Revista de Educación Religiosa, Volumen 1, N° 4, 2020

Editorial

Quizás nunca antes la necesidad de desarrollar una educación religiosa fiel a su fin esencial ha sido más evidente que hoy. Para muchos expertos, esta situación de pandemia que azota desde inicios de año y progresivamente a todo el orbe, provocada por el Coronavirus Covid-19, no solo ha convulsionado los sistemas sociopolítico y económico de cada país, sino que ya está teniendo un fuerte impacto en ciertas costumbres cotidianas, tanto a nivel individual como colectivo. Las constantes noticias desde distintos continentes sobre el número de infectados y fallecidos; el temor al contagio de este virus y a la muerte, tanto propia como de los seres queridos; el confinamiento obligado en diversas zonas; la inquieta o angustiosa compra de mascarillas y víveres, así como la inestabilidad laboral y el desempleo son parte del cuadro. No, difícilmente seremos los mismos de antes. No es extraño, entonces, que uno intente descubrir qué orden tiene este nuevo estado de cosas. Cual más, cual menos, todos, más allá de razones biológicas, sanitarias o, incluso, de geopolítica, nos hemos preguntado acerca de la razón de todo esto, del sentido tras este horror. Y aquí brotan las tradicionales preguntas de si es una prueba de Dios o por qué el mal. Igualmente salen a relucir las más variadas devociones populares y prácticas privadas, así como las respuestas de los líderes religiosos, pertinentes en grado variable.

Por estas razones, es urgente resaltar el aporte único de la educación religiosa, la de activar la religiosidad de las personas a fin de que puedan sensibilizarse ante la dimensión trascendente de la existencia y, así, logren descubrir, por ejemplo, la interpretación adecuada que se le debe dar a este conjunto de lamentables hechos en el marco del despliegue del Plan de Dios. Y esta es una tarea que no puede ser sustituida por ningún otro tipo de profesionales ni organismo social ni, menos, dejar al libre arbitrio de cada creyente según una malentendida libertad. El acompañamiento respetuoso que ha de llevar adelante cada institución religiosa no exige menos que la presencia amistosa y la propuesta bien fundamentada.

Los artículos que presenta este nuevo número de Revista de Educación Religiosa van en esa dirección. Desde la sociología, Cecilia Dockendorff invita a poner la atención sobre un fenómeno, el de la auto-secularización, como un proceso de deconstrucción del lenguaje dogmático-doctrinal que está viviendo el cristianismo. El pbro. Fabián Silveira resalta el valor del camino de la belleza para educar la fe de los creyentes cristianos. Luis Serrano invita a considerar la interrelación existente ente migración, cultura y religión, así como los desafíos pedagógicos que inciden en la praxis de la educación religiosa como expresión de la identidad católica. Precisamente, la mirada al actual contexto sociocultural es un aspecto muy importante que los investigadores del Instituto de Pastoral Apóstol Santiago presentan como parte de los principales elementos que configuran el nuevo Plan de Formación para Laicos de la Arquidiócesis de Santiago. Finalmente, el pbro. Manuel José Jiménez estudia cómo la opción por los pobres impacta de modo radical la pedagogía cristiana, aquella en donde se forma el discípulo, pero también en la que la Iglesia entra en diálogo con el mundo, de modo especial en el ámbito escolar formal.

Estos artículos no pretenden únicamente ofrecer nuevos horizontes para la comprensión intelectual de algunos ámbitos de la educación religiosa, sino también motivar para la acción. Confío en que la publicación sistemática de nuestra revista sea un aliciente para que, en convergencia con otras iniciativas propiamente académicas, eclesiales y civiles, los diversos actores de la educación religiosa generemos un gran movimiento de acercamiento a las personas “de a pie”, principalmente para estar, para ser presencia presente y acompañar; para hablar menos y escuchar más.


Javier Díaz Tejo
Director de Investigación y Publicaciones

Instituto Escuela de la Fe
Universidad Finis Terrae