trabajo Social se desprenden ciertos imaginarios que tienden a reducir la labor disciplinar a asociaciones simplificadas. Entre ellas, se vincula la intervención o “práctica” del Trabajo Social a un trabajo no necesariamente reflexivo, sino más bien centrado en el hacer, en la acción y en las “patitas en el barro”, expresión utilizada como un reduccionismo dicotómico para referirse al trabajo en terreno en contraposición al trabajo académico.

Entre los discursos de los egresados se evidencia una atribución diferenciada del quehacer disciplinar, en la que se configura una dicotomía entre labores consideradas propias de profesionales varones y otras asociadas a cuerpos feminizados. En esta lógica, se releva la preocupación constante de actores institucionales de la Universidad Alberto Hurtado por comprender cómo se estaría reproduciendo el acceso desigual a las carreras profesionales en términos de división sexual de los oficios:

¿Cuáles son los imaginarios patriarcales, machistas en torno a lo que ahí ocurre? Entonces yo creo que, si la universidad toma esto en serio, la sociedad, uno debiese decir, ya, qué está pasando, cuáles son los mensajes que están recibiendo nuestros estudiantes en el liceo, que un cabro dice no voy a ir a Trabajo Social porque esa es una carrera de mujeres. (Entrevista actor institucional 2)

En términos de cómo estos hallazgos permiten responder a la interrogante sobre las motivaciones y la elección de estudiar Trabajo Social por parte de egresados varones, se identifica como un aspecto relevante la intención de transformar una realidad que tiende a ser significada como “problemática”.

Asimismo, resulta pertinente comprender de qué manera los conocimientos previos y/o prenociones que los varones poseen respecto de la carrera de Trabajo Social inciden en sus posibilidades de ingresar o no a esta profesión. Estas primeras aproximaciones, construidas desde imaginarios y prenociones sobre el quehacer del Trabajo Social, no se mantienen necesariamente estáticas ni fijadas durante el tránsito formativo, sino que tienden a transformarse a medida que los estudiantes avanzan en las asignaturas contempladas en el plan de estudios.

Valoraciones y desafíos de los egresados respecto del quehacer disciplinar

Se evidenció que, a nivel social, existe una reproducción de las estructuras ocupacionales que se transmite y perpetúa mediante estereotipos de género y esquemas culturales que inciden en las carreras profesionales. Según los hallazgos, esta dinámica también se manifiesta en la configuración interna de la carrera de Trabajo Social. Asimismo, se constató que, tanto en los espacios institucionales asociados a las prácticas profesionales como en los contextos laborales, persisten esquemas que delimitan la asignación de funciones según si el profesional es varón o mujer.

Esos esquemas también se reproducen hacia el interior de las profesiones (…) nos abren unas posibilidades, se nos abren campos; si lo quisiéramos decir de manera crítica, uno diría que se nos presentan una serie de privilegios en el mundo laboral que nuestras compañeras no tienen. Yo he visto en algunas bolsas de trabajo que cuando piden, dicen que sea hombre o que sea mujer, y cuando uno va al descriptor dice, este es un trabajo para hombre porque es con infractores de ley, o es un trabajo para hombres porque es trabajo comunitario. (Entrevista actor institucional 1)
En las prácticas en que yo estuve, había que quedarse hasta tarde y las chiquillas estaban ahí porque estaba yo y se podían ir conmigo; quizás si no hubiese estado yo, se habrían ido con los supervisores, o si no se hubieran ido antes, e incluso por parte de los mismos supervisores, como menos mal que se van a ir los tres juntos, y una vez yo me iba a ir solo y me dijeron, pero pucha las chiquillas. (Entrevista 2, egresado Trabajo Social)

Una de las vías para cuestionar las prenociones y los estereotipos de género presentes en la configuración interna de la profesión se vincula con la búsqueda de prácticas orientadas al reconocimiento disciplinar. Estas se enmarcan en procesos de reflexión interna sobre cómo transformar la sociedad y contribuir al desarrollo de las ciencias desde una perspectiva de Trabajo Social contemporánea y crítica.

Las perspectivas que emergieron de manera transversal en el estudio permitieron identificar la necesidad de avanzar hacia un mayor reconocimiento disciplinar. No obstante, esta búsqueda no se limitó a un plano exclusivamente simbólico, sino que también incorporó la demanda por una redistribución material para la disciplina del Trabajo Social, entendida como una carrera que ha experimentado procesos de precarización por parte del Estado:

No es solamente una lucha por el reconocimiento, sino que también de redistribución, o sea, efectivamente, hay una falta de reconocimiento y de redistribución. También en términos materiales […] es una de las carreras más precarizadas que existen dentro de las ciencias sociales, en general, de la disciplina. Entonces, también yo lo plantearía en esos términos, que son luchas por reconocimiento y redistribución. (Entrevista 1, egresado Trabajo Social)
La lucha por la validación es constante porque, además de ser feminizada, se le mira en menos, desde el mismo Estado no ha existido un rol claro del Trabajo Social. En los contratos estatales dice asistente social y no trabajador social, habla mucho de lo que se espera y quizás hay temas de imaginarios de la asistente o visitadora social del pasado. (Entrevista 3, egresado Trabajo Social)

Por tanto, las valoraciones y los desafíos disciplinares identificados evidencian la existencia de un componente de reivindicación y posicionamiento político-histórico de la disciplina, constituyendo un hallazgo relevante para el análisis. Este ejercicio de valoración disciplinar implica relevar el carácter histórico, crítico y político del Trabajo Social, en coherencia con la noción de transformación social. Desde esta perspectiva, la dimensión política de la profesión es comprendida como un aspecto relevante para explicar las motivaciones que llevan a jóvenes estudiantes a elegir Trabajo Social por sobre otras carreras de las Ciencias Sociales.

Respecto del ejercicio de legitimación y de reconocimiento disciplinar, se evidenció que este tipo de proyecciones se enmarcan en el desafío de impulsar procesos que trasciendan el ámbito individual, dando paso a cuestionamientos de carácter colectivo sobre aspectos como las condiciones materiales y simbólicas de trabajadoras y trabajadores sociales en los espacios de incidencia e intervención social.

Se ha vuelto necesario reconocer que, al interior de las universidades, existe un campo de conocimiento científico que tiende a excluir a las mujeres y a las profesiones socialmente construidas como feminizadas de los procesos de validación de los saberes disciplinares. En este contexto, uno de los principales desafíos radica en el espacio formativo universitario, buscando revertir la tensión existente entre el estatus disciplinar, la necesidad de reconocimiento y la posterior redistribución del valor otorgado a los conocimientos producidos.

En este sentido, otro hallazgo relevante se vincula con el proceso de reconocimiento y estatus disciplinar, articulado en torno a dos criterios: por una parte, el análisis de género y, por otra, una lógica intergeneracional, entendida como el traspaso de experiencias de quienes han enfrentado históricamente formas de menoscabo en relación con el reconocimiento de la disciplina. De este modo, se identificaron discursos que reivindican el quehacer profesional y que se posicionan críticamente frente a la noción de subalternidad del Trabajo Social respecto de otras disciplinas:

Muchas veces yo he escuchado ¿no?, en esta trayectoria, esta idea como de que a Trabajo Social se le ve como una profesión subalterna, y creo que ese discurso provoca más que la vivencia de la subalternidad, una paralización […] La subalternidad es una relación de poder, de saber, y creo que ahí inmediatamente se juega en el antagonismo y en la atención y en el juego de los espacios políticos, ¿no? (Entrevista actor institucional 1)
El gremio docente lo tiene muy presente en su lucha y en las mejoras que quieren alcanzar para su ejercicio, el ejercicio de su profesión y el ejercicio docente. Yo creo que en Trabajo Social me cuesta verlo un poco más, pero a lo mejor es mi desconocimiento, pero creo que una de las luchas es precisamente la mejora de nuestras condiciones de trabajo, no solo salariales, sino que de las condiciones contractuales. (Entrevista actor institucional 2)

Principales conclusiones

A la luz de los resultados expuestos, se vislumbra que las representaciones de género influyen en la decisión de los jóvenes varones de ingresar a una carrera como Trabajo Social e impactan en la forma en que transitan dicha experiencia a lo largo de su trayectoria biográfica. Esto significa que los estudiantes identifican cambios tanto en sus formas de relacionarse con sus grupos de pares como en sus procesos de autorreflexión personal. No obstante, al ingresar a una carrera cuya matrícula está compuesta aproximadamente por un 70 % de mujeres y un 30 % de hombres, los jóvenes varones perciben la necesidad de desarrollar un proceso de autocuestionamiento respecto de sus prácticas y de sus formas de relacionarse, tanto entre ellos como con personas de otros géneros. Este proceso de transformación personal se profundiza cuando algunos de estos estudiantes provienen de trayectorias escolares marcadas por la educación en liceos monogenéricos. En estos casos, el ingreso a la universidad implica la transición hacia un espacio educativo compartido con personas de distintos géneros, lo que demanda nuevas formas de interacción y convivencia cotidiana.

Para comprender cómo se manifestaron estos hallazgos, fue necesario indagar en la forma en que los estudiantes varones describieron sus aproximaciones a las perspectivas de género, particularmente a aquellas centradas en las masculinidades. Respecto de estas experiencias, se identificó que, al hablar de nuevas masculinidades, los participantes las asocian con la posibilidad de construir relaciones igualitarias entre distintos géneros, las cuales debiesen situarse fuera de cualquier forma de dominación y promover el cuestionamiento de los privilegios asociados al hecho de ser varón en las estructuras sociales (Sanfélix y Téllez, 2021).

En relación con la manera en que estas aperturas reflexivas se expresan entre estudiantes de Trabajo Social, los hallazgos muestran que, en general, los participantes conocen el concepto de nuevas masculinidades. Sin embargo, también reconocen que no han profundizado en esta perspectiva más allá de comentarios e invitaciones surgidas en espacios como las asambleas estudiantiles y otras instancias vinculadas a los movimientos y manifestaciones desarrollados en el contexto universitario. En este sentido, los participantes señalan que su acercamiento a estas perspectivas ha sido limitado y se ha producido principalmente a partir de interpelaciones o invitaciones directas.

Resulta relevante destacar estas instancias porque, desde una perspectiva relacional y personal, cuestionarse cómo se es estudiante varón en una carrera históricamente construida como una carrera “feminizada” supone un quiebre con aquello que Farías (2019) denomina homosocialización aprehendida, tanto desde una lógica generacional como intergeneracional.

Respecto de cómo esta investigación puede aportar a los jóvenes varones que ingresan a estudiar o han egresado de la carrera de Trabajo Social, es necesario señalar que este ejercicio resulta relevante para comprender las motivaciones y expectativas asociadas a la elección de este tipo de carreras. Los hallazgos muestran un reconocimiento genuino, por parte de estos jóvenes, del deseo de contribuir a la sociedad, buscando alternativas para intervenir en fenómenos sociales que interpretan como problemáticos o que afectan a determinados sujetos.

Este interés surge, por una parte, de un proceso de cuestionamiento frente a la reproducción de dichas problemáticas y, por otra, del contacto con figuras de referencia que, en algún momento de sus trayectorias biográficas, les dieron a conocer el quehacer del Trabajo Social, ya sea por vínculos familiares o por haber participado como usuarios en algún proceso de intervención.

En esta lógica de elección, uno de los hallazgos más significativos es que las motivaciones para optar por el Trabajo Social y transitar por esta carrera se relacionan con la convicción de que existen situaciones en la sociedad que requieren ser transformadas y que la disciplina constituye una vía pertinente para contribuir a ese propósito.

Uno de los desafíos disciplinares identificados por quienes participaron en el estudio se relaciona con el constante cuestionamiento de la desigual valoración profesional del Trabajo Social. En esta línea, se observa un ejercicio de reivindicación del quehacer disciplinar y una intención de posicionarse críticamente frente a la noción de subalternidad del Trabajo Social respecto de otras disciplinas, tanto de las Ciencias Sociales como de otras áreas del conocimiento. Lo anterior pone de manifiesto la necesidad de reconocer los aportes de la disciplina y fortalecer sus espacios de incidencia, con el propósito de cuestionar y transformar ciertos imaginarios que persisten en torno a su quehacer. En este sentido, resulta pertinente retomar los planteamientos de Cortés-Mancilla (2025) sobre la importancia de revisitar el desarrollo histórico del Trabajo Social en Chile y Latinoamérica desde una perspectiva crítica, lo que permitiría proyectar el futuro de la disciplina sobre bases más sólidas.

A partir de los discursos de quienes participaron en el proceso investigativo se identificaron dos aristas principales. La primera aborda la tensión entre el reconocimiento en el plano simbólico y la necesidad de que este vaya acompañado de una redistribución en términos materiales. La segunda se relaciona con los desafíos interdisciplinarios para enfrentar las asimetrías de poder, las cuales evidencian la necesidad de una lucha permanente por el reconocimiento y por posicionar el Trabajo Social como una disciplina que debe estar presente en los espacios de deliberación y toma de decisiones.

En este sentido, se identifica como desafío permanente articular la perspectiva del Trabajo Social, desde una mirada crítica de los fenómenos sociales, con un diálogo interdisciplinario que posibilite la construcción de conocimientos a partir de un lenguaje común y, por consiguiente, permita abordar de manera conjunta la comprensión y el análisis de dicho fenómenos (Muñoz, 2014).

Desde una perspectiva de género, se reconoce como una limitación de la investigación el hecho de no haber incorporado las voces de egresadas y personas de otros géneros respecto de sus percepciones sobre el ingreso de estudiantes varones a la carrera de Trabajo Social y sobre la forma en que estos transitan por ella, en el marco de trayectorias juveniles diversas. Esta limitación abre una línea de indagación para futuras investigaciones que profundicen en estas experiencias dentro del contexto universitario.

Respecto de cómo los estudiantes varones eligen y transitan por la carrera de Trabajo Social, se identifica que, al momento de optar por esta profesión frente a otras alternativas, influyen ciertos imaginarios a los que recurren durante su paso por la enseñanza media.

En algunos casos, tanto estudiantes como egresados reconocen que contaban con nociones básicas sobre la configuración del Trabajo Social, las cuales fueron transmitidas por figuras de referencia, como una hermana, una amiga o una profesional que había desempeñado labores de intervención social en su entorno familiar. Este proceso responde a lo que Mizala (2018) denomina reproducción intergeneracional. El conocimiento transmitido por estas figuras de referencia no solo alude a que se trata de una carrera con predominio de matrícula femenina, sino también a la transmisión de valores asociados a la justicia social y de una comprensión inicial sobre los procesos de transformación social (Nebra, 2018).

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