Factores del desarrollo humano desde
la psicología integral de la persona
Daniela Castro-Blanco1
Resumen
El presente trabajo aborda los factores que influyen en el desarrollo humano desde la perspectiva de la Psicología Integral de la Persona. A partir del diálogo entre la psicología del desarrollo y la antropología filosófica aristotélico-tomista, se propone una comprensión unitaria del ser humano como persona que crece hacia la plenitud y la felicidad. Se analiza el desarrollo como un proceso continuo y progresivo de perfeccionamiento de las facultades humanas –biológicas, sensibles y racionales–, destacando tres factores que influyen en él: el biológico, el ambiental y el personal. El texto resalta el papel del factor personal como elemento activo que orienta la maduración hacia la libertad, la virtud y la autorrealización. Finalmente, se subraya la dignidad y la singularidad de cada persona en desarrollo, integrando las dimensiones física, psicológica y espiritual del crecimiento humano.
Palabras clave
desarrollo humano, psicología integral, persona, plenitud, madurez, felicidad
1. Introducción
Uno de los temas que me ha resultado especialmente relevante en el ejercicio docente es el de los factores que intervienen en el desarrollo humano. Junto a la profesora Carolina Barriga, con quien comparto la enseñanza de Psicología del Desarrollo desde hace años, hemos reflexionado largamente sobre la diversidad de teorías y enfoques que intentan explicar el crecimiento de la persona a lo largo de su vida.
En los manuales más conocidos –como el clásico Psicología del desarrollo de Papalia y Martorell (2021)– encontramos una descripción detallada de los hitos y etapas del crecimiento, sustentada en abundantes datos empíricos y en diversas corrientes teóricas. Sin embargo, a menudo surge la pregunta sobre aquellos principios integradores que unifiquen y den sentido a toda esa información.
Esta búsqueda de integración nos llevó a dialogar con la antropología filosófica aristotélico-tomista, que ofrece una comprensión profunda de la naturaleza humana. Desde esta perspectiva, el desarrollo puede entenderse no solo como un conjunto de procesos biológicos o psicológicos, sino como el perfeccionamiento progresivo de la persona en su totalidad. Tal mirada permite ordenar los datos empíricos dentro de un marco que tenga sentido en relación con la finalidad propia del ser humano: alcanzar su plenitud y felicidad.
Al comprender la naturaleza del ser humano que se desarrolla, la psicología puede ofrecer mejores orientaciones tanto a la práctica clínica como a la educación y a la vida personal. Así como el jardinero necesita conocer la naturaleza de las plantas que cultiva para ayudarlas a crecer, el educador y el psicólogo deben conocer la naturaleza humana para acompañar su desarrollo hacia la madurez y la plenitud.
2. Definición del desarrollo humano
Desde el diálogo entre la psicología del desarrollo y la antropología filosófica, propongo la siguiente definición:
El desarrollo humano es un proceso continuo y progresivo de crecimiento y perfeccionamiento de la persona dentro de las distintas etapas de su vida, mediante el cual adquiere una mejor disposición de su naturaleza que la capacita para dirigirse hacia su plenitud y felicidad. (Castro-Blanco, 2021, p. 78)
Este proceso es continuo porque se inicia con la vida misma, desde la fecundación, y se prolonga a lo largo de toda la existencia. Cada etapa implica la actualización progresiva de las facultades propias del ser humano: biológicas, sensibles y racionales. Además, el desarrollo es progresivo, ya que en cada momento se alcanza un mayor nivel de perfeccionamiento.
La división por etapas obedece a razones pedagógicas y descriptivas: permite identificar ciertos hitos comunes, pero no debe entenderse como una serie de saltos bruscos. Por ejemplo, el paso de la niñez a la adolescencia ocurre gradualmente e implica incluso un duelo simbólico por la pérdida de la infancia. El desarrollo humano, por tanto, es un proceso de maduración continua, donde la persona dispone cada vez mejor su naturaleza para alcanzar su plenitud y felicidad.
La felicidad no es solo la meta del desarrollo, sino también su motor interno. Nadie elige no ser feliz; todos buscamos el bien que nos perfecciona. En ese sentido, la aspiración a la felicidad impulsa el perfeccionamiento de las facultades humanas y orienta la vida hacia su fin último.
3. La persona humana en desarrollo
El desarrollo humano no se limita a los aspectos biológicos o psicológicos de la naturaleza humana. Desde la psicología integral de la persona, se comprende que es la persona misma quien se desarrolla. La naturaleza humana existe en un ser personal, único e irrepetible. Esta distinción entre naturaleza y persona es fundamental. El ser humano es una unidad sustancial de cuerpo y alma, dotado de diversas facultades:
– Vegetativas o biológicas, que comparten los seres vivos.
– Sensitivas, que permiten el conocimiento sensible, la imaginación, la memoria y los afectos.
– Racionales o intelectuales, propias del ser humano, que posibilitan el conocimiento de las esencias, la autoconciencia y la libertad de la voluntad.
Incluso cuando el niño aún no ejerce plenamente sus facultades racionales, sigue siendo un ser dotado de alma racional. Por eso necesita razones y educación conforme a la razón: el niño no se adiestra, sino que se educa.
El alma racional impregna toda la naturaleza humana; de ahí que no pueda equipararse el aprendizaje humano con el adiestramiento animal. Las investigaciones comparativas son valiosas, pero el conocimiento humano tiene una dimensión espiritual que trasciende lo meramente biológico.
4. Unidad personal y dignidad
La persona humana es una unidad sustancial, cuerpo y alma, cuya naturaleza racional da sentido y dirección a todo su desarrollo. Aunque podemos distinguir dimensiones –biológica, sensitiva e intelectual–, todas forman parte de un mismo sujeto personal que crece de modo integrado.
El desarrollo humano avanza desde las facultades más básicas hacia las superiores. En la etapa prenatal, por ejemplo, se perfeccionan primero las funciones vegetativas y biológicas: el corazón, el sistema nervioso, los órganos. Luego aparecen las capacidades sensitivas y, más adelante, las racionales, que se manifiestan especialmente con la adquisición del lenguaje. Este despliegue gradual de las facultades refleja el orden de perfeccionamiento de la naturaleza humana.
Sin embargo, esta naturaleza no existe de modo abstracto: existe en una persona concreta. Cada individuo humano es único e irrepetible, incluso entre gemelos idénticos. La singularidad personal no se reduce a la biología ni a las circunstancias ambientales; expresa la profundidad interior de un ser dotado de dignidad.
Esa dignidad significa que el ser humano vale por sí mismo. Su existencia tiene un valor intrínseco, no utilitario. Lo celebramos cada vez que festejamos un cumpleaños: no porque alguien haya logrado algo, sino simplemente porque existe. Esta costumbre humana, aparentemente sencilla, revela una verdad profunda: la vida de cada persona merece ser celebrada por su mera existencia.
La persona humana posee una interioridad que no puede conocerse por mera observación externa. Los pensamientos, las decisiones, los afectos y las experiencias más íntimas solo se revelan cuando la persona los comunica libremente. Esta revelación ocurre en el ámbito del amor benévolo, donde uno se sabe acogido y valorado por lo que es. En ese contexto de confianza, la persona se da a conocer y manifiesta su verdad más profunda.
Por ello, el conocimiento de la persona humana –especialmente en la psicología– exige respeto, empatía y apertura a su misterio. Conocer al otro no para usarlo, sino para contemplar y amar su realidad única, constituye uno de los fines más nobles de las relaciones humanas.
5. Factores del desarrollo humano
Desde esta comprensión integral, el desarrollo humano puede entenderse como el resultado de la interacción entre tres factores principales: el biológico, el ambiental y el personal. Tradicionalmente, los manuales de psicología del desarrollo han considerado los dos primeros, pero el enfoque integral de la persona incorpora un tercer factor esencial: el personal.
5.1 Factor biológico
El factor biológico comprende la base genética y las disposiciones heredadas que configuran la estructura corporal y psicológica de cada individuo. Incluye tanto la genética universal –común a toda la especie humana– como la herencia individual procedente de los progenitores.
La genética universal define ritmos y etapas del desarrollo: la formación de órganos en el periodo embrionario, el desarrollo sensorial durante la etapa fetal, el control de esfínteres hacia los dos o tres años, la madurez sexual en la pubertad, entre otros hitos. Estas etapas reflejan un orden natural inscrito en la biología humana.
Por otro lado, la herencia individual influye en aspectos más específicos, como las predisposiciones biológicas o temperamentales. El temperamento, por ejemplo, constituye la base biológica de la personalidad. Allport (1937) lo define como el conjunto de fenómenos característicos de naturaleza emocional de un individuo, incluyendo su susceptibilidad a la estimulación, la fuerza y velocidad de sus respuestas, el estado de humor preponderante y la intensidad de sus variaciones, dependiendo en gran parte de la estructura constitucional y heredada.
El temperamento no determina, pero influye en el modo de reaccionar y de relacionarse con el entorno. Es el sustrato sobre el cual se formará posteriormente el carácter, modelado por la educación, las experiencias y las decisiones personales.
5.2 Factor ambiental
El factor ambiental incluye los diversos contextos y sistemas de relación que influyen en el desarrollo de la persona: desde el entorno cultural y social más amplio hasta la familia, la escuela y los grupos de pertenencia.
Los ambientes culturales, económicos y tecnológicos marcan diferencias generacionales. Así se habla, por ejemplo, de los millennials o de los llamados pandemials, para aludir a las huellas que dejan determinados contextos históricos en la configuración psicológica y social.
Entre todos los ambientes, la familia constituye el núcleo más decisivo. Es en ella donde la persona recibe las primeras experiencias de amor, cuidado y reconocimiento. Tomás de Aquino (1990) define la educación como “la conducción y promoción de la prole hasta el estado perfecto del hombre en cuanto hombre, que es el estado de virtud” (S. Th., II-II, q. 10, a. 2). En este sentido, la familia es el primer ámbito de humanización, donde la persona aprende a conocer la verdad, a elegir el bien y a ejercitar su libertad.
La familia es, además, el lugar donde se reconoce a cada ser humano como valioso por sí mismo, no por su utilidad o desempeño. Por eso, incluso cuando otras instituciones fallan, la familia suele seguir celebrando la existencia del hijo, recordando su valor intrínseco.
5.3 Factor personal
El tercer factor, el personal, ocupa un lugar central en la psicología integral. Frente a las posturas biologicistas o ambientalistas, esta perspectiva sostiene que la persona no es un producto pasivo de su genética ni de su entorno, sino agente activo de su propio desarrollo.
La metáfora del “paisaje epigenético” de Waddington (1957) describe el desarrollo como una bolita que rueda por un laberinto de posibilidades genéticas, movida por los “vientos” del ambiente. Sin embargo, esta imagen deja fuera a la persona como protagonista. El ser humano no es una bolita empujada por circunstancias, sino un sujeto que elige, interpreta y responde.
Incluso en las condiciones más adversas, la persona conserva su capacidad de decisión. Víctor Frankl (1946/2004), tras su experiencia en los campos de concentración, afirmó que a un hombre se le puede arrebatar todo, salvo una cosa: la última de las libertades humanas, la libertad de elegir su actitud ante cualquier circunstancia, de elegir su propio camino.
El factor personal implica la libertad interior y la responsabilidad en la configuración de la propia vida. Permite transformar las predisposiciones biológicas y las influencias ambientales en un camino de crecimiento consciente.
Durante la infancia, el factor biológico tiene mayor peso; en la niñez temprana, el ambiental se vuelve determinante; y en la adolescencia y adultez, el factor personal adquiere protagonismo. En esta etapa, la persona comienza a preguntarse quién es, qué quiere ser y cómo desea vivir. Estas decisiones conforman el carácter y orientan la maduración hacia la plenitud.
Los hábitos, por ejemplo, se adquieren mediante actos libres y repetidos. Cuando la razón reconoce el valor de una acción y la voluntad la elige conscientemente, se forma un hábito virtuoso. Este proceso refleja la integración de las tres dimensiones del desarrollo: biológica, ambiental y personal.
6. Conclusión
El desarrollo humano, desde la psicología integral de la persona, puede entenderse como un proceso de perfeccionamiento progresivo y libre mediante el cual cada ser humano actualiza sus potencias y dispone mejor su naturaleza para alcanzar la plenitud y la felicidad.
Los tres factores –biológico, ambiental y personal– no se oponen, sino que confluyen en la unidad de la persona. La biología provee las disposiciones, el ambiente ofrece las condiciones, y la persona, con su libertad, orienta el proceso hacia el bien.
Esta visión supera los reduccionismos y recuerda que toda intervención educativa, terapéutica o social debe partir del reconocimiento de la dignidad de la persona en desarrollo. Acompañar ese proceso implica, ante todo, amar y contemplar el misterio de cada vida humana, ayudando a que despliegue plenamente las capacidades que la orientan hacia su fin último: la plenitud y la felicidad.
Referencias
Allport, G. W. (1937). Personality: A psychological interpretation. Holt.
Castro-Blanco, D. (2021). Fundamentos del desarrollo humano desde la Psicología Integral de la Persona. Ediciones Universidad Finis Terrae.
de Aquino, T. (1990). Suma de Teología (Tomo III). BAC.
Frankl, V. E. (1946/2004). El hombre en busca de sentido. Herder.
Papalia, D. E. y Martorell, G. (2021). Desarrollo humano. McGraw-Hill.
Waddington, C. H. (1957). The strategy of the genes: A discussion of some aspects of theoretical biology. Allen & Unwin.
1 Escuela de Psicología, Universidad San Sebastián, Puerto Montt, Chile