Sobre Sebastián Rivera Mir, El cautivante fulgor de los libros ardiendo, doce episodios para la historia de la quema de libros en México, colección Presentes Amistosos, México, Universidad Autónoma Metropolitana, 2025, 125 páginas.

Pavel Navarro Valdez
Instituto Nacional de Antropología e Historia, México

Sobre Sebastián Rivera Mir, El cautivante fulgor de los libros ardiendo, doce episodios para la historia de la quema de libros en México, colección Presentes Amistosos, México, Universidad Autónoma Metropolitana, 2025, 125 páginas.

Amoxtli, núm. 15, ., 2025

Universidad Finis Terrae

Rivera Mir Sebastián. El cautivante fulgor de los libros ardiendo, doce episodios para la historia de la quema de libros en México. 2025. México. Universidad Autónoma Metropolitana. 125pp.. 978607283400-2

Recepción: 03 Octubre 2025

Aprobación: 10 Octubre 2025

Palabras clave: México, edición, censura, quema de libros

Los estudios sobre la edición últimamente han colocado su atención en el impreso como objeto, escudriñando en todos los aspectos involucrados en su elaboración, más allá del proceso de producción intelectual; aunque en esta ocasión a Sebastián Rivera Mir pone el foco en una de las inherentes cualidades de todo objeto material; su destrucción. Los procesos de censura sobre el libro pueden ser muchos y a pesar de que los principales enemigos del libro son otros factores como el agua, la humedad o su abandono en las bodegas, el ser consumido por la lumbre resulta sumamente llamativo, primero por su proceso rápido, irreversible y definitivo, amén que el fuego se vincula con la purificación, expiación y al paso de un estado a otro en muchas tradiciones. La manifestación pública de las quemas de libros son eventos en sí mismos, deslumbrantes, pero que conllevan adosado un acto político y declarativo. Mediante las llamas se redimen las ofensas o los agravios de quienes se asumen como injuriados o agredidos por lo escrito en los libros que son devorados en la danza ritual del fuego.

El libro esencialmente es un instrumento de trasmisión de saberes, pero en su plurivalencia, es también un artilugio político y una herramienta de la memoria. En las disputas por sobreponer un sistema ideológico, atacar a estos instrumentos es parte de una estrategia ideada y pensada para borrar o eliminar testimonios de manera pública. “La guerra es la prolongación de la política por otros medios”, dice el apotegma de Cluasewitz, y es extensivo a la quema de libros, también es política con otros medios, cuyo uno de los componentes es introducir al acto político el elemento del miedo; si esto les ocurre a los libros, con todo y su carga de objeto sagrado en el ámbito cultural, te puede pasar a ti, autor, editor, distribuidor o lector.

Rivera Mir acota a su pesquisa al siglo XX mexicano e inicia su indagación con la Revolución Mexicana. No es casual que una de las primeras medidas de los revolucionarios fuera destruir los papeles de las haciendas y los libros contables de las tiendas de raya, que preservaban los registros que les ataban al sistema de explotación, así como Arlet Farge ha documentado la quema de los archivos judiciales en La Bastilla durante la Revolución Francesa. En la pugna entre facciones traslada de los campos de batalla a las esgrimas en los planos ideológicos, la Iglesia mexicana tomó partido, ya en favor de la dictadura militar de Victoriano Huerta o en combatir la constitución de 1917, contra la que se pronunció de manera vehemente el papa Benedicto XV y amagó con excomulgar a todos los firmantes del documento, de este pronunciamiento con enorme fuerza simbólica a la quema de ejemplares de la constitución solo hay un paso, dado posteriormente por los rebeldes cristeros alentados por la jerarquía católica. Así, a los ataques espirituales contra el artículo 3°, relativo a la educación que imparte el Estado, le siguieron como consecuencia las agresiones e incendios a sus agentes culturales; escuelas, bibliotecas y sobre los propios docentes al desorejar profesores, ultrajar a las maestras y asesinar docentes.

Hay en el texto un capítulo que pareciera un paréntesis respecto a los demás, el de las celebraciones estudiantiles universitarias en la conclusión de los cursos, que dislocaron el vertical orden escolar y realizaron la mayor de las trasgresiones para una comunidad, académica, quemar libros, pero estuvieron más vinculadas al rito de paso y finalización de ciclos que a una actividad política, también por ello su asidero es más difuso. Pero su abordaje resulta sumamente esclarecedor al ser contrastado con las otras situaciones comentadas en el libro, ya que historiar es contextualizar.

El proyecto alfabetizador mexicano fue la empresa cultural más grande del régimen posrevolucionario, llevado a sus preceptos más comunitarios durante la educación socialista en el cardenismo. La contraofensiva para sacarla de la constitución es tratada en un apartado donde se rescata el titular del periódico Excélsior de “fantástica pira de libros” para atizar, nunca mejor empleado el verbo, a la hermosa reacción por parte del rotativo. Los primeros relatos son producto de los fuegos de la Revolución Mexicana, pero una vez que prende la llama, los ejemplos toman un cariz un tanto más trasnacional en sus relaciones con América Latina, Europa y el resto del mundo, como es una de las características distintivas de las obras historiográficas de Rivera Mir.

Después del combate a la educación socialista, viene la cruzada de moralidad de los años 50, respuesta a la corrupción imperante en el carnaval alemanista, pero también una manera de continuar la impronta del anticomunismo en México, con el entramado de las buenas costumbres, la protección de la familia y la mexicanidad. Así el autor explora la quema de pornografía e historietas, combinación suigéneris, tachadas ambas de afectar a las infancias en sus valores morales y fomentar la “des-mexicanización” de la niñez, pero, así como fue ese apiñonamieto de “Cristianismo si, comunismo no”, frase esgrimida consuetudinariamente por el anticomunismo mexicano que reúne preceptos religiosos y exaltación nacional contra ideologías extranjerizantes, una lógica que se enlaza con las dictaduras militares, desde el franquismo en España, el fascismo alemán, el golpe en Chile, la de Perú o Argentina, en las que Rivera se detiene.

No sobra remarcar que ese oscuro objeto de la furia de las derechas mexicanas en el siglo XX fue el libro de texto gratuito, lo que ameritaría extenderse por parte del autor y no limitarse solamente a un episodio, para adentrarse en las arremetidas más recientes. El libro de texto gratuito, en su peculiaridad, focalizó desde su creación los embates contra el sistema educativo nacional. En ocasiones los únicos ejemplares en el hogar eran aquellos entregados a los alumnos en las escuelas públicas, pero ha sido vilipendiado ya por incluir referencias al marxismo, un afiche del Che o contenidos de educación sexual, pero en el fondo los ataques a los libros son en rechazo completo a la educación pública, contra la que se han lanzado, la Unión de Padres de Familia, la jerarquía eclesiástica y los medios de comunicación,

La quema de libros va acompañada del agravio que la detona y va adosada de una acción razonada y la construcción de una narrativa para justificar el acto, que es necesario historiar y estudiar, para identificar sus motivaciones y discurso de reivindicación detrás de ello. Estas son las circunstancias y contextos que indaga El cautivante fulgor de libros ardiendo, pertinente novedad editorial sobre la quemazón de libros en México con la que hoy contamos gracias a las curiosidades intelectuales de Sebastián Rivera Mir.

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