Presentación
Es una satisfacción ofrecer nuestro cuarto volumen de Cuadernos de Psicología Integral de la Persona. Tras nuestro primer volumen sobre Gestalt (2023), seguido de un segundo sobre el trauma (2024) y un tercero sobre los presupuestos básicos (2025) que recopila las ponencias de nuestra primera Jornada de Psicología Integral de la Persona, celebrada en Santiago de Chile (2016), corresponde ahora el turno a las ponencias de nuestra III Jornada que trató sobre el desarrollo humano desde una mirada integral de la persona. Los expositores tratan temáticas tan diversas como los hábitos morales (Miguel A. Fuentes), la formación de la subjetividad (Klaus Droste), el desarrollo humano (Daniela Castro), el autoconcepto y autoestima (Carolina Barriga), y la elección vocacional (María José Bunster).
Los trabajos arriba citados, junto con la colección de libros publicada por la Escuela de Psicología de la Universidad Finis Terrae (Santiago de Chile), van engrosando el corpus de un modelo de psicología novedoso, en cierto sentido original, fundado en la antropología y ética de Tomás de Aquino.
Precisamente en este fraile medieval, aventajado estudioso de Aristóteles, quisiéramos detenernos a fin de destacar algunas maravillas que surgen al considerar sin prejuicios su pensamiento.
En primer lugar, no deja de sorprender cómo, desde la antropología aristotélico-tomista, es posible iluminar a la psicología actual, no ya de un modo general, sino –como constatará el lector– una amplia gama de temáticas de interés para el psicólogo.
En segundo lugar, precisamente porque estas temáticas se abordan desde una única y misma antropología, estas, aparecen con una organicidad sistémica y comprensión común, lo que le da a la psicología como ciencia una unidad que no encontramos al interior de otras corrientes psicológicas.
Estas dos simples observaciones debieran despertar en un lector poco informado sobre el pensamiento aristotélico-tomista no menos que curiosidad por indagar esa fuente tan rica en derivadas, permaneciendo todas estas referidas a un trasfondo común que les da cuerpo, coherencia y unidad.
Ante una psicología moderna que se contenta con descripciones sin fundamentos antropológicos, con teorías basadas en fundamentos antropológicos y epistemológicos implícitos, nunca expuestos ni tematizados, o con una mera ciencia basada en la evidencia empírica incapaz de dar cuenta del por qué funciona, Aristóteles, pero sobre todo Tomás de Aquino, nos ofrecen un pensamiento maduro y radical, es decir, un pensamiento que da cuenta desde las raíces el cómo y por qué de las cuestiones psicológicas tratadas en las diversas áreas y temáticas de la psicología moderna.
Reparemos en lo ya dicho al pasar: desconocemos una corriente o teoría psicológica moderna que posea la virtud de explicar todas las áreas de la psicología con la profundidad, claridad y unidad orgánica que sí alcanza la antropología tomista. Por el contrario, cuánto nos sorprende el constatar que, incluso en ediciones universitarias serias de académicos distinguidos, al tratar de la psicología de la Edad Media, o derechamente la de santo Tomás, se difunden afirmaciones gratuitas que hacen pensar en una falta de profundización en la temática que abordan. Al toparnos con textos de esa índole, nos resulta casi imposible encontrar una justificación, sobre todo estando, como lo están hoy día, los textos de Tomás al alcance de quien lo desee.
Afortunadamente, como suele suceder, hay excepciones dignas de mención. Citaremos algunas que nos resultan particularmente significativas por el prestigio y lugar que ocupan en el ámbito de las ciencias psicológicas quienes lo dicen.
Así, por ejemplo, el psiquiatra y filósofo Karl Jaspers (1913/1977), afirma en su inigualable Psicopatología general1:
El estudio de la psicología de santo Tomás vale la pena todavía hoy. Es el modelo originario y la realización de un gran tipo. Sus clasificaciones merecen ser meditadas. Exponemos algunas: Tomás distingue el conocimiento sensorial y el poder sensorial como inmediatamente dependientes del cuerpo; de la razón y del poder espiritual como mediatamente dependientes del cuerpo. Lo sensorial se divide primero en los sentidos externos, el tacto, el gusto, el olfato, el oído, la vista; en segundo lugar, en las capacidades sensoriales internas, entre las cuales el sentido general (por él se vuelven conscientes las diversas sensaciones de los sentidos y es captado lo sensible general –movimiento y sosiego, unidad y multiplicidad, tamaño, figura; es el centro en el que se agrupan en una unidad todos los sentidos), la imaginación (conserva las impresiones y las reproduce en la representación y la fantasía), el juicio sensorial (los instintos, los impulsos instintivos, la capacidad instintiva de estimación, superan la percepción e incluyen un juicio; son una especie de participación en la razón), la memoria sensorial (conserva las experiencias sensoriales provistas con un signo del tiempo)–. A esto se añade en tercer término la capacidad sensorial del appetitus concupiscibilis, irascibilis y las pasiones (passiones). (p. 265)
Desde un ángulo totalmente diverso, el psicoanalista y psicólogo social de origen judío Erich Fromm (1983/1988), también hace eco de la sabiduría de Tomás de Aquino, llegando a sostener en El Amor a la vida2:
En Tomás de Aquino se encuentra un sistema psicológico del cual se puede probablemente aprender más que de gran parte de los actuales manuales de tal disciplina; se encuentran en él interesantísimos y muy profundos tratados de temas como narcisismo, soberbia, humildad, modestia, sentimientos de inferioridad y muchos otros. (p. 96)
Otro gran protagonista de la psicología moderna, el conocido psicólogo húngaro-americano, Mihaly Csikszentmihalyi (1990/1996), en su conocida obra Fluir (Flow). Una psicología de la felicidad3, afirma:
Hace veintitrés siglos, Aristóteles llegó a la conclusión de que lo que buscan los hombres y las mujeres, más que cualquier otra cosa, es la felicidad. Mientras que deseamos la felicidad por sí misma, cualquier otra meta (salud, belleza, dinero o poder) la valoramos únicamente porque esperamos que nos haga felices. Muchas cosas han cambiado desde el tiempo de Aristóteles. Nuestra comprensión de los mundos de estrellas y de átomos se ha ensanchado más allá de lo que jamás podríamos creer. Los dioses de los griegos son niños indefensos comparados con la humanidad de hoy en día y con los poderes que poseemos. Y sin embargo, sobre este tema tan importante poco ha cambiado en los siglos que han transcurrido. Hoy no sabemos más acerca de la felicidad de lo que sabía Aristóteles y, respecto a saber cómo obtener esta condición tan valorada, casi podríamos decir que no hemos realizado ningún progreso. (p. 12)
Valgan estas tres breves citas para despertarnos el interés por lo que una rica tradición, inexplorada en psiquiatría y psicología, tiene para ofrecernos. Desconocemos por qué los autores citados no le sacaron partido al reconocido hallazgo que declararon.
Sin embargo, unos pocos autores, menos conocidos, sí han encontrado en esta tradición filosófica una mina no explotada de fundamentos e incluso agudas observaciones y análisis para la psicología y psiquiatría. Baste solo mencionar al filósofo y psiquiatra austríaco Rudolph Allers (1883-1963); la psicóloga checa Magda Arnold (1903-2002); la psiquiatra holandesa Anna Terruwe (1911-2004) de quien Pablo VI dijera acerca de sus trabajos que son “un pequeño regalo para la Iglesia”; al psicólogo belga, padre Joseph Nuttin (1933-2014); y a la psiquiatra argentina María Ana Ennis (1927-2026). A todos ellos les debemos el demostrarnos que el camino de síntesis entre la tradición filosófica aristotélico-tomista y la psicología sí es posible, síntesis que resulta en una integración rica en alcances y repercusiones para la práctica clínica.
Tras su estela, como ejemplos y modelos inmediatos, y como sentados sobre hombros de gigantes al valernos de la tradición tomista, estos Cuadernos quieren contribuir tanto a recoger el legado de nuestros predecesores, como a la difusión de este modelo que hemos denominado Psicología Integral de la Persona. Sean los números ya publicados y los que vendrán un homenaje a quienes nos antecedieron, a la vez que un acicate a las nuevas generaciones para perpetuar este esfuerzo noble y fecundo en frutos de paz y salud mental.
Dr. Pablo Verdier Mazzara
Editor general