Las cartas a Ricardo Guerra. Los “confesionarios” de Rosario Castellanos (1950-1972)
Las cartas a Ricardo Guerra. Los “confesionarios” de Rosario Castellanos (1950-1972)
Amoxtli, núm. 15, ., 2025
Universidad Finis Terrae

Recepción: 31 Octubre 2025
Aprobación: 18 Noviembre 2025
Resumen: Rosario Castellanos es una de las intelectuales mexicanas más importantes del siglo XX. Como parte del jubileo por su centenario, se ha hecho una relectura de su obra. Es mi deseo hacer un recorrido por su vida y su obra a través del abundante epistolario que se ha publicado recientemente y dejar testimonio de la evolución intelectual de nuestra escritora y la manera de cómo se enfrentó al autoritarismo gubernamental de los setenta del siglo pasado.
Palabras clave: literatura mexicana siglo XX, epistolarios, Rosario Castellanos, feminismo.
Abstract: Rosario Castellanos is one of the most important Mexican intellectuals of the 20th century. As part of the jubilee for his centenary, a re-reading of his work has been carried out. It is my desire to take a tour of her life and work through the abundant epistolary that has been recently published and to leave testimony of the intellectual evolution of our writer and the way in which she faced the government authoritarianism of the seventies of the last century.
Keywords: Mexican literature, 20th century, Rosario Castellanos, feminism, collected letters
El centenario de la escritora nos ha dejado en claro la importante y abundante labor periodística y epistolar que Rosario Castellanos nos legó. Hasta la fecha conocemos dos epistolarios que son clave para conocer la vida íntima de la escritora: el que tuvo como destinatario a su esposo Ricardo Guerra y el de la correspondencia con Raúl Ortiz y Ortiz. El primero nos ayuda a entender la evolución intelectual y sentimental de la joven Rosario. El segundo son las cartas de madurez, del “exilio” en la academia estadounidense y de los tres años pasados en Tel Aviv.
Vistas a setenta años de distancia podemos concluir que las cartas de juventud constituyen la crónica de la liberación emocional, intelectual y económica de Castellanos. El lector percibe desde las primeras misivas escritas en Comitán la relación de sumisión a la que voluntariamente se sometió la poeta, primero con su hermano y luego con su esposo. Fue una lucha contra las figuras masculinas de poder, tanto en la familia, como en el entorno universitario. Sara Uribe, en el prólogo a las Cartas a Ricardo, propone leer el epistolario como si fuera una novela sentimental. No se equivoca cuando compara las cartas de Rosario con Las relaciones peligrosas, la famosa novela epistolar de Chordelos de Laclos, sobre todo por la manera en que Ricardo Guerra proponía mil y una combinaciones amorosas para manipular a Rosario.
Estas primeras letras relatan las peripecias pasadas en España en el Instituto de Cultura Hispánica. Fue el tiempo en que Rosario descubrió las complejidades poéticas de Santa Teresa de Jesús y reforzó su pasión por la obra de Gabriela Mistral. Llama la atención que una escritora que defendió la dignidad e independencia femenina fuera en su juventud tan conservadora en sus conceptos sexuales y amorosos, al igual que dueña de un profundo sentimiento de culpa que no curó ninguna sesión psicoanalítica. Las cartas en su conjunto nos muestran la evolución intelectual de Castellanos y son también un ejercicio confesional. Incluso en una de sus epístolas de los años sesenta comenta que se siente más cercana a las Confesiones de Rousseau que a las de San Agustín, porque sus cartas no nacen del arrepentimiento, sino de su evolución sentimental.1 En su artículo sobre las Cartas a Ricardo, Liliana Chávez hace un aporte definitivo en la manera de leer los epistolarios de la poeta: “Al revelar su historia con sinceridad en su escritura, la emisora de las cartas también nos revela quién era ese otro llamado Ricardo, incluso a través de los silencios”2. Es una lástima que no conozcamos los epistolarios de Ricardo Guerra porque solo nos enteramos de la mitad de la trama. Sin embargo, queda bien claro el perfil del infiel.
María Zambrano, quien dominaba el arte del autoconocimiento confesional, consideraba que:
[…] la confesión se verifica en el mismo tiempo real de la vida, parte de la confusión y de la inmediatez temporal […] Toda confesión será un acto hablado en el presente perpetuo; ella desencadena una conversación del sujeto consigo mismo. El movimiento dialógico de carácter introspectivo de la confesión, el sujeto deberá mostrarse y revelarse a sí mismo y experimentar los dos movimientos el de la huida de sí y el de buscar algo que le sostenga y aclare3.
Aunque el viaje a Europa significó para Castellanos un alejamiento de sí para aclarar su vida y afianzar su vocación literaria, la batalla contra sus demonios personales en lugar de disminuir, empeoró. El momento de la liberación final no llegaría sino hasta inicio de los años setenta y no en México, sino en Israel y casi al final de sus días.
Uno de los temas clave de este primer epistolario es la lucha continua que la poeta mantuvo contra la depresión y los súbitos cambios de estado de ánimo, trastornos que incluso la orillaron a buscar ayuda profesional. Comprendemos que haya recurrido al consumo de somníferos y antidepresivos. Un testimonio de estas crisis lo encontramos en el poema “Valium 10”, medicamento del que, por su propio testimonio, hacía uso continuamente. Escribió en este revelador poema: “Y deletreas el nombre del Caos./ Y no puedes dormir si no destapas/ el frasco de pastillas y no tragas una/ en la que se condensa, /químicamente pura, la ordenación del mundo.”
En una misiva del 20 de noviembre de 1967, le explica a su esposo Ricardo las razones de sus crisis nerviosas:
He tenido crisis, una de ellas muy severa y muy alarmante. Pero no por los cuentos ni por las cuentas. Primero porque esas crisis las padezco periódicamente. Pero también tuve una acumulación de problemas prácticos muy irritante, porque he abusado de mis fuerzas y descuidado mi salud. Y por último porque tengo una serie de conflictos muy graves, bastante irresolubles… que no tienen nada que ver con la relación tuya y mía. Se trata de algo para mí entrañable, definitivo y vital. Algo que sí me quita el sueño. Es mi pasión dominante: la literatura. Estoy escribiendo, claro. Pero no lo que quiero, no lo que debo, no lo que creo que puedo. Y esta lucha y sus resultados me deprimen muchas veces muy profundamente4.
Este primer epistolario termina en 1967, año del regreso de Castellanos a la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, en el momento en que la escritora es una destacada colaboradora de Excelsior.
Los “confesionarios” con Raúl Ortiz y Ortiz.
Rosario Castellanos y Raúl Ortiz y Ortiz se conocieron en la Facultad de Filosofía y Letras en 1965. En el año 1966 debido a los reacomodos políticos en la rectoría de la UNAM, Castellanos decide probar suerte en el extranjero. Su gran amiga y condiscípula de los tiempos de la Escuela de Mascarones, María del Carmen Millán le ofrece impartir clases en los Estados Unidos. Es así como nuestra escritora en septiembre de 1966 arriba a la Universidad de Madison, en el estado de Wisconsin.
“Es una ciudad con muchas vacas, muchos quesos y mucha cerveza, muero del tedio”, “Vivir en Madison es un poco como vivir en Cuatitlán. Aunque no conozco Cuatitlán”, le confesó Rosario a su querido amigo Raúl Ortiz y Ortiz, quien en esos días tenía la misión de consolidar la Escuela de Extensión de San Antonio Texas, la caja chica de rectoría, como a su vez confesaba el célebre traductor de Bajo el volcán.
Otro inconveniente que Castellanos le revela a su maestro es que “Dios no me hizo bilingüe. Leo bastante bien y hasta entiendo lo que hablan, pero tengo una resistencia tan total que fíjate que cuando la reunión es exclusivamente en el idioma del Cisne de Avon, ensordezco, literal. Simple y sencillamente no oigo. Es como para darme de patadas en la espinilla”5. A lo que el maestro se ofreció a darle clases telefónicas todas las noches.
Como sabemos, Ortiz y Ortiz junto con María del Carmen Millán fueron, sin lugar a duda, los amigos más sólidos de Castellanos en los momentos del “exilio” norteamericano. La escritura epistolar fue la mejor terapia para la escritora que a la segunda semana de llegar a la bucólica Madison le confesó a su amigo Ortiz: “Seguir viviendo en México habría sido fatídico. He estado leyendo novelas de Mailer, de Bellow y de Mary Carthy. Cuentos de Salinger. Ninguno de ellos aguanta demasiado para mi gusto. En cambio, moría de placer con los Siete cuentos góticos de Isak Dinesen [seudónimo de la escritora danesa Karen Blixen]”6. Lectura que, por cierto, realizó en la versión en inglés.
Las clases, que dictaba en español para un público no especializado la llevaron a releer:
Una serie de novelas que me están haciendo ver de un modo muy diferente lo que ya tenía muy establecido. De pronto me encuentro con que Carpentier es genial y que Carlos Fuentes está a un paso de convertirse en Luis Spota a cada instante. Que Al filo del agua como que es cada vez más profunda y verdadera mientras que se desvanecen los chistes de Ibargüengoitia y aun los de mi muy querido Emilio Carballido. De Juan García Ponce ni hablar. Es el aburrimiento en estado puro7.
Rosario confiesa entre líneas su reticencia a novelas demasiado experimentales y tiene algunos problemas con la novela de Rulfo: “Doy un seminario de novela mexicana y me he encontrado con una serie de adoradores de Rulfo y de intérpretes de Pedro Páramo que me dejan de lo más apantallada porque yo nunca he sabido qué decir de esta novela ni por qué es tan importante”8.
En 1967, Castellanos se muda a la Universidad de Bloomington en Indiana. El 30 de junio de ese año regresó a la ciudad de México y se reincorporó a la UNAM en donde impartió la cátedra de literatura comparada hasta 1970. En 1971, año en que fue nombrada embajadora Raúl Ortiz y Ortiz hace acuse de recibo del volumen Album de familia, obra que traduce en narración las ironías y sarcasmos que leímos en las cartas de Madison e Indiana. El maestro le escribió:
¡Qué bárbara eres! No dejaste títere con cabeza. Y después de que nuestros paisanos hayan leído con atención tus relatos, tendrán que revisar los valores nacionales […] En cuanto a los monstruos de cabecitas blancas y al universo tan falso y enfermizo que representan, ya era hora de que se dijeran las verdades tan valientes como la tuya. ¡Y si vieras cuántos “hogares” de pseudo-intelectuales me vinieron a mientes cuando aspiré, sofocado, las miasmas del mundo anfibio en que viven nuestros amigos que pretenden tener impunidad para todo género de tropelías! Y, amiga, ¡vaya manera de transfigurar tu visita a Gabriela Mistral! ¡Qué espléndido relato y qué mordacidad la tuya!9
Para entender las fricciones entre Rosario y la élite intelectual nacional tenemos que remontarnos a 1967, año en que recibió el Premio Carlos Trouyet, quien fue un polémico empresario y mecenas de las artes que se jactaba de ser un “coyote triunfante”, como lo declaró en 1971 al periódico Excelsior. Naturalmente, la inteligencia nacional vio con malos ojos que la poeta aceptara el premio de un multimillonario de dudosa reputación, quien se había enriquecido bajo la sombra de Miguel Alemán y lo seguía haciendo en el sexenio de Gustavo Díaz Ordaz. En la misma semblanza de 1971 nos enteramos de que Trouyent fue:
Hijo de un migrante francés dedicado a la comercialización de vinos, y de madre mexicana de origen modesto Trouyet tiene en la actualidad 60 años, 100 kilos de pesos y varios millones de pesos […] Trouyet es, por otra parte, uno de los principales accionistas de Teléfonos de México, Algodonera Comercial Mexicana, de Celulosa de Chihuahua, Plywood Ponderosa de México, Bosques de Chihuahua, el Banco Comercial Mexicano y la Compañía Industrial de Orizaba, la textilera más importante del país y bajo control extranjero (29 de julio de 1971).
Las burlas dedicadas a Castellanos se originaron por el rumor de que el premio le fue otorgado por las influencias y conexiones políticas de la autora más que por su calidad. En la carta dirigida a su entonces todavía esposo, Ricardo Guerra, señala que:
Como soy muy sentimental me puse a llorar ipso facto. Entiendo muy bien los mecanismos que movieron a [Agustín] Yáñez, porque no hubo jurado, a elegirme. Hay que parar a Carlos Fuentes y a la ola de niños mafiosos que están creciendo como espuma y que no le son adictos. Pero tampoco hay que crear seres sin necesidad. Y allí estoy yo, que no he publicado nada últimamente, lo que me hace inofensiva, y mujer, y Octavio Paz no me quiere, lo que indirectamente le da en la torre y… ya sabes todos los mecanismos. Además, yo desde chiquita dije que Al filo del agua era la raíz de la novela mexicana contemporánea y además me he portado bien, y además soy muy decente y no voy a dar lata. Pero como no creo en el honor ni en los honores, sino en el cheque, estoy de lo más feliz. Además, es la patria abriéndome los brazos y dándome una bienvenida que me invita a hacer un viajecito así todos los años. Y para el curriculum tú sabes lo apantallador que resulta. ¡Qué lástima que no estuvieras aquí para celebrarlo!, porque ya te imaginas el ninguneo con que fue recibida la noticia. No existo, lo que es mucho más cómodo. Pero me hubiera gustado que me acompañaras mañana. Me haces mucha falta, en ocasiones así, que de eso ya me las sé todas.
La narración Album de familia, que dio nombre al libro, fue la respuesta a los ataques y ninguneos recibidos durante años de guerra contra los corrillos culturales que dominaban el escenario literario nacional. La segunda escaramuza contra Castellanos en esta guerra literaria fue el complot para impedir su ingreso a El Colegio Nacional. El 7 de febrero de 1972, Rosario le confiesa a Raúl Ortiz que tanto el Dr. Ignacio Chávez como Elena Poniatowska le habían anunciado que era candidata para ingresar a la institución. El 25 de julio de ese mismo año, Ortiz se entera que el académico elegido por el colegio fue el poeta Jaime García Terrés, yerno del Dr. Chávez, presidente de El Colegio. Al siguiente mes, es decir, en agosto, Castellanos le escribe a su amigo que:
Lo de El Colegio Nacional fue chistosísimo. Me escribieron Elenita y el doctor Chávez anunciándome la posibilidad y en cuanto esa posibilidad se desvaneció me decretaron el hielo. Elenita acaba de romperlo en una carta, pero el doctor ni sus luces y por versiones que me llegan prácticamente a él le debo no haber entrado. No lo quiero creer porque eso me serviría para comprobar una tesis sobre los sentimientos como química que estoy elaborando. En todo caso los que entraron son irreprochables. Pero, aunque reconozca esto objetivamente me deprimió durante varios días10.
El boicot secreto contra Castellanos no paró ahí. La autora a petición de la actriz Emma Teresa Armendáriz y su esposo Rafael López Miarnau escribió el texto dramático El eterno femenino, que quedó listo en el primer semestre de 1973. Ortiz había tenido pláticas con el actor y director teatral Fernando Wagner para montar la pieza. Rosario pidió apoyo a su amigo y jefe de Relaciones Exteriores Emilio Rabasa para publicar la obra y ponerla en escena. En julio del 73 Rosario le escribió a Ortiz: “El eterno femenino se estrena… un año de estos. Mi amigo dijo que sí [López Miarnau]. Pero el ministro [Rabasa] me dijo que no […]”11.
Es evidente que la censura a la pieza teatral vino del secretario mismo y las razones las expone entre líneas la misma autora. Le escribió a Rabasa que:
Si me das luz verde [para publicar y montar la obra] no hay problema. Cuando quiero ser optimista pienso que la puesta en escena de El eterno femenino sería un buen tanto político en un régimen que ha invitado reiteradamente a la crítica, que no la ha impedido y que la difunde. ¿No sería oportuno dar prueba incontestable de que ser un funcionario gubernamental no significa para un escritor ni mudez, ni abstención ni cobardía?12.
El 15 de febrero de 1971, es una fecha toral en la vida intelectual de Castellanos, fue el día en que pronunció el discurso “La abnegación: una virtud loca” en el museo de Antropología e Historia en el marco del Día Internacional de la Mujer. En mi opinión, el mayor acto contestatario de la escritora. El ensayo fue publicado posteriormente en el suplemento “Diorama de la Cultura” de Excelsior, el 21 de febrero. La lectura se realizó frente al pleno del “politburó” echeverrista y fue un acto de sublime rebeldía que demostró que Castellanos no era una intelectual inocua, sino que tenía un potencial enorme como lideresa de opinión. Si comparamos su discurso con el confesionario de su juventud viajera, alcanzaremos a contemplar el enorme salto de calidad que Rosario ha experimentado en veinte años de trabajo intelectual:
[…] En México cuando pronunciamos la palabra mujer nos referimos a una criatura dependiente de una autoridad varonil: ya sea la del padre, la del hermano, la del cónyuge, la del sacerdote. Sumisa hasta la elección del estado civil o de la carrera que va a estudiar o el trabajo al que se va a dedicar, adiestrada desde la infancia para comprender y para tolerar los abusos de los más fuertes, pero también para establecer el equilibrio interior tratando con mano fuerte a quienes se encuentran bajo su potestad, la mujer mexicana no se considera a sí misma -ni es considerada por los demás- como una mujer que haya alcanzado su realización si no ha sido fecunda en hijos, si no la ilumina el halo de la maternidad13.
Cinco días después de este discurso a favor de la liberación de la mujer, es decir, el 20 de febrero, Rosario escribió en su columna: “Y de pronto, zas que me nombran embajadora”, con estas palabras encabezó la colaboración Excelsior del 20 de febrero de 1971. Lo que parecía un golpe de suerte porque la situación laboral de Castellanos era endeble porque la burocracia de la UNAM no regularizaba su estatus laboral, estaba en curso su demanda de divorcio y tenía a su cargo la educación de su hijo Gabriel, se convirtió en una cita con la muerte.
Como documenta Andrea Martínez, para nadie era un secreto que Rosario fue una de las más feroces críticas de Luis Echeverría, desde los tiempos en que este se desempeñó como secretario de Gobernación en el sexenio de Gustavo Díaz Ordaz. Itzel Toledo García, autora del artículo, “Embajadora tras bambalinas: Rosario Castellanos en Israel (1971-1974)” señala que “para 1971 Echeverría quería limpiar la imagen de México tras la masacre de 1968 y dar la impresión de un país democrático”14. Gracias al trabajo de Andrea Reyes hemos descubierto el gran trabajo de periodismo de opinión que desarrolló Castellanos en Excelsior y podemos considerar que sus opiniones fueron muy influyentes en la segunda mitad de los años sesenta hasta el día de su muerte15. Toledo señala que la poeta aceptó ser embajadora en Israel porque “buscaba una forma de tomar distancia del contexto de violencia patriarcal y de Estado que la rodeaba en México y veía una esperanza de buscar en otras realidades, como en sus poemas, otros modos de ser”16.
Como una ironía del destino, en una de las cartas destinadas a Ricardo Guerra, la novelista escribió: “Te diré que mi última voluntad es que no me entierren en la Rotonda de los Hombres Ilustres como decía Vasconcelos. Entre otras cosas porque soy mujer”17. Castellanos murió en la plenitud de sus facultades creativas. Se había convertido en una espléndida ensayista y estaba muy interesada en el teatro. Tal vez hubiera escrito piezas teatrales al estilo de El eterno femenino. Las cartas a Ortiz y Ortiz son el testimonio de cómo fue la lucha por ser escuchada la voz de la mujer en un sistema político en donde el estado fue un Ogro Filantrópico y Patriarcal que devoró a su hija como el Saturno de la célebre pintura de Goya.
Bibliografía
Álvarez Arana, Silvia. La literatura epistolar de Rosario Castellanos: cartas a Ricardo. Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, Universidad Nacional Autónoma de Chiapas, 2018.
Castellanos, Rosario. “La abnegación: una virtud loca”. Debate feminista 6, (septiembre de 1992): 287-292.
Castellanos, Rosario. “Valium 10”, Material de lectura, selección y nota introductoria de Pablo Mora y Pedro Serrano. México: UNAM, 2009: 24.
Castellanos, Rosario. Cartas a Ricardo. Prólogo de Elena Poniatowska. Introducción de Juan Antonio Ascencio y Sara Uribe. México: Universidad Nacional Autónoma de México, 2025.
Castellanos, Rosario y Raúl Ortiz y Ortiz. Cartas encontradas (1966-1974). México: Fondo de Cultura Económica, 2022.
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Martínez, Andrea. “La carpeta azul. Rosario en estado de guerra”, “Confabulario”. El Universal (25 de mayo de 2025): 2A-3A.
Robles Lujan Cintia, Laura Yolanda Cordero Gamboa y María del Carmen García Aguilar. “El género confesional como dimensión filosófica literaria en María Zambrano y Rosa Chacel”. Phainomenon 21, n.º 1 (ene-jun, 2022): 81-93.
Toledo García, Itzel y Liliana Chávez Díaz, “Embajadora tras bambalinas: Rosario Castellanos en Israel (1971-1974)”. En Mujeres y relaciones internacionales en el siglo XX: historia y presencia en un mundo en transición. México: Secretaría de Relaciones Exteriores, 2024: 109-143.
Notas
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