Revista de Educación Religiosa, volumen II, nº 4, 2022, DOI 10.38123/rer.v2i4.218

El anuncio kerygmático y sus diferentes dimensiones: artesanía en el proceso de fe

Ana María Formoso Galarraga1
Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Chile

Introducción

El congreso virtual “Diálogos académicos sobre catequesis” propone un desafío que se percibe hace años en el espacio pastoral y académico: hay poca formación para el proceso catequético y para la formación continua de la vida cristiana. Eso me interpeló y me llevó a participar en el congreso desde el contexto de Chile. La pregunta central de este ensayo es: la escucha, ¿es solo una etapa previa al anuncio kerygmático, o es parte del proceso de fe y seguimiento de Cristo Resucitado?

En la actualidad prevalece la idea de la escucha como una etapa del camino sinodal; por eso, me parece pertinente para la Iglesia poder profundizar en esta pregunta: la escucha, ¿es solo una etapa del proceso evangelizador o es parte constitutiva del anuncio, de una asunción de la vida cristiana? Para poder responder a esta pregunta se hace una revisión de hombres y mujeres que desde la fe católica buscan realizar un servicio de diaconía a través del Magisterio, de la teología y del proceso educativo de la fe durante toda la vida. Escogí realizar una relectura de textos del Magisterio del Papa Francisco que se relacionan con la temática del congreso. Busqué autores que han tenido una formación teológica consistente, que tienen publicaciones reconocidas y que dialogan con los desafíos pastorales del proceso de fe con sus luces y sombras de la actualidad.

Contribuir a encontrar esta respuesta ayudaría a una mejor comprensión del proceso sinodal y a superar la dicotomía de la escucha y del anuncio. Esa dicotomía ha llevado a que muchas veces la catequesis sea un espacio de datos históricos, sociológicos, carente de mística, o a un anuncio desencarnado de la realidad; en suma, una catequesis infantilizada. Buscamos responder esta pregunta porque el anuncio tiene diferentes dimensiones, manifestaciones, que implican una postura de vida eclesial y social. Descubrir las diferentes dimensiones del anuncio en el proceso catequético es la propuesta de este texto orientado a superar posturas dicotómicas que tienen influencias teológicas y pastorales.

El momento actual amerita seguir buscando diferentes espacios de mediación, porque en la fe cristiana el encuentro con Dios discurre siempre a través de realidades mediadoras. Una de esas realidades es la catequesis que escucha y anuncia; hay que redescubrirla, ampliarla y comprenderla como un proceso con sus desafíos y con su belleza.

El anuncio que acompaña la escucha del dolor y las innumerables muertes de la pandemia son el reflejo de los diferentes escenarios que se abrieron para confiar la vida a Dios. Las iglesias se cerraron, pero la fe de la gente no desapareció. O sea, el anuncio tuvo diferentes expresiones: una de ellas es el acompañamiento en el duelo, en la enfermedad, en el pedido de oración constante por amigos y familiares. Tenemos diversas realidades mediadoras que se expresaron en estos dos años de pandemia, areópagos que se abrieron principalmente en el mundo digital y presencial que hay que observar, discernir y en los cuales es necesario participar con la parresía del cuidado y de la propuesta cristiana. ¿Cuáles de las dimensiones del anuncio se hicieron más presente en estos dos años de pandemia?

En primer lugar, el contexto es fundamental para poder balbucear el proceso de una catequesis encarnada. La situación de la religión en el contexto occidental se caracteriza por una pérdida del monopolio religioso por parte de las instituciones eclesiásticas. Esto no quiere decir que no se tenga un interés por lo religioso, pero hubo un cambio centrado en el propio individuo que busca la trascendencia más allá de la institución, y este proceso tiene un impacto significativo en la catequesis. Hay un cambio antropológico que está en curso y que es complejo. La sed de trascendencia y espiritualidad que se detecta en la contemporaneidad posmoderna es diferente al ámbito religioso premoderno (Bingemer, 2013). La mayoría de los(as) catequistas o los(as) religiosos(as) que hoy están en el espacio de la catequesis tuvieron poca formación; además, sigue predominando una formación en la que prevalece la instrucción como memorización, propia del catecismo de la modernidad. La Iglesia va haciendo su lento camino dentro de un contexto cultural, y ese contexto presenta ambigüedades o aspectos que hay que discernir en cada época.

Una de las pretensiones de la modernidad fue la de borrar el problema de Dios del horizonte de la humanidad. Se trata de la civilización de la racionalidad, de la emancipación a todos los niveles, en la que la humanidad, una vez salida de su infancia, ya no sentiría la necesidad de un Ser Supremo o de un Sujeto Absoluto que hubiera de dictarle las normas de conducta y de organización. (Bingemer, 2013, p. 154)

Se vive las consecuencias de la crisis de la cultura occidental que camina permeando el ámbito religioso. Las profecías de los maestros “de la sospecha”, en parte, se han cumplido y, en parte, se han visto desmentidas. A esto se suma el contexto de Chile, 2 donde una parte de la Iglesia comenzó a caer en descrédito después de varios años de denuncias de abusos de poder y abusos sexuales cometidos por miembros del clero. Este quiebre viene de personas que están o estuvieron comprometidas con la institución religiosa católica y que tienen la decisión de buscar la verdad y crear espacios eclesiales sanos. Este movimiento sísmico está en curso e impacta directamente en el camino educativo de la catequesis, pues se abrió una brecha de desconfianza en dicho espacio.

Las familias de los(as) niños(as) están en alerta aun cuando envían a sus hijos/as a la catequesis, y los(as) catequistas también. Se sabe también de las medidas de cuidado que se han tomado en las diferentes diócesis ofreciendo asesorías, cursos de prevención, artículos, libros,3 etc. He participado en dos cursos y he visto que en los últimos años han comenzado a implementarse iniciativas de prevención, pero se sabe de la cultura del silencio que se vivió por mucho tiempo. Analizar la catequesis sin tener en cuenta la complejidad del contexto cultural y eclesial sería desencarnarla y, como Iglesia, queremos retomar los pasos de un cristianismo vivo, con memoria y celebrativo. Es Cristo Resucitado quien, a través de su Espíritu ( ruah), anima la comunicación del anuncio mistagógico.

El anuncio incluye tres grandes verdades que siempre necesitamos escuchar y la referencia fundamental es la exhortación apostólica postsinodal Christus vivit del Santo Padre Francisco a los Jóvenes y a todo el Pueblo de Dios. Dentro de la revisión realizada los puntos que se desarrollan permiten relacionar el anuncio permanente, el kerygma, con una catequesis mistagógica. En el capítulo cuarto del documento citado anteriormente hay una continuidad con lo propuesto en Evangelii gaudium en referencia a la evangelización kerygmática y mistagógica.

Pese al actual escenario cultural complejo, se sigue apostando al espacio formativo y sagrado de la catequesis. Hay una realidad fundante que, en otras palabras, se relaciona con la categoría de lo sagrado: tiempo sagrado, espacio sagrado, etc. (Bentué, 2014).

Luego de esta introducción, un poco extensa pero necesaria para fundamentar la importancia de la pregunta y las implicancias del contexto, se desarrolla el cuerpo del artículo, en el que se describe el anuncio y sus diferentes dimensiones. En el segundo punto exponemos el arte de la catequesis principalmente desde el anuncio que implica la escucha y la propuesta de la mística cristiana. Luego, en el punto 2.1, la dimensión de la escucha como artesanía que conjuga aspectos bíblicos, teológicos y pastorales. En el punto siguiente, 2.2, se desarrolla la importancia del acompañamiento kerygmático, y, finalmente, en el punto 2.3, la importancia de la mística en todo el proceso catequético.

2. El arte de la catequesis: El anuncio cristiano tiene implícitos la escucha y el acompañamiento de la mística kerygmática

En este primer momento hay que recordar el rico significado de la palabra catequesis en el Nuevo Testamento, ir a las fuentes, como lo propone el Concilio Vaticano II. Se desarrolla el marco teórico en diálogo con la metodología; es intencional trabajar esta artesanía conjuntamente.

La memoria de lo injusto,4 de lo perverso, es necesaria para que no se repita; tiene que haber reparación, ya que no se avanza sin memoria: “no se evoluciona sin una memoria íntegra y luminosa” (Fratelli tutti, #249), pero también es parte de la memoria ir al origen, a lo bueno, a lo que tiene un significado. Esa es la propuesta de ir a recoger el significado de la palabra catequesis en el Nuevo Testamento. “En su origen el término está relacionado con el verbo que significa ‘hacer ecoar’ ( kat-ekhéo). De ahí la importancia del objetivo último de la catequesis, que es hacer escuchar y repercutir la Palabras de Dios (CNBB, 2014, p. 18).

2.1. La escucha catequética es artesanía bíblica, teológica y pastoral

El hacer ecoar el corazón de las personas es un arte que conlleva tener un oído en la Palabra de Dios y otro en las diferentes expresiones de la sacralidad que implica actitudes y manifestaciones ambiguas, difusas e indeterminadas (Borobio, 2013). La escucha nos permite ir entrando en el contexto, identificar tenuemente por dónde está la energía vital de la persona. Algunos aspectos que colaboran a agudizar la disposición a escuchar: tener en cuenta los símbolos, los ritos, las diferentes expresiones, gestos, juegos, la interacción con los colegas y con la creación. El mundo digital, las músicas que escuchan los niños(as), los(as) jóvenes son vías de acceso para comprender su historia, desde donde se parte, sea individual o familiar, con sus alegría y dolores (Gaudium et spes, #1). Para poder entender el lenguaje religioso, es decir, los símbolos, ritos, el arte, es imprescindible partir desde la experiencia de lo sagrado.

Lo sagrado es, en sí mismo, parte de lo profano, pero es recibido por el Homo religiosus como mediación significativa y expresiva de su relación con lo divino. Lo sagrado es más bien una relación entre el sujeto (el ser humano) y un término (Dios), relación que se visualiza o muestra en un ámbito (la naturaleza, la historia, las personas) o en objetos, gestos, palabras, etc. Sin dicha relación, nada es sagrado. Con ella, todo puede llegar a ser sagrado (Croatto, 2002).

Afinar la sensibilidad a lo que hoy se considera sagrado, en estas nuevas generaciones, es parte del proceso de fe y de los desafíos teológicos y pastorales que permitan entablar un diálogo contextualizado. El modelo eclesial que tenga el/la catequista, el formador/a o la comunidad formativa va a incidir directamente en el camino de fe. No es este el espacio de ampliar la temática, pero dejo como referencia el amplio estudio de los modelos y desafíos eclesiales que se reflejan en las celebraciones litúrgicas y formativas (Depalma, 2021).

Por eso la catequesis o la formación permanente es una artesanía que se debe seguir tejiendo en torno a una mesa compartida de alegrías y sufrimientos, y para eso la escucha es parte transversal del proceso de fe encarnado. No es algo dado, es uno de los desafíos de la sinodalidad que está en la base de los modelos eclesiológicos. La cercanía del Dios que se abaja y trasciende la historia se tiene que reflejar en celebraciones que tengan la creatividad de conectar con justicia y belleza los dolores y alegrías de la gente con la misericordia de Dios. Esa conexión es propia de lo que se llama sagrado, que describí antes, y que es posible gracias a las realidades mediadoras. En la fe cristiana, el encuentro con Dios discurre siempre a través de realidades mediadoras capaces de hacerlo presente. El plan divino de salvación posee un carácter histórico, encarnado (Tejerina, 2011).

La escucha cambia los modelos eclesiológicos que tienen su reflejo en la pastoral catequética y en la teología académica. Este desafío que está en curso necesita de una disposición a la atención, especialmente en un mundo saturado de informaciones y presiones para sobrevivir, en el que hay poco espacio para desarrollarla; sin embargo, es necesaria para despertar una mística de ojos abiertos (González, 2002). Se trata de contemplar a Dios con los ojos abiertos, escrutando la historia, inspirado por lo que siente en su corazón y se desborda en su mirada. Y la mirada y la escucha que ve al pueblo es parte intrínseca de su experiencia de Dios.

2.2. El acompañamiento del anuncio kerygmático

El ser humanos es un ser histórico, y la revelación (Dei verbum, #2) se da sobre todo dentro de la historia, una historia que, unida a la creación, es el espacio donde el pueblo de Israel y la primera comunidad cristiana percibieron de manera privilegiada la presencia y la acción de Dios. Se sabe que a Dios no lo limitamos y que tiene muchas formas de manifestarse, pero para el cristianismo es fundamental la convicción de que Dios, además de revelarse en la creación, es un Dios que se revela en la historia. Y la novedad del kerygma es que continúa revelándose: el anuncio no es algo del pasado, se hace presente en la escucha del Pueblo de Dios y en la escucha de la Palabra de Dios. La forma de la comunicación con cercanía y profundidad, junto con las narrativas bíblicas y el testimonio de vida de los(as) seguidores de Cristo Resucitado, fortalecen el proceso catequético. En palabras del Papa Francisco:

La centralidad del kerygma demanda ciertas características del anuncio que hoy son necesarias en todas partes: que exprese el amor salvífico de Dios previo a la obligación moral y religiosa, que no imponga la verdad y que apele a la libertad, que posea unas notas de alegría, estímulo, vitalidad, y una integralidad armoniosa que no reduzca la predicación a unas pocas doctrinas a veces más filosóficas que evangélicas. Esto exige al evangelizador ciertas actitudes que ayudan a acoger mejor el anuncio: cercanía, apertura al diálogo, paciencia, acogida cordial que no condena. (Evangelii gaudium, #165)

Otra dimensión fundamental del proceso catequético del anuncio es la cristológica: reconocer la presencia de Cristo en lo cotidiano de la vida. No constituye solamente una historia del pasado, sino una relación que se actualiza en el hoy por medio de la presencia del Espíritu Santo ( ruah). Está íntimamente relacionada con el Dios misericordioso amante de la vida; por eso la belleza de este anuncio abre la posibilidad de dejarse amar por Cristo Resucitado en lo cotidiano de la vida.

La forma de ir trasmitiendo la relación con Cristo Vivo es diversa, creativa: desde las palabras a los gestos, desde la hermosura de la creación al compromiso de cuidar de la vida frágil, fragmentada, sufrida e injusta de tantas realidades de la “casa común”. La Palabra de Dios es central en una catequesis, porque desde ella se iluminan las diferentes realidades con creatividad en el lenguaje.

El lenguaje es fundamental: no hay una receta única y es uno de los desafíos del proceso catequético. En el origen de las comunidades primitivas, las celebraciones eran muy diversas y plurales precisamente porque eran vivas, participativas y abiertas al Espíritu. Otro de los desafíos es la profundidad y la vitalidad del anuncio bíblico, pascual y diverso en un mundo en el que el tiempo es un valor primordial y donde el mundo digital atraviesa el proceso educativo.

La uniformidad implica casi siempre carencia de espíritu crítico, monopolio de poder, clericalismo y dependencia de sus líderes o representantes; la misión se confunde con el proselitismo y la evangelización con el adoctrinamiento. La fe, por su parte, impulsa a dinamismos de empoderamiento de los creyentes, sea cual sea su misión, función a cargo, sin tener que romper por ello la unidad entre sus miembros, sino todo lo contrario, anhelando siempre los vínculos de unidad y de solidez. Ese reforzamiento de la misión personal o colectiva es siempre fuente de unidad eclesial y nunca de ruptura. (Depalma, 2021, p. 117)

El anuncio se hace en una sociedad secularizada, globalizada y postmoderna porque ese es también el universo de los catequizandos y de sus familias. En este contexto la propuesta de una vida cristiana no debe callar las tres grandes verdades que se destacan en Christus vivit 5 a los jóvenes: un Dios que es amor, Cristo te salva y ¡Él vive!

Ese Cristo que nos salvó en la Cruz de nuestros pecados, con ese mismo poder de su entrega total, sigue salvándonos y rescatándonos hoy. Mira su Cruz, aférrate a Él, déjate salvar, porque quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Y si pecas y te alejas, Él vuelve a levantarte con el poder de su Cruz. Nunca olvides que Él perdona setenta veces siete. Nos vuelve a cargar sobre sus hombros una y otra vez. Nadie podrá quitarnos la dignidad que nos otorga este amor infinito e inquebrantable. Él nos permite levantar la cabeza y volver a empezar, con una ternura que nunca nos desilusiona y que siempre puede devolvernos la alegría. (ChV, #119)

2.3. Mística en el proceso catequético

Según la etimología, el término mística viene del verbo griego mýo (cerrar, callarse, cerrar la boca o los ojos). Se sabe que el teólogo Johann Baptist Metz (1996, p. 26) emplea la expresión “mística de ojos abiertos” para hablar del clamor de la tierra, de la unión entre la experiencia de Dios inspirada bíblicamente y la intensa percepción del sufrimiento ajeno. Siguiendo la línea de la importancia de los místicos de ojos abiertos, González Buelta (2002) insiste en esta mística para poder contemplar la vida de Dios en nuestro contexto.

Se puede indagar y afirmar que la mística dentro de la tradición judeocristiana es una mística de ojos abiertos. De modo que la experiencia no consiste tanto en tener visiones extraordinarias, cuanto en tener una visión nueva de toda la realidad, descubriendo a Dios como su verdad definitiva, como su fundamento vivo, actuante y siempre nuevo. (Bingemer, 2013, p. 396)

La mística cristiana es comunitaria porque esos los lazos deben tener sentido, contenido espiritual, valores, y ser capaces de traspasar las dificultades, las distancias, y de hacer vivir en la dinámica de la vida que triunfa sobre la muerte. Es la dinámica de la pascua en la vida cotidiana. La belleza no es sinónimo de grandiosidad, sino de la cercanía y del amor en los momentos alegres y difíciles de la vida. Hay belleza en un(a) catequista que escucha, que sana, que denuncia lo que es abuso u otras formas de violencia que atentan contra la vida. Volver a la belleza de la simplicidad, de la Palabra que se arriesga delante del silencio del mal, es también una dimensión mística de la vida cristiana. La belleza de la justicia y la belleza de la estética de la gratuidad (López, 2016, pp. 191-195).

En esta línea, todas las expresiones de verdadera belleza pueden ser reconocidas como un sendero que ayuda a encontrarse con el Señor Jesús. No se trata de fomentar un relativismo estético, que pueda oscurecer el lazo inseparable entre verdad, bondad y belleza, sino de recuperar la estima de la belleza para poder llegar al corazón humano y hacer resplandecer en él la verdad y la bondad del Resucitado. (EG, #167)

Otro de los desafíos relevantes de la formación catequética es la iniciación mistagógica para el seguimiento de Cristo Resucitado (Documento de Aparecida, #278-279).

Otra característica de la catequesis, que se ha desarrollado en las últimas décadas, es la de una iniciación mistagógica, que significa básicamente dos cosas: la necesaria progresividad de la experiencia formativa donde interviene toda la comunidad y una renovada valoración de los signos litúrgicos de la iniciación cristiana. Muchos manuales y planificaciones todavía no se han dejado interpelar por la necesidad de una renovación mistagógica, que podría tomar formas muy diversas de acuerdo con el discernimiento de cada comunidad educativa. El encuentro catequístico es un anuncio de la Palabra y está centrado en ella, pero siempre necesita una adecuada ambientación y una atractiva motivación, el uso de símbolos elocuentes, su inserción en un amplio proceso de crecimiento y la integración de todas las dimensiones de la persona en un camino comunitario de escucha y de respuesta. (EG, #166)

Otra de las características de la mística actual, por tanto, es la presencia de una sensibilidad que busca la experiencia directa con el Misterio, con la realidad última. Se consideran importantes las mediaciones para la mística cristiana; sin embargo, aunque sea difícil desarrollar hoy los espacios comunitarios y en especial los formativos relacionados con el proceso de la fe, es necesario tener una mística, o sea, una experiencia sagrada con sentido a nivel personal y colectivo. Lo que se está afirmando es que la mística da fundamento, eje para la vida de una persona; por eso la catequesis es un espacio de resistencia en un mundo frágil, “líquido”, como lo expresa Bauman (2003). La mística judeocristiana no consiste en tener visiones extraordinarias, sino en desarrollar una visión nueva de toda la realidad, descubriendo a Dios como un fundamento vivo, actuando y siempre nuevo. Por eso es Jesús el Resucitado quien se va desvelando en el camino de Emaús 6 (Lc 24:1-29), y quien no tiene problema en ocupar ese tiempo en escuchar los deseos de los peregrinos y sus desesperanzas, porque camina con ellos mostrándoles una visión nueva de su presencia cercana en medio de la Palabra y de la comunidad que comparte el pan, la vida, el camino.

Otra de las características de la iniciación mistagógica es la necesaria progresividad: participa toda la comunidad, con todo lo que conlleva esa participación en los diferentes espacios litúrgicos, espacios recreativos, y en una convivencia sana, acompañada por un discernimiento en conjunto de la parroquia o del espacio educativo. Conocer más a los místicos(as) es también otra dimensión de la catequesis, porque se conoce a Jesús y a la gente que lo siguió en las diferentes épocas dejándonos un legado espiritual que es necesario rescatar y volver a conocer. El testimonio de las personas que siguieron y siguen a Jesús es una historia que se actualiza, es pascua permanente.

Si alcanzas a valorar con el corazón la belleza de este anuncio y te dejas encontrar por el Señor; si te dejas amar y salvar por Él; si entras en amistad con Él y empiezas a conversar con Cristo vivo sobre las cosas concretas de tu vida, esa será la gran experiencia, esa será la experiencia fundamental que sostendrá tu vida cristiana. Esa es también la experiencia que podrás comunicar a otros jóvenes. Porque “no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva”. (ChV, #129)

Consideraciones finales

Se concluye que la escucha no es solo una etapa en el proceso de la fe, sino una de las dimensiones del anuncio cristiano. En ella está Dios presente: clamando, gritando, alegrándose con la vida que se humaniza o, en términos teológicos, revelándose en la belleza cotidiana o en la complejidad de cada situación. El anuncio no se entiende fuera de la realidad, del contexto; por eso, la actitud de escucha que se agudiza con las diferentes ciencias y saberes no es solo una etapa sociológica o un mirar la realidad separada de la mística cristiana; es fuente de sentido, de humanización que mueve a buscar a Dios en los diferentes espacios, en las periferias cotidianas. Escucha, anuncio y mística caminan de la mano, no se pueden separar, se retroalimentan, como quedó reflejado y fundamentado en los textos analizados en este artículo. La escucha atenta inspirada por el Dios que desciende, que entra en las necesidades de la gente, lleva a una conexión vital con las angustias y las alegrías de la vida cotidiana, y se puede anunciar con un lenguaje de cercanía, de misericordia, apartando el lenguaje abstracto o moralista que también se respira en algunos espacios eclesiales o sociales.

La segunda conclusión es que la catequesis es un proceso de fe que continúa durante toda la vida y no puede concebírsela solamente como una etapa, un periodo; es una artesanía que se teje cotidiana y constantemente con la gracia de Dios y con el anuncio kerygmático que se ha descrito. La catequesis quizás sea uno de los pocos procesos en que se colabora con la dimensión de la oración y de la contemplación de Dios en lo cotidiano. El Misterio se sigue revelando en la historia del proceso continuo de la vida de fe; por eso son necesarias las mediaciones, y una de ellas son los espacios catequéticos y de formación continua. Como dijo Rahner, los cristianos del siglo XXI serán místicos o no serán cristianos. No hay que pensar que en la catequesis el kerygma es dejado o suplido por otro estilo de formación. Un aggiornamento, como dice el Concilio Vaticano II, es colaborar con el anuncio pascual. De ahí nace una mística que se ilumina en la tarea catequética.

Otra de las conclusiones relevantes es la vitalidad del anuncio como sentido de vida; por eso se habla del espacio catequético como un espacio sagrado, digno y que tiene que ser respetado en la sociedad. La artesanía del encuentro con Dios sigue teniendo sentido allí, donde se dan fundamentos y vivencias para un proceso de sanación y de vida cristiana integrada. El anuncio ofrece elementos para afrontar las crisis existenciales: el Misterio Pascual que se anuncia, que se transmite, contiene una profundidad de conexión entre el sufrimiento y la esperanza cristiana, dinámica que se aprende en el proceso catequético. Para que la catequesis sea el arte de favorecer el encuentro con Dios y con la fraternidad, es necesarios trabajar la escucha, el anuncio kerygmático y la mística en forma transversal al proceso de la fe cristiana. Estos tres componentes tienen su identidad, como se describió anteriormente, pero no se los puede separar, y es relevante entenderlos en su unidad, mediante el arte de unir y no separar. De ahí la importancia de una catequesis a lo largo de la vida que tenga una visión integrada del anuncio, porque desde ella se despliegan diferentes teologías y expresiones pastorales.

Quedan preguntas que es necesario seguir investigando, por ejemplo: ¿cuáles de las dimensiones del anuncio se hicieron más presentes en estos dos años de pandemia? Las comunidades digitales, ¿qué fortalezas y fragilidades presentan en relación con el proceso de la fe comunitaria? Al cerrar una temática surgen otras preguntas y eso es parte del proceso de investigación.

Notas

  1. ana.formoso@pucv.cl
  2. En Chile, el organismo encargado de administrar protección a los niños y las niñas es el Servicio Nacional de Menores (SENAME), que indicó que en el año 2015 hubo 8.952 niños, niñas y adolescentes que ingresaron a su programa de protección por ser víctimas de abuso sexual, de los cuales un 86% eran mujeres y un 14% hombres. A esta realidad se suman los abusos eclesiales (Sanhueza, 2021).
  3. Una referencia es el libro editado por C. Eichin y W. Sánchez, El problema de los abusos en la Iglesia (2021).
  4. Cf. La realidad de la memoria injusta y del perdón está bien explicitada en Fratelli tutti, #246-253.
  5. Cf. Se recomienda la lectura de los números 111-133, todos relacionados con el anuncio kerygmático.
  6. Se recomienda el trabajo de Flórez, Y. Una pedagogía de la fe hacia el encuentro con el Resucitado para testimoniarlo vivo entre nosotros como sus discípulos (2017). Pontificia Universidad Javeriana.

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